Letras

«AMANTES EN LA NIEBLA (¿bajo la lluvia?)». Manuel Rojas

«La noche revienta aluviones en una febril comparsa de deseos»

AMANTES EN LA NIEBLA (¿bajo la lluvia?)

Llueve. De veras que estas ansias no mitigan el afán. Sus manos se juntan para enlazarse a otras manos. La noche revienta aluviones en una febril comparsa de deseos. Él la abraza con ternura. Ella responde con un beso. Las hojas caen de prisa sobre su abrupta necesidad de rugir como una loba. La luna se ha ido. Los autos pasan hacia el rumbo que les asignó el destino. Las luces de neón apenas iluminan la neblina, en donde se guardan los infortunios del día. El podría ser un vampiro con cara de bebé, como un idiota que se castiga por el pecado de vivir a la deriva, en una prisa aparente, en un invento de la incontinencia. Los ojos ahí, en la penumbra. Con toda la fragilidad del invierno en su sombra de cera. Ella lo comprende. Está extasiada ante la humana aventura del reencuentro. Y no importa ese infame compromiso de papeles y sortilegios desleales que no protegen la soledad de la amante. Se escuchan embelesados, entristecidos, decepcionados. Se abrazan enloquecidos. Se besan la esperanza de vivir ese momento. Se perdonan y se ofenden y se vuelven a perdonar en un ajetreo de gestos y lágrimas que comparten con los unicornios. Trepan los más inhóspitos parajes de la emoción, en una danza macabra, donde ambos se ocultan para sentir el vértigo de la separación final. Tiemblan. Dudan tal vez, pero siguen ahí, bajo la luz mortecina del poste. Él es un rufián que ama entre susurros la volcánica risa de la despedida. Ella es una paloma azul que aspira un perfume envilecido de otra piel. Un silencio aterrador aletea en los rincones de la infamia. Pero ella va tras sus sueños… y regresa en la blanca mirada de las estrellas. Y allí, entre la neblina, una lagartija cae sobre el gris destello de sus pies, y sube en la oración de unos labios que tiemblan en la desnudez de las palabras. La noche también es una cantera en donde se refugian los amantes, y también es una alcancía donde guardamos nuestras razones para vivir… nuestras pocas razones para vivir, bajo la lluvia, quizás.

Manuel Rojas

LLUVIA. Charly García