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«COTIDIANAS». Olimpio Galicia Gómez

«Hay circunstancias de la cotidianidad…»

COTIDIANAS

Hay circunstancias de la cotidianidad que requieren, unas veces más que otras, del ingenio, la pericia, la creatividad y la experiencia para poder llevarlas a cabo y obtener los mejores resultados. En cada caso que se nos presenta se requiere también de optimismo, voluntad y, en algunos casos, echar mano a ciertas virtudes y fortalezas que poseamos.


Somos creadores en mayor o menor grado, por consiguiente debemos tener en cuenta que nuestra imaginación y nuestras manos deben estar en función de hacer posible resolver la problemática que nos planteamos.


Es importante apuntar que siempre habrá seres con más capacidad que otros, con más habilidad, con mayor conocimiento, con mejores experiencias, con más inteligencia y, en cierta medida, con más recursos para ser tomados en cuenta en el logro de los objetivos planteados. Si yo no conozco nada acerca de cómo se instala un bombillo, por ejemplo, no puedo esperar que sea el escogido para hacer la instalación eléctrica de una vivienda, pues, si nos atenemos a las consecuencias, lo más probable es que ocurra un incendio y se destruya la casa a causa de un corto circuito.
Pero a veces nos empeñamos en participar en actividades en donde no cuadramos por ninguna arista: los sordos como yo, que queremos imponer nuestra necedad tratando de ser aceptados en la Coral de la Comunidad.

El que está empeñado en estudiar medicina y se desmaya cuando ve sangre. La que aspira a ser aceptada en el concurso de belleza sin tener ninguna gracia. El que vive adulando al político de turno en el poder para que algún día lo llamen líder o dirigente. La que no puede caminar con zapatillas y vive comprando zapatos que parecen zancos. Y así, podríamos hacer una lista de decenas de casos que a diario palpamos.


También hay formas muy sui géneris para lograr el derecho a participar en un colectivo con los mismos atributos que los demás, aunque no los tengamos. Es el caso de un señor, ya bastante entrado en años, que posee instrumentos musicales, atriles, partituras y sonido para una orquesta, aparte de ser ejecutante de uno de los instrumentos. Los músicos que trabajan con él coinciden en reconocer que el mencionado señor no es buen ejecutante y con el paso del tiempo ha ido perdiendo facultades lo que lo limita para estar en la orquesta. A la hora de los ensayos y de las presentaciones el primero que dice presente es él, como los boy scout, y nadie lo puede impedir, por respeto y por considerar que es el dueño de todo. Lo que han decidido, para estar en paz con Dios y con el Diablo, es apagar el micrófono del susodicho y todo se desarrolla en santa paz y la orquesta pone a echar un pie a la gente completamente afinados y en armonía.


Igualmente, y como ilustración a lo planteado aquí, en mis tiempos de muchacho, en mi pueblo, practicábamos béisbol en un peladero de la sabana. Contábamos con unos guantes sumamente deteriorados que nos donaron unas gentes de «buen corazón». Esos cachivaches los asumí para repararlos y con un gran esfuerzo y entusiasmo logré ponerlos a salvo. Igualmente reparaba y cosía las pelotas que usábamos. Yo llegaba al campo de juego con mi cargamento de guantes y pelotas, aplicando el chantaje que si no me dejaban participar en algún equipo de la contienda, por ser mal jugador, me los llevaba de regreso. Así sigo siendo hasta ahora.

Olimpio Galicia Gómez

COTIDIANO. Chico Buarque