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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie): “XXXVII – El Trayecto”. Por Luis Enrique Homes

El Trayecto

XXXVII– El Trayecto

Cuando todos los pasajeros estaban montados en el camión, tres hombres comenzaron a subir unos estantes llenos de flores. Nadia había visto tanta cantidad de flores y tan variadas. Los estantes estaban ajustados a unos carriles del piso del camión. Luego subieron unas cajas de cartón que se veían muy pesadas y finalmente, unas bicicletas. Todo aparentando un transporte legítimo de mercancías. Cerraron las puertas del camión y emprendieron el camino.


Todos los viajeros eran personas de Nicaragua que se habían acopiado en ese punto de partida para huir de su país. El único hombre que viajaba era Eduardo , un hombre profesional y educado que tenía una posición importante en la Gerencia Financiera de una empresa del Gobierno dedicada a la distribución de alimentos y que poco a poco lo estaban obligando a aprobar facturas por servicios que no había prestado personas cercanas a la esposa del Presidente. Eduardo, que estaba comprometido con la iglesia católica de su pueblo, se negaba a aprobar estos pagos y en represalia, era permanente vigilados sus movimientos todo el día y la noche y le abrieron una investigación administrativa para obligarlo a renunciar. Su esposa Mariana era Directora de un Colegio y también en represalia por la rebeldía del marido, la habían transferido a un pueblo legajo alegando necesidades de servicio. El gobierno había logrado así separar a la familia y dejar al padre sin trabajo.


Jacinta se aterrorizó de imaginar las razones por la que habían escapados las dos mujeres Hondureñas que viajaban solas con sus hijos adolescentes. Ellas no pudieron narrar sus historias tan abiertamente como lo había hecho la pareja porque estaban sus hijos allí, pero Jacinta sí pudo interferir que trabajaban en el negocio de Don Julio bajo las órdenes de personas vinculadas al licenciado ( por todas las características) y que habían sido obligadas a trabajos sexuales forzados cuando cuando se terminaba la jornada de trabajo como meseras. Por tanta humillación y falta de opciones, no les quedaba otra opción que huir también de Río Blanco.


Una de las dos mujeres tenía moretones en los brazos y piernas y ella decía que se había caído de unas escaleras en el trabajo, mirándola de reojo y haciéndole señas de que no podía hablar abiertamente porque allí estaban sus hijos. Jacinta se sintió sorprendida de que las historias de sus compañeras de viaje confluyeron donde el mismo personaje: el Licenciado Omar Lara y su red de negocios turbios amparados y protegidos por el gobierno. Ella no pudo hilvanar su historia, porque el camión fue bajando la velocidad poco a poco hasta que se detuvo por completo. Abrieron la puerta y comenzaron a bajar al equipaje y finalmente a todos los pasajeros.


Cuando bajaron del camión todos los pasajeros, estaban en un almacén que conducía por un camino, a una gran estación de buses. Cuando les entregaron los teléfonos a cada uno Jacinta alcanzó a textearle a Andrea: “ Estoy fuera del pueblo, voy rumbo a México en bus.” y suspiro en señal de descanso al saberse que había dejado atrás el infierno. Sin embargo, su corazón se achicaba al saber que allí aún estaban sus entrañable Rosa y Andrea, sin saber que les deparaba el destino.


Inmediatamente Andrea la llamó. Pero Jancita solo la tomó por un breve instante y le dijo “ No puedo hablar, vamos a textearnos”. Sin embargo, Jacinta se dio cuenta que Andrea estaba llorando y con una gran necesidad de hablar o desahogarse. Apenas Jacinta se montó en el bus, se apartó del resto del grupo y comenzó un largo ir y venir de mensajes de texto. De esa larga jornada de más de 20 horas en bus y en medio de saltos de caminos irregulares, salió un plan de huida de Andrea.

Luis Enrique Homes

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