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SENECTUD. Olimpio Galicia Gómez

SENECTUD

Debo confesar que soy de los que le queda poco tiempo para el aburrimiento, para el fastidio, para la modorra. A cada momento tengo algo por hacer, un caso por resolver, un problema que atender o un lienzo a medio empezar.

Soy fatigoso en mis cosas y a veces creo tormentas que molestan a los que me rodean, pero esto se ha ido superando, gracias a la comprensión y a la adaptación que han tenido los que les ha tocado soportarme. No obstante, hay momentos cuando se me «apaga la mecha» y quedo en el limbo sin consciencia cierta de lo que debo hacer, mientras el tiempo transcurre a paso de morrocoy y siento que no vale la pena ni levantar un dedo o decir una palabra. Últimamente me ha ocurrido ésto con más frecuencia de la debida y me asaltan las inquietudes acerca de mi edad y el natural desgaste del cuerpo y sobre todo del cerebro.

Apunto estas reflexiones porque son cambios lógicos que le ocurren a todo ser vivo a medida que la edad le avanza, es así que, ahora cuando transito hacia mi séptima década de vida, debo comprender que mi proceso natural de envejecimiento está entrando en la etapa superior y, por tanto, hay que aceptar las limitantes que esta condición impone.

No sé si a ustedes les ha ocurrido, pero cuando yo era niño y aún siendo joven, veía a mis abuelos, que apenas llegaban a los sesenta, como ancianos y algunos aún no llegaban a esa edad.

Ahora que trato de ubicarme en mi tiempo y en mi estado de fortalecimiento corporal, sin arrugas aparentes, camino erecto, hago ejercicios aeróbicos a diario por casi dos horas, leo, escribo, pinto, dibujo, riego el jardín, hago comidas, limpio la casa y un etcétera de nimiedades que me mantienen activo a pesar de ser jubilado, son indicios que pudieran indicar que mi senectud es muy diferente a la de aquellos que los años le han caído como una piedra demoledora en el cuerpo.

Con el celular también paso mis ratos tratando de digerir tanta información, sobre todo la que muchos me reenvían acerca de cómo asumir la vejez. Hay un maremágnum de planteamientos y recomendaciones de muchos sabihondos, cada uno creyendo tener la verdad absoluta, para que el que esté en las condiciones de madurez avanzada como es mi caso, sepan asumirla y vivirla plenamente. Yo no le hago caso a tanta parafernalia, porque si de algo estoy seguro, es que a medida que transcurre el tiempo, todos vamos a llegar a esta etapa de la vida, salvo los que se quedan en el camino y, por supuesto, no la podemos vivenciar como cuando teníamos veinte años, ni tener la lucidez de los cuarenta, ni la fortaleza sexual de los mejores años de la juventud.

Por todo lo planteado, me considero una persona cargada de juventud creativa, con un cuerpo y un espíritu que está aún lejos de considerarse viejo y con unas ganas de llegar a esa condición, remontando los cien, para ver cómo es eso.

Olimpio Galicia Gómez

LA VEJEZ. Texto de Alberto Cortez

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