Microrelatos

CUENTO DE TARDE. Por Enmanuel

Dabajuro casco central

CUENTO DE TARDE

El viento se deshacía en remolinos entre la casa del doctor Zavala y la de Remigio Ramón. Nubes de polvo y tierra en tropel, se elevaban al cielo vistiendo la tarde de falsa bruma. El calor agobiante del mediodía poco a poco iba perdiendo coraje.

Ñango se había dormido en la acera de «La India», alargando sueños imposibles en las vastedades oníricas del inconsciente. Mojillo pedía arrodillado al cielo, para que el ánima de su abuelo Felipe le devolviera el gallo manchado, que había malogrado la oncita negra y que era el consentido de Barón. Él sabía que sin ese gallo ya nada sería lo mismo.

  • ¡Talcisio no joda, paráte de ahí que estas no son horas pa’ tal dolmío!
  • Calláte la jeta jala bolas, que ese gallo se lo vendiste vos a Papiri y no se lo comió ninguna oncita.

La tarde seguía presurosa para alcanzar la noche en un Dabajuro que transcurría entre la prosaica economía cotidiana y el realismo fantástico de su gente.

Enmanuel

El Microcombo Dabajuro

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