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«Jasón y los Argonáutas». Por Delfos

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Jasón y los Argonáutas

Jasón y los Argonáutas

Cuentan que Apolonio de Rodas nació en Náucritas, pero se hizo rodiano por mérito de su existencia. Que el sabio Calímaco y Eratóstenes influenciaron su pensamiento, el primero enseñándolo y el segundo razonando junto a él.
Que dirigió la maravillosa Biblioteca de Alejandría, asiento del conocimiento universal doscientos y tantos años antes de Jesucristo.

Lo cierto es que Apolonio escribió sobre Jasón y sus Argonautas, que embarcados en la temible nave Argos, fueron tras el Vellocino de Oro (portentosa reliquia del extinto carnero alado Crisómalo).
Jasón, Hércules, Castor y Peleo, compartieron aventuras de las cuales solo sobrevivieron los dos primeros.

Su aventura incluyó la lucha contra Talos «El Gigante de Bronce», luego contra las arpías que custodiaban al adivino Fineo, para finalmente matar a la Hidra de Lerna, y llevarse al buscado Vellocino, no sin antes tener que vencer al poder de Hécate y luchar contra sus guerreros esqueletos.

Aquella soberbia y épica historia de Apolonio de Rodas, quedó gravada en mi memoria, no por haber leído su obra Argonáuticas, sino por haber sido cautivado por la película dirigida por el Británico-estadounidense Don Chaffey, a través de Venevisión allá a comienzos de los años setenta del siglo xx (aunque la película se estrenó en el cine en 1963).

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Lucha contra Talos
Lucha contra los esqueletos de Hécate