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AMAR. Por Marcelo Jesús Moreno Mendoza

«Sí, el amor duele, porque nos hace desprendernos de nuestro egoísmo para darnos a los demás…»

AMAR

Una tarde, llega un chico a casa, en su mirada se notaba la tristeza, y el color rojo de sus ojos indicaba que había estado llorando. Su padre estaba en casa, y le preocupó un poco el que su hijo allá ido directo a encerrarse en su habitación, sin haber saludado primero a la familia, por lo que decidió ir a ver si estaba bien.

+ Raul, ¿estás bien? – pregunta el padre. El chico estaba tirado boca abajo en su cama.

El papá del joven se acercó hasta la cama, y se sentó al lado del cuerpo de su hijo, tocando su hombro, volvió a hacerle la misma pregunta.

+ Hijo, ¿estás bien?

– No. – fue todo lo que pudo responder él, antes de comenzar a llorar nuevamente.

El padre lo estuvo consolando hasta que Raúl se fue calmando poco a poco, y estuviera en condición de hablar con él.

– Papá, me duele mucho, no puedo aguantar. – comenta el joven.

+ Cuéntame hijo, ¿qué te duele, qué sucedió? – pregunta el padre.

– Me duele el corazón, ella me rechazó, Sofía no quiere estar conmigo. – el señor suspiró con tristeza antes de continuar.

+ ¿Por qué te rechazó? – pregunta el padre nuevamente.

– Me dijo que no le gusto. – responde Raúl mientras varias lágrimas volvían a bajar por su mejilla.

Antes de volver a preguntar algo más, el chico rompió en llanto nuevamente, y su padre tuvo que consolarlo una vez más.

– Papá, ¿por qué tengo que amar? Ya no quiero sentir esto nuevamente, duele mucho. – dijo Raúl.

+ ¡Ay hijo! El amor es algo totalmente irracional, no somos capaces de comprenderlo, pero debemos tenerlo, debemos sentirlo, para saber que realmente estamos vivos. – comienza a explicar el padre del joven.

– Yo no quiero que exista, me hace sufrir mucho. – le comenta el hijo de manera muy pesimista.

+ Raúl, aún eres muy joven, deberás entender que el amor tiene que existir, sin él, no estaríamos aquí, sin amor, nada tuviese sentido, si no existiera el amor, el mundo no hubiera progresado de la manera que lo ha hecho hasta ahora, hay quienes hacen las cosas por amor al dinero, por amor a su trabajo, por amor al aprendizaje, incluso, hay personas que mueven el mundo entero por amor a alguien.

– Pero el amor duele mucho. – responde Raúl.

+ Sí, el amor duele, porque nos hace desprendernos de nuestro egoísmo para darnos a los demás, también duele cuando no es recíproco, duele de igual forma cuando te toca ver partir a alguien a quien quieres mucho. El amor nos hace ser mejores personas si lo sabemos sobrellevar, o puede hacernos muy malos, si dejamos ser llevados ciegamente por él. – responde el padre.

– ¿Por qué yo no pude ser correspondido? – pregunta el chico.

+ No lo sé hijo, tal vez ella quiera a otra persona. Aún eres muy joven para preocuparte por esas cosas, te falta toda una juventud para conocer más amores, y quizá uno de ellos, te pueda durar para siempre, siendo totalmente correspondido. – responde el padre.

– No entiendo papá, un amor no correspondido, ¿puede durar para siempre? – pregunta nuevamente Raúl.

+ Hay personas que duran solteras toda su vida, porque no se sienten capaces de amar a otra persona, que no sea la que ellos quieren. – responde el señor.

– ¿,Por qué? – el hijo ya se encontraba casi totalmente sereno, se había interesado sobre lo que le contaba su padre.

+ Tal vez haya sido su decisión no estar con nadie más, tal vez perdieron para siempre a esa persona, tal vez la vida los separó de otra manera, puede que sucedieran tantas cosas, y cada una puede ser una razón de peso en la vida de cada persona, para que tomase esa decisión. – contesta sabiamente el padre.

– Papá, ¿qué tipo de amor sientes tú? – pregunta Raúl. El señor se quedó en silencio por unos segundos.

+ A ustedes, mis hijos, los amo con locura total, haría todo para que ustedes sean verdaderamente felices, y su mamá, la amo totalmente con el alma, y más porque me los dio a ustedes. – responde el padre.

– Yo quiero algún día aprender a amar como tú. – le comenta Raúl mientras le da un abrazo a su padre.

» A ustedes, mis hijos, los amo con locura total»

Marcelo Jesús Moreno Mendoza

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