Letras

«Con JULIO CÉSAR JIMÉNEZ, ¡sigo creciendo!». Por Julyrma Jiménez

JULIO CÉSAR JIMÉNEZ y JULYRMA JIMÉNEZ

Crecí entre versos, coplas, cuentos y cantares llaneros, con el olor del mastranto y el canto del turupial, con vacaciones en el caserío guariqueño El Socorro de Portuguesa, a orillas del río Portuguesa, donde habitaban mi abuela Luisa Gregoria Hernández de Zapata, sus dichos y refranes y gran parte de mi familia materna. Y cuando no era en El Socorro de Portuguesa, entonces era en Achaguas, la tierra de mi Nazareno, el pueblo natal de mi padre donde conoció a mi madre, a orillas del río Matiyure… como diría mi amiga y hermana Belkis Rivera: un sueño.

Crecí con el buen ejemplo y enseñanzas de mis padres: Julio e Irma, ambos docentes y ambos llaneros: el, de Apure; ella, de Barinas. Crecí también viendo a mi papá escribir, rimando versos, declamando y oyendo que mi Bisabuela Lucrecia Graterol de Lugo era lo que llamaríamos en la tradición oral, una Cuentera Familiar y muchas otras historias de familia que le van diciendo a uno de qué es que está hecho y de dónde viene, para quizá saber a dónde va.

Julio César Jiménez es mi padre, hijo de María Benilde Jiménez y José de Jesús Lugo Graterol; es un apasionado de la música, declamador y poeta. En sus poemas rinde homenaje a familiares, a amigos, a su llano, al Nazareno de Achaguas, a los adultos mayores y a la vida misma; en esto, su entrega es como su poema breve TOTAL.

TOTAL

Toda tu tristeza es mía,
tuyo es todo mi dolor,
tuya toda mi alegría
y mío todo tu amor.

Julio César Jiménez.

Devotos del Nazareno de Achaguas como lo somos, no puedo presentar los poemas de mi padre sin empezar con nuestro Nazareno bendito:

Nazareno de Achaguas. Estado Apure. Venezuela. Jimmy Villalta

ORACIÓN III


Al Nazareno de Achaguas

Ayúdame por Dios, mi Nazareno,
enséñame a ver mejor las cosas
desde el punto de vista espiritual,
que es como se ven maravillosas,
ayúdame a elevar mi corazón
que de él nacen estas prosas,
para llevarlas siempre con amor
a todos los que ante ti se postran
pidiendo caridad y curación.
¡Prometo traerte blancas rosas!.

Julio césar Jiménez

ACHAGUAS, FLOR DEL MATIYURE


A mi Pueblo natal

I

Eres flor de palo de agua
que baila al ritmo del viento,
eres flor, eres Achaguas,
mi gran amor, lo que siento;
navegando en tu piragua,
dejando en ti mis lamentos,
como luna que se encaja
en medio del firmamento.

II

¿Motivos? Tengo cualquiera,
bella flor del Matiyure;
desearte imperecedera,
pedirle a Dios que te ayude,
¿cómo no voy a desearlo
lindo rincón de mi Apure?:
en ti nací, en ti me crié
Achaguas del Matiyure.

III

Tus calles viendo mis penas,
mis alegrías están viendo;
rostros alegres y tristes
que perturban mis recuerdos;
media noche en procesión
caminando todo el pueblo,
andando muy lentamente
al lado del Nazareno.

IV

Prometo volver a ti,
mi cariño te profeso;
me hace falta tu calor,
me persigue tu recuerdo.
Si para a ti regresar,
se necesita estar muerto,
no importa que eso algún día
me sirva de algún pretexto.

Julio César Jiménez

A MI MUJER


Para Irma Zapata de Jiménez

I

A mi mujer yo le traigo
serenata del estero,
el canto de paraulata
del amanecer llanero,
murmullo del chaparral,
traigo el brillo de un lucero,
traigo el canto del turpial
y alcaraván sabanero.

II

A mi mujer yo le traigo
arrullos de un arroyuelo,
tic-tac de mi corazón
que pide y le da consuelo
y le traigo entre mil flores
campanillas del estero,
las rosas del pensamiento
con las cintas del te quiero.

III

A mi mujer yo le traigo
susurros de amor eterno,
es que no la olvido nunca
porque la quiero y la quiero
y porque constantemente
en su mirada me envuelvo
y el que no te vas de mi
porque si te vas me muero.

Julio César Jiménez.

JULIO CÉSAR JIMÉNEZ

DEDICATORIA DE UN ABUELO PARA SU NIETA


Para Bárbara Benilde

I

Otro espacio se abrió en mi corazón;
en mi vida se abre otro sendero,
mis días los alumbra un nuevo sol
y en mis noches brilla un gran lucero
desbordando en mi alma la pasión
y el torrente de amor, por ser abuelo,
y derramando Dios su extenso amor,
lo hizo, como únicamente Él sabe hacerlo.

II

Dios te bendiga, niña y te acompañe,
eximia vida te sea dada,
que tu lucero guía nunca se empañe
y no por capricho ni por nada
llevas el nombre de mi madre
y naciste el día de Inmaculada.
Dios te bendiga, niña y te acompañe
y de gracias y bendiciones seas colmada.

III

A plenitud contento porque soy abuelo,
satisfacciones que se tienen en la vida,
cuando se ven cumplidos los anhelos
y uno siente el alma estremecida,
por tanta emoción, aún con desvelos,
teniéndote en mis brazos, tierna niña,
mirando en tus ojos, pedacito de cielo,
aquella inocencia desprendida
y reflejada en los ojos de tu abuelo.

Julio César Jiménez.

AL PUEBLO DE SAN MATEO

Un sereno rincón eres ahora,
sereno como el santo de tu nombre
y la gracia sutil su mano esconde
para no congraciarte como otrora.
¡Cómo resplandecías en otras eras!
¡Cómo brillabas con la aurora!
Pero después de muchas primaveras,
no brindas aquella luz candora.

Ahora nadie recuerda aquellos hechos
que escritos están en vuestra historia;
también se olvidaron las memorias
que muchas veces corrieron por tu lecho
y ya por las penas y las glorias
no volvieron a palpitar los pechos
tal como la escritura en las arenas
que las borran los vientos del desierto.

No te queda más que ir avante
pequeño albergue de libertadores
y en las manos de tus moradores
convertirte de Aragua el estandarte;
abandonar la época de antes
y que ahora no tengas que pedir
nuevamente la presencia de Ricaurte
para que haga volar el polvorín.

Julio César Jiménez

JULIO CÉSAR JIMÉNEZ

EL CUENTO

I

Recuerdos de un anciano que los mece el viento
y éste sentado en un tronco de árbol viejo
no puede olvidar cuando era un niño
a aquel árbol y los pájaros en vuelo.
Preguntó el árbol: _ Niño, ¿estás triste?,
¿quieres jugar con mis ramas un momento?.
_ Sí, columpiarme en tus ramas estoy queriendo
porque así me siento libre de alma y pensamiento.
Y el amor creció entre el niño y el árbol
y fueron detrás quedando los momentos
y el ser inmóvil preguntó como en otrora:
_ Muchacho, ¿vienes a jugar con mis ramas?.
_ No, vengo por tus frutos para venderlos en el pueblo
Y así con las ganancias obtenidas
Comprar comida, libros y remedios.

II

Continúa la vida su habitual curso,
sigue también con sus ritmos y secretos,
transcurren los años y el muchacho,
convertido en un hombre hecho y derecho,
visita a su amigo el árbol del camino,
el cual pregunta con mucho desatino:
_ ¿Quieres jugar con mis ramas un momento
o quieres frutos para venderlos en el pueblo?.
Y el hombre le contesta con mucho desaliño:
_ No, solamente cortar tu tronco quiero,
con él construiré embarcación y remos
para remontar ríos tras nuevos lares
donde tal vez mi corazón encuentre el fuego
que traiga alegrías y queme los pesares
porque ya no puedo aguantar para más luego
permanecer íngrimo en estas soledades
ahora que me estoy poniendo viejo.

III

Inexorable sigue su camino el tiempo
y el hombre halló alivio al corazón
fueron muy sublimes los momentos,
todo un flujo cargado de pasión,
todo un ambiente de optimismo auténtico
que brotó de un manantial de amor
pero que se desvaneció en muy breve tiempo
por la sombra del engaño y la traición
condenando al hombre al sufrimiento,
cargándolo de amargura y decepción.
Y dando tumbos dejó correr los años
Sumido en la tristeza y el dolor,
Convertido ya en un pobre anciano
y el alma rota por la depresión,
sintiéndose en esa tierra un ser extraño,
mirando al cielo encomendándose a Dios
volvió su rostro al rincón antaño.

IV

No puede olvidar aquel anciano
cuando nuevamente el camino recorrió,
dirigir la vista hacia aquél árbol
y éste al verlo llegar se recordó
del niño con el que jugó todos los días
y teniéndole cerca preguntó:
_ ¿Vienes a jugar con mis ramas
o mis frutos quieres? _ recalcó_
Ya de mí quedan el tronco y los retoños
que no te servirán de nada.
Y el anciano, entonces, contestó:
_Lamento haberte hecho tanto daño
que mi desenfreno te causó
y que ahora no puedo ni pensar
porque en este momento solo quiero
tu tronco para sentarme a descansar.

V

Es la vida… el tiempo que transcurre
que nos aturde de añoranzas y recuerdos,
pasan alucinantes los años de niñez
atropellante la adolescencia y… entedemos
entonces, que cada etapa de la vida es diferente
y todo sucede mientras nos hacemos viejos
para poder entender lo que ha pasado
y mientras ensimismados en recuerdos
el tiempo sigue su camino… y aquí estamos
para esgrimir experiencias y echar cuentos
que hicimos unas buenas y otras malas
o que no logramos nada por lo corto del tiempo,
pero mirando las cosas de una u otra manera,
el tiempo transcurrió y estamos viejos.

Julio César Jiménez.

MI ÁRBOL Y YO. Alberto Córtez

10 Comentarios

  • Julio César Jiménez

    ¡Gracias, Enmanuel por este espacio y por publicar mis poemas!

    ¡Dios te bendiga, Enmanuel Camejo
    y te mantenga en salud y bienestar,
    yo me he quedado perplejo
    por tu don para cotejar
    fotos con letras y canto,
    todo es tan espiritual
    que aqui en Al Margen del Tiempo
    uno se quiere quedar!

    Julio César Jiménez

    • Luisa Acosta de López

      Leímos con mucho entusiasmo su publicación, que bonitos versos, que bello cuento. Dios bendiga su talento y a Julirma también. Gracias a Dios por esta tecnología que permite compartir obras como está.

      • Julio César Jiménez

        ¡Gracias, Luisa, sus palabras son un motivo más para seguir escribiendo!

        Amén a sus bendiciones, yo también le bendigo.

      • Julyrma Jiménez

        ¡Muchas gracias, Luisa!

        ¡Es un honor que nuestras líneas no solo hayan llegado a sus ojos, sino también a sus corazones!

        Bendiciones.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.