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Cuando ya no esté. Reconocerás mi sombra (Primera parte) por Luis Homes

Cuando ya no esté. Reconocerás mi sombra

Cuando ya no esté. Reconocerás mi sombra


I

El Dr. José Ramiro Fernández terminó puntualmente la cita desayuno en el Hotel Intercontinental Tamanaco. Había previsto estar allí de 7:00 a 8:30 de la mañana y con una puntualidad suiza, llegó a las 6:45 y los mesoneros aun estaban arreglando el salón. Cuando su Rolex marcaba las 8:20 am, confirmó en su libreta que los puntos de la agenda se habían agotado y que el resto de los cuatro comensales comenzaban a hablar trivialidades insignificantes, decidió partir a su consultorio.

-Tu siempre tan apurado, dijo uno de ellos.
-No estoy apurado, pero tengo que hacer otras cosas. Aprecio mucho que me hayan invitado, pero ustedes pueden quedarse y seguir hablando de política que es lo que mas les interesa
.

Dijo Fernández con cierto cinismo. Metió las manos en su bolsillo, sacó cuatro billetes de veinte dólares y los colocó sobre la mesa. Estrechó la mano de cada uno, les sonrió y con un gesto amable se retiro del comedor. Pensó que era muy bueno el buffet y que no comería hasta la noche.

-Vamos a seguirlo invitando porque es un buen partido. Con esto que dejó acá podemos repetir. Susurró uno de ellos. Lo otros sonrieron y llamaron al mesonero para pedir más café y agua.

Afuera del hotel lo esperaba Herminio, su chofer. Un hombre fiel y callado que le había acompañado durante los últimos veinte años.

-Vamos al consultorio Herminio. Me deja allí, haces lo que tienes que hacer y me buscas a la una chequear los pendientes.

Fernández era un siquiatra bien conocido en la ciudad. En su consultorio siempre había gente esperándolo. Pero él solo aceptaba ver tres personas en la mañana y tres en la tarde. Tres veces a la semana. Fernández era obsesivo por el numero tres. El resto del tiempo y los días, los dedicaba a la universidad, a escribir y atender compromisos con la prensa, la televisión.

La mayoría de sus pacientes eran mujeres con conflictos de pareja, infidelidades ( de ellas mismas o de sus esposos) y hombres de orientación sexual diversa. Según sus pacientes, Fernández los ayudaba a vivir una vida autentica y en cierta forma, a “salir del closets” donde llevaban una vida conforme a las conveniencias sociales y no su propia vida.

En la entrada de su oficina se destacaba un pergamino de cuero, sujetado por clavos de cobre en fondo de madera oscura la siguiente leyenda:

“Las personas deben trabajan en descubrir la vida que quieren vivir. Y si están dispuesto a eso, yo puedo ayudarles. Pero el trabajo es de ustedes.”
Dr. José Ramírez Fernández

El pergamino lo había mandado a hacer su secretaria Mercedes mas de quince años atrás. Y lo había colocado estratégicamente, sin permiso ni autorización de nadie.

-Quite ese letrero de allí Mercedes. Me parece un poco pedante. – decía el Fernández al menos una vez al mes.
-Pues no lo hubiera dicho usted Dr. Yo no estoy inventando nada. Eso lo dijo usted mismo en la conferencia de la Federación de Siquiatría, el 27 de Septiembre de 1999. Por cierto, me olvidé agregarle la fecha.

Y luego de silencio cómplice, agregaba:

-Además, de ese letrero vivimos. O no? Y a la gente le encanta. Por eso es que viene tanta gente. Ya no tiene cupo hasta dentro de tres meses.
-Nadie puede contigo Mercedes – concluía el siquiatra y pasaba contento a su consultorio, a animar también la vida de los demás
.

De su propia vida y de su trágica muerte, se encargará esta historia.

Al finalizar el día de consultas, el Dr. Fernández le dijo a Herminio, su chofer:

-Es muy temprano y no quiero ir a mi apartamento. Llévame a casa de la Profesora Zambrano que tenemos un trabajo pendiente y de allí yo me voy. Quédate con el carro y me buscas mañana como siempre, a la misma hora, en mi apartamento.
-Como usted diga Dr.

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