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«EL ESPANTO DE GUAIMOCHO» Por: Luis Enrique «Cuco» Homes.

EL ESPANTO DE GUAIMOCHO

Guaimocho era ( o es) un pequeño poblado de no mas de diez almas. Ubicado entre las poblaciones de la “Playa” de Miramar (que en el mapa de Venezuela se llama “Puerto Gutiérrez”) y Capatárida, se hizo famoso en todo el Estado Falcón por un solo personaje: su “espanto” que nosotros de chamos llamábamos, en honor al lugar de apariciones “El Espanto de Guaimocho”.

El espanto, en honor a su dignidad y prestigio de todo espanto, aparecía solamente de noche, cuando la oscuridad abrazaba todo espacio entre el cielo y la tierra del tramo entre Miramar y Capatárida. Allí, en el momento en que todo era oscuridad, color negro del azul opaco de las escasas estrellas, aparecía ese cuerpo diminuto caminando despacio encorvado a la orilla del camino, como contando sus pasos, uno, dos, tres, hacía una pausa y volvía a caminar, uno, dos tres como en una marcha de esperar algo o alguien que le acompañara.

La gente sabía que aparecía Guaimocho cuando caía la tarde y por alguna razón, la oscuridad lo agarraba en el camino de Miramar a Capatárida o a la inversa. Si íbamos  en camioneta y de pronto se hacía tarde, un silbido suave y melodioso inundaba el silencio y tu veías allí en el camino, ese Guaimocho caminando lento, como queriéndote decir que te pararas, volteaba la cara y tu pasabas porque no te querías detener y al mirar por el retrovisor ya no había nada, solo un destello de luz de su silueta diminuta que se diluía en la tenue oscuridad de la noche estrellada.

Algunos mas osados veían a Guaimocho en bicicleta,  como mi amigo Manolo tan imaginativo el, que decía que veía a Guaimocho corriendo en bicicleta, en un inusual ejercicio de carreras de bicicletas que nunca jamás en la historia de la humanidad ni de los espantos, se ha visto. Yo creo que era con la intención de que solo se nos ocurriera a nosotros, chamos de 10 a 12 anos, pasar ese trayecto a pie y conversando de espantos para llamar la atención de Guaimocho.

Muchas veces se nos apareció Guaimocho a nosotros, cuando en grupos de diez o doce chamos hacíamos el recorrido y los mas grandes como yo y Manolo, lo queríamos hacer a la caída de la tarde, invitábamos a los mas chicos y a mitad del camino, cuando ya la tarde caía,   empezabamos a señalar con los dedos “ allá está, …es aquel…, mira esa sombra…., se parece a Guaimocho… viene para acá…, no se asusten que no hace nada…” y al segundo volábamos corriendo y dejábamos a los mas chicos atrás, corriendo y llorando, pidiendo auxilio, llamando a papa, a mama y gritando desde las entrañas no sean malos, no me dejen solo allí que viene Guaimocho, no me agarres Guaimocho, te prometo que me porto bien Guaimocho hasta que llegábamos al destino final y el chamo o los chamos venían amarillos de susto, con los testículos en la garganta a punto de salírseles como si fueran amígdalas inflamadas.

Los que querían formar parte del cuadro de honor del “Club de Miramar» debían pasar la prueba del espanto de Guaimocho. Atreverse con los mas grandes  a ese recorrido de 5 o 6 kilómetros y vivir su propio escalofrío y su propia historia de terror silencioso. Desmayos, gritos, saltos,  subidas y bajadas de tensión, era la prueba y después que las pasaban, pues estaban en otro nivel: El de ser maestros del terror y el espanto para las futuras generaciones de chamos de Miramar, con la candidez y la genialidad de los chamos de los 70: sin mascaras, sin pitos, sin artificios, solamente invocando a Guaimocho en su travesía.

Las historias de Guaimocho se hicieron famosas por los cuentos de nosotros los  jóvenes y que escuchaban los adultos. Los tíos, tías  y hasta las abuelas se interesaron por el personaje y también hacían su travesía. Solo que las historias que se escuchaban de ellos, eran mas dramáticas, porque Guaimocho se atrevía a jalarles el pelo a las mujeres, a bajarle el pantalón a los hombres, a gritarles, y hacer cosas que, como buen espanto, el sabía que solo podía hacer a los adultos y no a los niños.

Joseito Parra era un primo de la familia, gordo, saludable, alto, siempre tenia un revolver oculto al cinto de un cañon tan lago, que era imposible ocultarlo. Tenia fama de valiente que se deshacía con los espantos y nunca se atrevió a hacer la travesía a pie para conocer a Guaimocho, así que un día decidió hacerlo solo, pero en su camioneta y sin decirle a nada a nadie.

Espero las 7 de la noche y se fue, hizo el recorrido muy dos veces, ida y vuelta y no vió nadie. A la tercera vuelta encontró una señora mayor en la orilla del camino, tuvo compasión de ella, se detuvo y la monto en el carro. Hablaron por el camino trivialidades, se intercambiaron nombre, iban hablando de personas comunes y conocidas y cuando le fue a dar la mano para presentársele y decirle yo soy Joseito Parra, la mujer no estaba allí y en ese momento comprendió que había hecho la travesía con el espanto de Guaimocho.  Piso el acelerador y la aguja del velocímetro se escondió a la derecha, no se vió después de marcar los 160 kilómetros por hora y llego a su casa pálido y amarillo, contando la travesía de Guaimocho con él, en una camioneta Ford 150, del Año 64.

Yo llevo un buen recuerdo de Guaimocho y se que siempre hace presencia en mi vida, aun después que pase los 55 años.  He descubierto que a Guaimocho tiene los mismos gustos míos como la carne a la parrilla, las costillas de cerdo, la arepa pelada con huevo revuelto y sardina, los helados Efe, y muchas cosas mas. Con el tiempo, a Guaimocho le vienen gustando cosas que no había probado en Miramar, digamos que se ha sofisticado. Ahora le gustan las tortas tres leches, el sushi, la comida Tailandesa, Cada vez que se preparan esas cosas en mi casa o se compran en restaurantes finos,  y se guardan en la nevera para el día siguiente, el apetitoso manjar desaparece de la nevera y nadie, pero nadie en mi casa,  ni mi esposa,  ni mis hijos se la han comido.  Y allí es donde yo digo, que se las comió Guaimocho.!! Y cuando digo “ese fué Guaimocho” una sonrisa se desprende oculta en los sospechosos.  

Guaimocho ha vivido conmigo en Caracas, Boston, New York, Miami y ahora en Texas y no se en que maleta se me metió y se quedó. Siempre desaparece cosas, siempre se come las cosas que gustan a mi familia, siempre esta allí con su sombra pícara y maliciosa y haciendo reír a mi familia y amigos, porque todo lo bueno que falta en la casa.

Y pensar que todo nació en un trayecto oscuro y sombrío de Miramar a Capatárida.

Luis Enrique «Cuco» Homes

El espanto-Un Solo Pueblo

5 Comentarios

  • buenos dias saludos mis querido hermanos de camino excelente s iniciativa de esta pagina gracias miguel por compartir tus vivencias

    caramba pariente tremendo susto del espanto guaimocho que recuerdo guardo de mir amar y capatarida menos mal que ya había llegado cadafe cuando estuve por este pueblo

  • Amado Acurero

    Hermano, no habia visto este relato sino hasta ahora. Cuando lei lo del espanto de guaimocho, crei en un momento que te referias al «carro fantasma» que sale o salia por esos lados… Yo lo llegué a ver junto a mi padre y mi hermano, una madrugada que íbamos a buscar guanábanas a Zazárida y Guaimocho era paso obligado para ir hasta allá… Ya despues te lo contaré. Saludos.

    • admin

      Gracias Acurero. Guaimocho tenía tantas historias de aparecidos, como la de la «gallina sin patas con sus pollitos», que se aparecía inesperadamente a los viajeros. Esta tribuna está a tu orden para publicar todo lo que promocione y enaltezca la cultura de nuestros pueblos. ¡Un abrazo!
      Enmanuel Camejo

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