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“En la calle 83, número 28 raya 50, quinta ‘San Francisco’ ”. Episodio 7: LOS MONTIEL. Por Enmanuel Camejo Zavala

«¡Paraguaipoa, región zuliana, tierra galana de gran primor… Rinconcito ensoñador de mi patria soberana!«

LOS MONTIEL

El Maracucho tradicional, forjado en las sanas costumbres de su tierra de gracia, además de jovial y algo escandaloso, es también amable, solidario, familiar y buen vecino. Los Montiel, nuestros vecinos al llegar a la casa de la calle 83 #28 -50, fueron representantes clásicos de esa zulianidad.

La Nena, Rafo y Conrra, los tres hijos de los Montiel, eran tan amables como sus padres y se hicieron inmediatamente amigos de Chevy y de mi.

La Nena, era alta, delgada, rubia, delicada de modales y especialmente hermosa con sus ojos claros y cabello lazio que le llegaba a los hombros, tendría unos nueve años al momento de conocerla y fué mi primer amor no correspondido (me enamoré solo).

De Rafo recuerdo que era gordo, de unos siete años, edad similar a la mía, moreno, tenía como juguete favorito un oso inmenso el cual soportaba nuestro peso al montarnos sobre él, de color marrón oscuro, pelambre corta, que se desplazaba sobre unas ruedas y al halarle una cuerda que traía sobre su espalda, imitaba el gruñido de un plantígrado verdadero: ¡UUUUURRRRRR!.

Conrra, era la mas pequeña de los tres. Tendría unos cinco años, dos mas que Chevy, y como era contemporánea con él, se hicieron amigos al conocerse (Conrra lo asumió como su personal «partner»). Ella era regordeta, blanca, medio atolondrada y de voz algo grave para una niña.

Cada Diciembre, La Nena, Rafo y Conrra, sacaban tambora, furruco, maracas, charrasca y cuatro, y nos invitaban a «tocar gaitas». Rafo era el tamborero, La Nena tocaba el cuatro, yo en el furruco, Conrra en la Charrasca y Chevy era el Maraquero. Aquel improvisado conjunto de los vastagos Montiel-Camejo, debió llamarse «Los desafinados», porque cada quien ejecutaba el intrumento a su manera y a como le vinera en gana, mal entonando:

🎼 ¡Paraguaipoa, región zuliana, tierra galana de gran primor… Rinconcito ensoñador de mi patria soberana!🎼.

Pero de esos años 69 en la calle 83, recuerdo con especial claridad el episodio cuando Chevy fué mordido por nuestra recién parida perra «Mota». Sucedió que «el Romeo» de Chevy al ser persuadido por «la Julieta» de Conrra para que le regalara, como prueba de amor, un recién nacido perrito, se lanzó cual caballero andante tras el capricho de su adorada y terminó marcado y ensangrentado por las feroces dentelladas de Mota, que en celoso resguardo, no dejó que le arrebataran alguno de sus cachorros.

¡Hasta ahí llegó el amor!

Enmanuel Gerardo Camejo Zavala

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