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Entrevista sin Editar a Jesús de Nazaret (a propósito de sus Siete Palabras en la Cruz). Luis Homes

Entrevista sin Editar a Jesús de Nazaret (a propósito de sus Siete Palabras en la Cruz)


Nos reunimos en un conocido café en el Centro de Brownsville, 7th and the Park, Texas. Me pareció que era un buen lugar para invitar a Jesús a un café, sábado bien temprano. Yo quería ser el primer en llegar al sitio para darle la bienvenida. Pero me di cuenta de que él ya estaba allí. Sentado en las mesas de afuera, como escribiendo con sus algo sobre la mesa. Me avergonzó un poco hacer esperar a tan famoso hombre.

  • Gracias por venir maestro. Que pena que usted llegó primero que yo. Para serle honesto, no pensé que Usted me respondería con tanta prontitud a mi solicitud de entrevista.
  • Gracias a ti por el interés de conversar conmigo. Me da gusto saber que aun existen personas que se interesan por temas espirituales y ojalá nuestra entrevista pueda llegar a mucha gente.


(Hicimos un silencio que me pareció una eternidad. Jesús estaba relajado. Parecía disfrutar del lugar, del ambiente y despertar matutino de la ciudad fronteriza)

  • El propósito es que hablemos sobre sus siete palabras antes de morir. ¿Por qué dijo lo que dijo? ¿Cuál es su significado? . ¿Como se sintió usted con lo que estaba diciéndome?
  • Primero no tienes que llamarme de usted. Se que eres de Venezuela, puedes llamarme tu, también sé que eres de Maracaibo y que también podrás llamarme de “vos”. Soy un cercano a la gente y el llamarme usted, marca distancia.
  • ¡Gracias Maestro!
  • Lo de maestro si lo acepto, con la esperanza que la gente entienda que no es por mí, por las enseñanzas de mi Padre. A él todo el honor y la gloria.


(Una joven se acerca, nos ofrece algo de tomar y yo le recomiendo el Mexican Mocha. Él acepta gustoso)

  • Sin azúcar por favor, le dice Jesús firme
Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23, 34). (Obra Jacobo Tintoretto. La Crucifixión. Imagen Parcial 1565)

  • Su primera palabra fue: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, cierto. ¿Qué significa y que sintió cuando decía esto? No basamos en lo que reporta Lucas 23, 34
  • Primero no son “palabras” como se les ha llamado. Semánticamente son oraciones completas y más que en un sentido gramatical, oraciones en el sentido teológico. Esas oraciones, casi todas dirigidas a mi Padre y Señor. Otras dirigidas no solo a mis
    seguidores, y al pueblo de Dios, si no al mundo del momento y al mundo de hoy. A todos, creyentes y no creyentes. Creo que esa aclaratoria es importante, porque podría
    entenderse mejor.
  • Muy bien. Si así empezamos que no termine, Maestro.
  • Allí hablo a mi Dios, Padre y Señor como es muy fácil descubrir. ¿Y a quien más voy a hablar? ¿A quién más tengo que dirigirme? Estoy clavado de pies y manos, con un profundo dolor físico y espiritual. He sido humillado públicamente y expuesto como un trofeo para que todos tengan miedo de lo que pasa a los rebeldes que anunciamos el reino
    de Dios. Muchos de mis discípulos me han abandonado, me han negado. Y no los culpo. Tenían que protegerse. Ya he sido juzgado y condenado y en pocas horas, voy irremediablemente a morir.
  • Y en medio de esa realidad del castigo usted, perdón tú, porque tú, ¿le pides al Padre que tus verdugos sean perdonados?
  • Pues porque allí hay un pecado muy grande. No me están matando a mi como persona, como un ser vivo. Están queriendo ocultar, matar, asesinar, y lo están consiguiendo, al
    mensaje de mi padre. A todo lo que EL ha dicho, expresando y enseñando por medio de mi vida. Y eso posiblemente no lo saben mis verdugos. Por eso, en oración, yo suplico a mi Padre el Perdón y misericordia ante su ignorancia, ante su ceguera: Ellos no están consciente de lo que están haciendo. Repito, no están queriéndome matar a mí, si no al mensaje de mi Padre.
  • Y ante eso tu invocas el perdón. Hablamos del perdón.
  • Un momento, antes de hablar del perdón, volvamos al hecho del pecado.
  • Si, disculpe, disculpa

Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lucas, 23, 43)

  • Hay un ladrón, un delincuente, un malhechor que fue crucificado con Usted. Se entiende que esta segunda primicia está dirigida él.
  • Primero no tienes derecho a llamarlo ladrón o delincuente. No estabas allí y no sabes lo que hizo – dice Jesús con firmeza.
    (Me incomodo y ruborizo por su llamado de atención. Tiene razón, pero aun cometo el error de excusarme)
  • Perdón maestro, es lo que nos enseñan las escrituras.
  • Efectivamente, es lo que nos enseñan las escrituras, pero tú lo estas juzgando a él hoy, otra vez.

  • (Jesús me mira con ojos de compasión, mientras yo esperaba una mirada inclemente acusadora. Y continua su explicación de manera muy conmovedora y dulce)
  • Ese hombre a quien la gente llama “ladrón” y otros calificativos similares, se arrepiente en su propia cruz de lo que ha hecho. Él está sufriendo clavado en el madero y está sufriendo con seguridad mucho más que yo, porque no ha conocido al padre como yo lo he conocido previamente. Yo puedo conseguirte una entrevista con él y podrá el decirte directamente lo que sentía. Pero te adelanto que él, en ese momento estaba arrepentido de
    su pecado. Y ojalá todos sigan su ejemplo: Arrepentirse de todos sus pecados aun antes de morir. Y no necesitáis estar clavado en una cruz para hacerlo. Eso también es una
    lección sobre el arrepentimiento: Tenéis que arrepentirte con dolor, con sufrimiento. No por compromisos o por cumplir “un protocolo del arrepentimiento”.

  • (Yo bajo la cabeza, me escondo de la mirada del maestro, siento vergüenza ante mi pequeñez.
    Pero debo continuar con la entrevista y escucho)
  • Junto a su pecado y posterior arrepentimiento, el pecador tiene la oportunidad de voltear hacia mí y verme cara a cara. El siente la necesidad del perdón y yo entiendo plenamente, en silencio, su suplica. Su dolor es mi dolor. Porque él ha ofendido a mi padre y Señor. Yo tengo jubilo, alegría, de su arrepentimiento a ultima hora. Y mi alegría es tan grande que le ofrezco la entrada al reino de los cielos. No tiene que esperar días, no tiene que esperar semanas. Le ofrezco la entrada “hoy mismo” como se la ofrezco a todos los que se arrepientan.
  • O sea que el entro al cielo primero que usted. Usted entro al tercer día, después de la resurrección.
  • Es una buena pregunta para él, cuando lo entrevistes. Jesús se ríe con picardía.

  • (Jesús vuelve a escribir con sus dedos sobre la mesa. Me extraña ese gesto y pongo la mirada en
    lo que hace, como queriendo descubrir que está escribiendo. Recuerdo el pasaje bíblico de la
    mujer adultera que le trajeron con la intención de que justificara su apedreamiento. Luego pienso
    que me esta recordando mis propios pecados y falta. Vuelvo a la entrevista)

“Mujer allí tienes a tu hijo. Hijo, Allí tienes a tu madre” (Juan 12, 26 – 27)

  • Al pie de la Cruz esta su madre María y le acompaña a quien usted, o tu mismo has llamado el discípulo amado, Juan. Me llama la atención porque la llama “mujer” y no madre o mama. ¿Algún significado, algo que quiera recordar ahora de ese momento?
  • Yo estaba sufriendo mucho, como podrás imaginar. Tenía mucho dolor por todas partes.  Sentía que el cuerpo se me iba a desprender y que solo me quedarían los brazos colgados de la cruz. La respiración me faltaba, La sangre goteaba por mi frente y me llegaba a los ojos. Casi no veía. Al bajar la cabeza vi a mi santa madre con Juan. Como tu dices, al pie de la cruz. Mi madre lloraba con dignidad, pero sin escándalo, ni pataletas, ni teatro. Y Juan la consolaba amorosamente. Esa imagen esta muy viva en mí.

Jesús hace una pausa para recordar. La joven llegar y sirve los dos cafés en la mesa.

  • Creo que, si yo hubiese dicho “madre” o “mama”, a mi santísima madre, mi dolor hubiese sido mayor. Nada hay más doloroso para una madre que ver a su hijo sufriendo, que este la llama, pero ella no puede hacer nada.  Imagínate un niño ahogándose en la profundidad del mar y su madre a larga distancia en la orilla.  Esto era mucho más grave, porque allí, en ese teatro de mi muerte y crucifixión, había morbo, alegría y sadismo de algunos por lo que yo estaba pasando. De manera que a mí me salió decirle “mujer” por todo lo que eso significa.  
  • Ha debido tener mucho significado para los judíos de su tiempo la expresión “mujer”
  • Es la creación perfecta de mi padre, junto al hombre. Pero mujer es sinónimo de maternidad, de comunidad, de unión, de familia. Y no puedes olvidar que, además, o con excepción de mis discípulos hombres fundadores de la Iglesia, mis mayores seguidores eran las mujeres, encabezadas por mi madre. Allí esta María Magdalena, Marta, la mujer samaritana.

Jesús toma un sorbo de café y continua: 

  • Allí, al pie de la cruz yo estaba fundando mi iglesia representada por los dos primeros miembros de la gran iglesia de hoy. También, como bien lo han dicho los teólogos, la madre queda en cuidado de su hijo y el hijo recibe el mandato de cuidar a su madre. Pero Juan, además de mi discípulo, esta representando a todo el genero humano. La humanidad entera queda bajo el amparo y protección de mí santa madre. Juan simboliza la humanidad
  • Si hubiesen estado algunos de sus otros discípulos, además de Juan, ¿su elección hubiera cambiado?
  • ¡Eres buen entrevistador! Pero no voy a caer en tu trampa.
  • ¿Entonces? Le insisto.
  • Pues Juan y mi madre eran los que estaban allí. ¡Mejor dicho, estábamos nosotros solos! Y, sin embargo, el mensaje no era ni es exclusivamente para ellos.  Antes de partir yo, como te indique antes, dejo el mundo entero bajo la protección de mi madre y, además, la fundación de una nueva iglesia. Mas adelante guiada por el Espíritu Santo.

La gente empieza a llegar al café. Observo sus intenciones de curiosear desde lejos. Veo que murmuran y señalan desde adentro del local, al patio exterior donde estamos Jesús y yo. Procuro no distraerme y enfocarme en esta exclusiva entrevista. Algunos vehículos disminuyen la marcha al pasar frente al local. Me vuelvo a enfocar.  

Dios mío, Dios mío, ¿Porque me has abandonado? (Mateo 27, 46)

  • En algún momento tú te diriges a Dios y le preguntas, o mejor dicho le reclamas ¿por qué me has abandonado? ¡Es eso verdaderamente un reclamo muy fuerte! ¿Es una crisis de fe?
  • La gente se ha empeñado y ha insistido en el reclamo del abandono, que explicare en un momento. Lo que no parecen haberse dado cuenta es que llamo a mi Dios, “Dios mío” y lo digo dos veces.  En tono de suplica y de pertenencia. Ya antes yo había expresado a mi Dios que “todo lo mío en tuyo y todo lo tuyo es mío”, (Juan 17, 10) o la inversa, como bien lo reseña Juan. Es que yo vivo en él y él vive en mí. Fuimos, somos y seremos unidad. Somos una sola persona y pocas personas parecen entenderlo en su plenitud. Por eso yo pensé en llamar a mi Dios, que vivía y vive en mí.
  • ¿Entonces hubo o no hubo abandono? Y me cayo de pronto pensando que fui muy atrevido en la pregunta.
  • También soy hombre y recuerda que no estaba en las bodas de Canaán, en un matrimonio festejando y preparándome para el primer milagro. Estaba en la cruz, sufriendo y presenciando mi propia muerte física, para la que había venido. Entonces me fallaron las fuerzas. Humanamente, no sentí por un brevísimo momento la compañía de mi padre y mi Dios. Si quieres que te diga expresamente si me sentí abandonado, pues te diré que sí y no. Mi condición humana, de hombre sufriente y crucificado no me hacia sentir la presencia de mi amado padre. Pero yo sabia que para eso momento, yo había venido. Y toda mi vida había demostrado que yo le era obediente, Yo aceptaba que mi libertad era hacer plenamente su voluntad.
  • ¿Podrías hablarnos algo más del abandono?
  • Pues en ese momento, privaba la sensación de que no estas con nadie. Que tienes enfrente a la nada. El vacío absoluto. Fue una tarde oscura, sin lugar a duda. Pero brevemente. No se compara esa brevísima tarde con los años de resurrección que me ofreció mi Padre y la luz que yo he presentado al mundo.
  • ¡Por supuesto!
  • De manera que al final no hay abandono. Hay acompañamiento. ¡Fe, esperanza, Dios nunca nos abandona! ¡Dios nunca me abandonó! Yo pude tener la sensación de abandono, como los hombres la pueden tener de tanto en tanto. Cada uno tiene su noche oscura de la fe. Pero Él siempre está allí, como estuvo conmigo. Y esta siempre con los hombres.

Tengo Sed (Juan, 19, 28)

  • Usted mostro la necesidad humana del agua. Manifestaste en la cruz que tenías sed.
  • Ese es verdad. Tenía sed, como lo tiene cualquiera que haya pasado una tortura mucho menor que la mía en la cruz. Pero verlo y mostrarlo así, es una visión muy simplista.

En ese momento me siento un estúpido e ignorante y me quedo callado. El también.  Luego continua: 

  • Dije en algún momento que si alguno tiene sed que venga a mí y beberá del que cree en mí. De su seno correrán ríos de agua viva (Juan 7, 37 – 38). La verdadera sed a la que me refería es a la sed de mi padre y a la necesidad de su presencia. El agua para mi es sinónimo de su propio espíritu como también se lo dije a la samaritana en el pozo: “Él te habría dado agua viva” (Juan 4, 10).
  • Solo Dios puede saciar la sed, me atreví a decir.
  • Pues sí, así de sencillo.   Hoy los hombres quieren saciarse de otras aguas mucho más visibles que yo: El poder, el dinero, el sexo, la fama. Los placeres de la vida mundana, las drogas y eso los lleva a tener más sed y más sed y a buscar en esas aguas contaminadas que de no detenerse, los llevan a la muerte del espíritu.
  • Está haciendo una comparación entre la sed del espíritu y la sed material
  • Pues mucho más. ¡Mi plegaria sobre la sed es un grito sobre las injusticias del mundo! El niño abandonado por sus padres tiene sed de él o de alguno de ellos.  El encarcelado injustamente, tiene sed de justicia. El enfermo sin asistencia médica implora por salud pública. Los sometidos a violencia tienen sed de paz. ¿Te imaginas la verdadera sed que existe en el mundo? Pues no es con agua mineral de esta que estamos tomando tu y yo que se calma esa sed. Solo Dios sacia. ¡Solo Dios Es y Basta!
  • ¿Y que pensó o sintió cuando el soldado le ofreció vinagre?
  • Pues es la respuesta mundana a las suplicas de Dios, a su llamado. Allí está muy bien retratado, con esa respuesta sarcástica del soldado que me da vinagre cuando yo clamo que tengo sed. Cuantas veces alguien nos suplica, implora, algo que está necesitando y le respondemos con una agresión. El vinagre representa la agresión, la burla, el menosprecio a las necesidades del otro.  Tuve sed, y me ofreces vinagre.

Todo esta cumplido (Juan, 19, 30)

  • ¿En qué momento tu sientes que vas a morir?, digo para cambiar de tema
  • Pues si hubiese muerto no estuviera acá contigo. Nunca he muerto. Y los hombres no se han dado cuenta
  • Me refiero a cuando dijiste que todo estaba cumplido, disculpe
  • Pues allí hay un círculo que se cierra, en la historia de la salvacion. ¡Y se comienza a cerrar en ese momento, cuando digo que todo se está cumpliendo, conforme a las escrituras y las profecías! Ya no tengo mas fuerzas. Son los últimos momentos de mi vida temporal. He dejado un testamento en la cruz. He dejado las bases de la iglesia en Juan y mi Madre. He clamado y reclamado la sed de los hombres y he cumplido el mandato de mi padre, según la cual “El Mesías tenía que padecer” (Lc, 24, 46) y antes he llevado a cabo el mensaje de mi padre por todo Israel. He hecho su obra (Juan 4, 34), conforme a mi misión.  
  • ¿Hay algo de oración en esa su declaración de que todo está cumplido?
  • Muy buena acotación la que haces. ¡Por supuesto que es una oración! Es una oración y una ofrenda. Le estoy diciendo a mi Padre que yo cumplí mi misión. Pero no lo estoy haciendo en forma de reclamo, ni en forma de queja. Es una ofrenda hermosa, gratificante. Antes del último suspiro de despedida de este mundo, estoy diciendo lo hicimos, acá esta. Todo esta bien. Seguí tu palabra. Seguí tu misión. Y todo esta cumplido conforme a tu santa voluntad. Lo dejo todo en tus manos.
  • Eso significa que allí en la cruz termina su historia, dije para provocarle.
  • Eso significa que allí comienza todo – me responde Jesús con una sonrisa tierna. Allí es donde comienza a propagarse por el mundo, y no solo en Israel, el mensaje de mi Padre y mi Señor. 

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46)

  • Maestro, ya estamos finalizando esta entrevista con su última plegaria: Lucas nos indica que sus últimas palabras fueron, dirigiéndose al Padre: “En tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿Como se sintió? ¿Era el principio del final? ¿Era el final? Volvamos a hacer enlace con lo que nos dijo hace un momento.
  • No puede medirse esa situación culmen, máxima, en términos de tiempo o verlo en términos de un principio o de un final. Pero ya que tu lo has planteado así. Vamos a explicarlo en esos términos sencillos.
  • Podrías explicarlo como prefieras
  • Yo vengo del Padre, soy un enviado. Visto así, hubo un “principio” con mi llegada al mundo y al cumplir mi misión, regreso al padre y podría limitarnos a decir que hubo un final en la tierra al morir en la Cruz. Pero no espacio ni tiempo, principio ni final en la relación con Dios y mi padre. Yo “regreso” a él, porque de el vine. Y ese contexto te podrás imaginar la alegría que significa volver a encontrarme con él. Un encuentro en el que nunca hubo un desencuentro. En el que nunca nos separamos, porque mi padre y yo somos uno solo. 
  • Entiendo, dije como titubeando
  • Si lo entiendes, ¡Gloria a Dios!, afirmo Jesús. Y continuo:
  • Ojalá entiendas y puedas vivir también la grandeza de estar junto al Padre, en ser uno con EL eternamente unidos. Porque eso es verdaderamente la relación de amor e intima entre los hombres y Dios. Esa unión indisoluble, el sentirse siempre en sus manos, protegido, consentido, amado para siempre. En el que su espíritu y su espíritu somos uno solo. En términos humanos, eso es lo que pudiera llamarse una buena muerte.
  • Saber que vas a ver y a contemplar a Jesús en la eternidad, le interrumpo.
  • Por siempre y para siempre

Me quede en un profundo silencio. No sabia que decir. Dar las gracias era poco. Insignificante. Mi cabeza daba vueltas y sentía que me hundía en un mar de profundidad. Que nadaba en una sabiduría para lo que no estaba preparado. Una luz me encandilo, muy fuerte y me impidió ver. Habían pasado tres o cuatro horas conversando con Jesús, pero no era el mediodía.

Cuando pude ver, ya el no estaba.

Gracias Maestro. ¡Gracias por siempre!       

Rancho Viejo Texas.

Cuaresma y Semana Santa

Marzo – Abril 2024

Luis Homes

6 Comentarios

  • Ascalio Munoz

    Saludos Luis . has dejado plasmado en tu escritura con una entrevista ficticia a Jesucristo una joya descriptiva y narrativa excepcional de las 7 palabras. Gloria a Dios que personas como tu mediten y transmitan la palabra de Dios para todos nosotros.

  • Domingo Oropeza

    Que belleza!r
    Que profundidad!
    Que maestría!
    Desde Málaga y en el parque Los Alcornocales
    Os saludos, hombres y mujeres de buena fé

  • Carlos Mora Millano

    Caramba Dr Homes desde su licenciado no lo había leído otra vez. Dios bendiga su palabra y su santa inspiración. Bendiciones desde la Felipina

  • Luis Enrique Homes

    Muchas Gracias por su comentario Licinio ! A veces creemos que las cosas de Dios son incomprensibles y esa es la idea de esa entrevista: hacerlas sencillas y accesibles, en la medida de lo posible. Bendiciones en esta semana santa para todos

  • Licinio Enrique González F

    Mejor explicación de forma clara, diáfana y sencilla, imposible de plasmar.
    Gracias Luis.
    DIOS te bendiga grandemente…

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