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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie): “XXXIII -LA HUÍDA”. Por Luis Enrique Homes

XXXIII.- HUÍDA

Al día siguiente de estar en su casa, Jacinta fue temprano a la Estación de Policía a poner un reporte de lo que le había pasado. No pudo hacer nada porque nadie le hizo caso a su historia y uno de los agentes le dijo que ellos estaban muy ocupados con cosas más importantes. Que fuera en otra oportunidad. Al día siguiente fue por segunda vez diciendo que necesitaba hablar con un supervisor. Espero toda la mañana y después de cinco horas, el supervisor le dijo que esas cosas que estaba contando como extraordinarias, pues eran normales en Rio Blanco y que agradeciera que no le hubiera pasado nada. Y que pues, no le podían tomar la declaración porque no había personal.
Cuando salió, una mujer oficial alta y negra se le acercó y le dijo en voz baja:

  • Acá cuando hay alguien importante de por medio, no toman ninguna declaración. No pierda su tiempo y cuídese mucho.


Frustrada, Jacinta trató de volver a la normalidad pero le resultó imposible.
En la compañía para la que trabajaba comenzaron a pedirle más visitas a los bancos y con mayores cantidades de dinero en efectivo. En algunos bancos, le autorizaron a hablar directamente con los gerentes y le entregaran a ellos el dinero, en unos maletines muy gruesos. A Jacinta le proporcionaban unos nombres ficticios y unas claves numéricas que el gerente debería reconocer. Se metian a una oficina, se reunían como si se tratara de un asunto de negocios hablando trivialidades y se despedían. Pero ella debía dejar el maletín “olvidado” en la oficina. Todo debía hacerse en un periodo que no excediera una reunión trivial de negocios y en unas horas con poca afluencia de clientes.
Ella quiso renunciar, pero cada vez que lo sugería, le aumentaban el sueldo significativamente. Además comenzó a ser permanentemente vigilada. Cada vez alguna camioneta o vehículos sin placas de identificación se apostaban cerca de su casa y la seguían cautelosamente y desaparecian a la vuelta de la esquina. Las llamadas de su teléfono fuera del horario de trabajo se interrumpian con frecuencia, pero de manera especial cuando intentaba llamar a Rosa o a Andrea.
Al menos una vez a la semana le llegaba el mismo mensaje de texto, o con pequeñas variaciones, pero desde teléfonos diferentes:

  • Quédese tranquila, no se meta en más problemas y no le pasará nada.


Trató de buscar ayuda con su hermano Gabriel que se había ido a vivir a los Estados Unidos hacía más de 20 años y ahora trabajaba en un restaurant en Houston, Texas. Un Domingo en la tarde le llamó y le contó todo lo que le había pasado. El hermano Gabriel la escuchó con calma y al finalizar la conversación le dijo:

  • Hermanita no pierdas tiempo, vente para acá como sea. Yo se que tu no tienes visa, ni tienes papeles para entrar a los Estados Unidos, pero buscate un Coyote que así es que entra la gente sin papeles acá. Comienza a averiguar eso y yo te ayudo como puedo. Si no lo consigues desde allá, me avisas. Esto está lleno de gente que viene de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y ahora está lleno de venezolanos.


Andrea no sabía lo que era un Coyote, pero intentaria averiguarlo

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