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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie):“LIV. ¡Mami no me dejes!”. Por Luis Enrique Homes.

¡Mami no me dejes!

¡Mami no me dejes!

Enviar a Jesús solo a los Estados Unidos ya era una decisión definitiva. Por muy doloroso que fuera, Andrea estaba decidida a que en caso de tener que decidir entre la vida de ella y la del niño, pues la del niño era la que había que salvar. Y había llegado el momento de las grandes decisiones. Jesús ya tenia 4 años y solo habian sido 4 años de persecución a su lado. También sentía que si era conseguida allí en México por el licenciado o por sus secuaces, pues lo que les esperaría sería más torura y hasta la muerte.


En las pocas semanas que había estado en Matamoros ya sabía que había otras mujeres desesperadas que enviaban a sus niños a cruzar el puente, solos ante la imposibilidad de ser recibidos en Estados Unidos en estos momentos, por el cierre de la frontera, los temas de la pandemia y una nefasta política del Presidente Trump que obligaba a los refugiados a permanecer en México, asi fuera a riesgo de su vida. Los menores eran detenidos en Estados Unidos, puestos en un refugio y allí, luego de un proceso legal y administrativo, eran dados en custodia a sus familiares hasta que una corte de inmigracion definiera su estatus legal de menores refugiados.


La llamada con Jacinta, su amiga que esperaba en Brownsville, fue corta pero intensa.

  • Necesito enviar a Jesús a los Estados Unidos, lo van a detener, pero quiero saber si me lo puedes recibir y encargarte de él mientras yo salgo de esto.
  • Pues mujer, pero es que no tienes ni que preguntarme, envíamelo ya. Yo me encargo de él.


Antes de terminar la llamada, Andrea se le cortó la voz, detuvo la respiración, comenzó a llorar y dijo:

  • Tengo mucho miedo hermanita querida, yo no sé si lo voy a volver a ver. Si me demoro mucho, si me agarra ese desgraciado del licenciado, si me mata, o lo que pase, te pido por favor, por favor, que te encargues de mi niño Jesús allá en los Estados Unidos.
  • No lo dudes, tú te quedarás tranquila y piensa que todo esto pasará. Ya estaremos todos acá, con el favor de Jesús de la Divina Misericordia.


Andrea quiso llamar a Rosa para consultarle este doloroso paso. Doña Rosa se contrario toda con esa posibilidad de separación de Andrea de Jesús. Se puso muy nerviosa sobre el teléfono. Pero en un arranque inesperado de claridad le dijo:

  • Déjame preguntarle a mi mamá, Ella se me aparece casi todas las semanas y me hace compañía en la mecedora. Si ella me dice que si, pues lo pasas a Jesús. Si ella me dice que no, pues no lo hagas. Porque puede ser peor.


Andrea consintió, Por un momento pensó que Dona Rosa estaba delirando, con esas ideas de que su abuela Rosa visitaba a su madre y ahora, hasta le haría consultas sobre el destino de Jesús. “pero bueno, si eso la mantiene tranquila y con ánimo, está bien”, pensó.


Una mañana soleada fue la ocasión perfecta para la operación de enviar al niño a los Estados Unidos. Andrea arreglo una bolsa pequeña para que el niño cargara como su fuera un morral escolar, con tres mudas de ropa, doscientos dólares en efectivo y una libreta de notas donde tenía anotado todos los teléfonos, además de su partida de nacimiento.
Andrea, Julián y Jesús salieron caminando rumbo al puente fronterizo. Caminaron con firmeza y a pasos acelerados. A medida que el puente se iba haciendo más visible, Andrea comenzó a caminar más lentamente. Un Hormigueo muy fuerte comenzó a inundar todo su cuerpo. Un dolor muy fuerte comenzó a invadir su pecho. Los brazos los sintio pesados, como si fuesen dos pesados tubos de acero. No le salia la voz, los ojos se le llenaron de lagrimas color grises, casi negro. Detuvo la marcha, se arrodilló, Agarró al niño, lo abrazó, lo besó, le besó la cabeza y le dijo «cuídate mijito. Allá vas para que tu Tía Jacinta».

  • Siga usted con el niño Julián, yo no puedo mas. Llévelo hasta donde más pueda en el Puente y lo deja allí, para que el camine hasta el otro lado. Haga lo que pueda por favor.


Julián estaba llorando, pero siguió las instrucciones. Desprendió al niño de los brazos de Andrea y Jesús comenzó a llorar. Pero Julián decidido lo levantó en brazos y apresuró la marcha hacia el puente. Andrea se desmayó en el pavimento con un fuerte dolor en el pecho que ella presintió que era un infarto. No supo cuánto pasó allí cociéndose en el pavimento bajo 40 grados. Solo se despertó porque algunas personas la levantaron. Y la ayudaron a regresar al hotel. Caminaba como una sonámbula sin rumbo fijo, con la mirada perdida. Al llegar a la habitación, se desplomó en la cama, continuó llorando, mientras aún oía el llanto y grito de Jesus:

  • ¡Maaaaamiiii, maaaaamiiiii, maaaaamiiii, no me dejes!.

Luis Enrique Homes

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