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Serie Amores de Refugio: «Esa Boquita tan Linda… Yo la Beso”. Capítulo II: “Carmelo con Olor a Caramelo”. Por Luis Homes Jiménez

Quédese tranquila mija que estas cosas siempre le pasan a los que vienen ilegales a los Estados Unidos”.

II

Carmelo con Olor a Caramelo


Yo lo que quiero saber es dónde está mi hermana Matilde. Nos vinimos juntas del Salvador. Fue casi un mes viajando, perdiéndonos en el camino, juntándonos con grupos que venían para acá para la frontera, durmiendo entre montes y a las orillas de los ríos, defendiéndonos como gatos de los hombres que nos tocaban las nalgas y los senos a cada rato. Y ahora no sé nada de ella, ni que le pasó.


Cuando nos paró la patrulla en la frontera, íbamos en grupo como diez o doce familias. A mí me preguntaron con quién venía y yo dije que con mi hermana y la señalé a ella. Pero a ella el policía le había preguntado aparte con quien venía, y Matilde dijo que con su hija. Y pues, salió la mentira y sin mediar palabras, nos separaron al llegar a una oficina. A ella la metieron a una oficina y a mí a otra. Cuando pregunté qué pasaba, solo me dijo una mujer que estaba frente a una computadora: “Quédese tranquila mija que estas cosas siempre le pasan a los que vienen ilegales a los Estados Unidos”.


Esa señora me preguntó de todo y después me hizo firmar unos papeles que no entendí porque estaban en inglés, pero ella me dijo que me iban a llevar a un sitio mientras me ubicaban con un familiar acá en Estado Unidos. Entonces yo le dije que no tenía familiares acá, que mi único familiar era Matilde y ella me dijo con su cara muy fresca que no era su problema. Y desde allí empecé a llorar porque sospechaba que me iban a separar de mi hermana. Como a las dos horas me montaron en una van y me llevaron a la Hielera, con otras cuatro muchachas más o menos de mi edad.


Allí me puse a buscar a Matilde. Unas personas estaban en unas camas, otros tirados en el piso durmiendo. Nunca había visto tanta gente en un solo sitio, pero casi todos muchachos y familias. No sé si había 400 o 500 personas y hacía mucho frío. Yo recorría de un lado a otro esa cárcel tan grande que es la hielera, llorando a ver si conseguía a mi hermanita, hasta que cansada no hice otra cosa que gritar bien duro y a todo pulmón: “Maaaaattilllllldeeeeeeeeeee”, pero nadie respondió. Allí caí como desmayada del cansancio hasta que me despertó una señora que también era del Salvador. Y fue quien me dijo que en la Hielera solo estaban familias y menores de edad. Yo le dije que venía con mi hermana, pero ella me dijo que los que eran padres o madres de los chamacos, los enviaban a otra parte. Pero que los hermanos mayores no podían estar junto a los hermanos menores. Y que a ellos los trasladaban a un Centro de Detención.


Allí se me vino el mundo pa bajo! Cómo es eso que los hermanos mayores no pueden estar con los hermanos menores.? ¿Si yo lo único que tengo acá es mi hermanita Matilde, que va a pasar conmigo? Yo miraba para todos lados y veía pura gente desconocida. También muchachas como yo, pero no las conocía. Y unos muchachos también de mirada fea que no me quitaban los ojos de encima. ¡Dios mío me quería morir!


Yo me vine de San Miguel por insistencia de mi mama, pero yo no me quería venir. Y pues, la verdad también por acompañar a Matilde. A ella le mataron a su esposo Eduardo que era un jefe de la policía en El Salvador. Y la gente dice que lo mataron porque él paró un cargamento de drogas en una alcabala y los jefes de la mafia no quería que él fuera a declarar. Y pues él fue. Y a los pocos días lo acribillaron de regreso a su casa. A mi hermana Matilde entonces la amenazaron que no fuera a los tribunales ni a la policía, porque le iba a pasar lo mismo. Y ella en medio de su dolor también fue a poner la denuncia, porque se lo exigieron los jefes de su esposo y comenzaron a perseguirla por todos lados y amenazaron con matarla si seguía por allá. Pues no tuvo otra cosa que venirse huyendo.


Mi mamá me dijo que me viniera con ella. Que la acompañara y que acá yo podía estudiar. Si me quedaba en El Salvador iba a esperar una barriga tempranito y un muchacho porque allá en San Miguel todas las muchachas salen embarazadas a los 16 años y pues ya tengo dieciséis recién cumplidos. Y yo la verdad, no quería venirme, pero me daba tanta lástima lo que le había pasado a mi hermanita Matilde que yo dije, pues me voy y así la ayudo con su dolor.


Este refugio donde me trajeron creo que se llama “Casa Mar”, hay puros muchachos y muchachas, así como yo. Es muy estricto todo acá. Tenemos que andar en grupo de ocho, siempre tenemos que estar acompañadas por unas dos señoritas que le dicen a todas “Miss” y a los hombres le dicen “Mister”. Dormimos en un cuarto de 5 muchachas. Nos llevan a clases acá mismo en el refugio. Comemos acá y en las noches nos permiten ver películas. Pero las “misses” no nos desamparan y todo el tiempo: “no se toquen, no se miren, no se rían, no griten, no corran”. No podemos salir de acá. Aunque he escuchado que a veces nos sacan de paseo y que algunos, se han escapado en esos paseos.

Los muchachos están por un lado y las muchachas por otro. Solo nos juntamos en las clases. Hay un muchacho que me mira mucho y se llama Carmelo. Angelica, una chica de Venezuela que es muy bromista, me dijo en el comedor: “Te mira mucho Carmelo, el muchacho que huele a caramelo”


No me le he acercado mucho a ese muchacho y no se huele a caramelo. Siempre se sienta en las últimas filas del salón y en estos días que yo volvía la mirada atrás, pues el tenia la mirada fija en mi y alcanzo a picarme el ojo. Yo me puse nerviosa y la Miss que daba la clase, que acá le dicen “Ticher” me pregunto: “¿qué le pasa Isabel?” y yo le dije:” Nada Miss que tengo ganas de ir al baño” y me respondió “Pues espérese media hora que tienen que ir todas juntas”.


Angelica, la venezolana pregunto, con razón:

¿Y si se mea, Miss?


Y pues todo el mundo soltó la risa. La Miss nos llamó la atención, dijo que no permitían juegos ni malas palabras en el refugio. Y castigaron a la Angelica. Menos mal que yo no tenia ganas de orinar. Solo estaba viendo para atrás, para fijarme bien en Carmelo, el muchacho con olor a caramelo.

Luis Homes Jiménez


(La historia continuara….
)

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