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Serie Amores de Refugio: “Esa Boquita tan Linda… Yo la Beso”. Capítulo III: “Mi tío me Abandonó». Por Luis Homes Jiménez

«En estos días tuve que ir a la enfermería del refugio porque tenía un fuerte dolor de cabeza y mareos»

Mi tío me Abandonó


Cada uno de nosotros tiene un trabajador asignado a su caso, puede ser una Miss o un Mister. Nos han explicado que el trabajo de ellos es hablar con la persona que nos va a recibir acá en los Estados Unidos para que tengan todo en orden y nos pueda recibir. Les piden unos papeles para demostrar que somos familia y pues yo creo que les averiguan si trabaja o no, cuánto gana, donde vive y cosas así. Mientras tanto tenemos que estar en este refugio aburrido lleno de reglas y atendiendo unas clases que ya hemos visto. La mayor distracción para mi es aprender un poco de inglés y ver que muchachas nuevas llegan, si son bonitas o no. Pero la verdad, ninguna se ve muy bonita porque todas llegan llorando y pasan días llorando. Pero la que más me gusta es Isabel, la muchacha de El Salvador. Al menos ya nos saludamos y de vez en cuando, me sonríe con mucha gracias y esa boca tan roja que provoca.


Algo pasó con mi tío Alfonso, el tío que me iba a recibir acá en Estados Unidos, que me tiene triste y con mucha rabia, la verdad. Se suponía que yo debía estar con él porque tengo tres semanas acá. Los primeros días nunca contestaba los mensajes ni las llamadas de mi trabajador de caso. Después de muchas llamadas, contestó, pero no envió los papeles que les pedían. Cuando yo podía hablar con él, que nos permiten hablar una vez a la semana, me decía que estaba muy ocupado en el trabajo y que no le daba tiempo de organizar los papeles que le pedían. Me empezó a preguntar qué sabía hacer yo, que de que podía trabajar acá y yo le dije que yo sabía sembrar y recoger café pero que estaba dispuesto a lo que sea. El me dijo como riéndose que en California no había granjas de café, solo granjas de vino. Entonces yo le dije que yo podía sembrar vino y allí se reía más, como si fuera una gracia o un chiste lo que yo había dicho. Hasta allí supe de mi tío Alfonso.


Mi trabajador de caso me llamó un día para decirme que me tenía una noticia que no sería muy agradable y era que mi tío le había notificado que no me podía recibir, que no estaba en condiciones económicas ni familiares de recibirme. Entonces yo le pregunté al Mister que qué pasaría conmigo y me dijo pues que teníamos que buscar a otro familiar que me recibiera. Y pues, la verdad allí se me salieron las lágrimas y luego de varios intentos por contenerme, me puse a llorar y me desahogue con el mister. Ya ha pasado casi un mes en esta espera, para que el venga a decir ahora que no me puede recibir.


A mi me parecía extraño que mi tío Alfonso me fuera a recibir si no me conocía, pero mi papá se veía muy seguro de su hermano y de su apoyo. Que yo siga acá en este refugio hasta que consiga alguien que me acepte en su casa puede significar mucho tiempo, pero yo me aguanto. Lo que más me duele de todo esto es el sufrimiento de mi papá y de mi mamá por esa traición de mi tío. Y otra cosa que me duele también mucho: Que ellos vayan a perder su finquita de café por no poder pagar el dinero con que me enviaron para acá. Y la finquita es la garantía de ese dinero. Yo pensaba estudiar y trabajar y enviarles dinero para pagar la deuda pero encerrado acá, pues nada puedo hacer por mi familia. No es tan fácil eso de venirse a los Estados Unidos, como uno se lo imagina o se lo dicen. Yo cierro los ojos en las noches y solo veo un panorama gris y oscuro para mi y mi familia. La psicóloga de aca, Miss Alicia, dice que estoy deprimido y me dice que hable más con los muchachos de acá, que mantenga la mente ocupada. Y pues, cuando se trata de tener la mente ocupada, siempre pienso en Isabel, la muchacha de la boca roja y bonita.


En estos días tuve que ir a la enfermería del refugio porque tenía un fuerte dolor de cabeza y mareos. Y allí estaba Isabel sentada esperando que la atendieran. Se me iba a salir el corazón porque me senté al lado de ella. Le pregunté porqué estaba allí en la enfermería y no me quería decir. Hasta que por fin me dijo que la había llevado a la enfermería porque ella tenía la boca muy roja y pensaban que se estaba pintando la boca escondida, que eso estaba aca prohibido. Yo me acerque para verle la boca de cerca y la verdad la tiene de un rojo bellísimo y en medio de esos labios carnosos se ve como una flor de cayena abierta.


Yo le pregunté cuál era el problema con la boca, que me parecía muy bella. Ella se sonrió y me dijo que era un lunar rojo de familia que le cubría la boca, que su mamá también tenía un lunar de ese color, pero en el cuello. Isabel se puso nerviosa y me dijo que cuando estaba así la boca se le ponía más roja. Por eso la había llevado a enfermería, porque pensaba que ella se pintaba la boca . Y allí conmigo, tenía la boca rojisima. Allí fue que pensé por primera vez: Esa boquita tan linda, yo la beso.

Luis Homes Jiménez

3 Comentarios

  • Julyrma

    Me encanta como lo cuentas, a pesar del llanto y el símil con la flor de cayena! Va todo como en una película! Gracias por compartir tu historia!

  • Rhina Pelletti

    Soy hija de migrantes italianos, ellos fueron al perú a trabajar, a coadyuvar con la agricultura. Pero esta situación de de los nuevos mexicanos o venezolanos migrantes es muy triste

  • Gustavo Labarca

    Magnífico relato de migrantes. Una mácula para nuestra cultura latinoamericana el fenómeno de los desplazados