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Serie Amores de Refugio: “Esa Boquita tan Linda… Yo la Beso”. Capítulo IV: “Messi en el Refugio”. Por Luis Homes Jiménez

«…mientras el campo de futbol quedo lleno de un olor a caramelo»

Messi en el Refugio


¡Por fin supe de mi hermanita Matilde! Mi trabajador, Andrés, pudo localizarla en un Centro de detención y logre hablar por teléfono con ella. Lloramos mucho las dos mientras conversábamos. Me dio tristeza, rabia, que la migra nos hubiera separado si venimos juntas y que no entendieran o no quisieran entender que éramos hermanas. Esta gente, los gringos son como raros. A quien se le ocurre separar una hermana de la otra. Eso no pasaría en mi país, nunca lo he escuchado.


A Matilde la hicieron unos exámenes médicos cuando la dejaron en el Centro de detención y resulta que está embarazada. Ella no lo sabía cuándo veníamos huyendo de El Salvador. Pero ya entiendo porque a cada momento se paraba porque estaba mareada y varias veces vomitó en el camino. Ella me dijo que al menos un hijo le quedaría de su marido Eduardo, al que mataron por no dejarse extorsionar por las maras en EL Salvador. No sé qué va a pasar con ella, pero le dijeron que tenía que esperar, como yo, que alguien nos recibiera en Estados Unidos para que hacerse cargo de ella o que la podían deportar. ¡Dios mío no quiero ni pensar si a ella la deportan y a mí me dejan acá en este refugio! Yo prefiero que a ella la dejen libre y que a mí me deporten, al menos para estar con mi madrecita en El Salvador. Pero eso creo que lo decide un juez. Y ella no ha visto todavía a ningún juez. La verdad no entiendo como es muy bien como es la cosa.


Ayer domingo en la mañana nos sacaron al patio de atrás y nos pudieron a ver un partido de futbol entre los muchachos de acá y los de otro refugio. El que se llevó todos los aplausos fue Carmelo, que metió seis goles y el partido termino 6 a 0, con los del otro refugio. Al menos pasamos el día entretenidas y tratando de evitar en cosas diferentes. Cuando estábamos en el patio, yo trataba de ver si acá había una forma de escaparse de este refugio. Pero lo veo muy difícil. Las cercas del refugio son altísimas como si esto fuera una cárcel y los trabajadores no se apartan de nosotros, ni siquiera los domingos ni cuando estaos en recreación. Y camine por todo el patio a ver si había un hueco, una oportunidad de salirse por alguna parte. Pero nada. A la final, me entretuve con el juego de futbol, los aplausos de la gente y todo el mundo gritando “Messsi, Messssiiiii, Messsssiiiiiiiii” cada vez que veían a Carmelo corriendo como un venado y metiendo goles. Yo no sabia que significada Messi y le pregunte a Angelica, mi amiga la venezolana y lo que hizo fue echarse a reír a carcajadas. Luego me dijo en el oído que Messi era el nombre del jugador famoso de futbol y que así estaban llamando a Carmelo.


Angelica es muy alegre, es muy ocurrente y habla cosas que no entiendo. Se refiere a los muchachos como “chamos” y a mí siempre me dice “chama no estén tan triste, que no pasa nada, algún día vamos a salir de esta vaina”. Cuando la regañan en clases o la ticher le pregunta que pasa, ella responde siempre “no pasa nada”. Todavía dice que “no pasa nada” y su tía, la que se vino con ella, esta también en un centro de detención de adultos hace mas de seis meses. Angelica no ve a sus padres hace más de un año. Pero ella siempre dice que sus padres están “chéveres” . Una vez me comento que su padre tuvo que huir de Venezuela porque es médico y el gobierno lo estaba obligando a firmar unos papeles diciendo que un preso de Maduro había muerto de un infarto, cuando el papa sabía que lo había torturado hasta asesinarlo. Y como su papa no quiso firmar el acta de defunción, lo amenazaron con ponerlo preso y los perseguían a toda la familia. Hasta que sus padres tuvieron que venirse rapidísimos, porque los estaban buscando para matarlos. Ella se quedo con la tía, hasta que se vino. Acá cada uno tiene su historia, unas mas tristes, unas mas dolorosas. Pero cada uno lleva su historia que contar.


Ayer en el mediodía cuando termino el juego de futbol, todos los muchachos salieron a correr donde estaba Carmelo. Lo levantaron en hombros mientras recorrían todo el patio y todo el mundo lo aplaudía hasta que los místers lo obligaron a bajarlo. Cuando los muchachos bajaron a Carmelo, el salió corriendo de la cancha de futbol para donde yo estaba sentada. Yo me asuste porque no sabia lo que pasaba ni porque estaba corriendo hacia mí. Cuando estaba frente a mí, me dijo, con una voz que casi no se le entendía del cansancio:

“Isabel, los seis goles te los dedico a ti” y salió corriendo para el baño a cambiarse

Angelica que estaba a mi lado, grito a todo pulmón: “Esto se puso bueno señores”, y se puso a brincar, me abrazo, me beso y me dijo: “Chama te lo dije, ese muchacho Carmelo está loco por ti”
Nos mandaron a hacer fila, a que entráramos de nuevo al refugio, mientras el campo de futbol quedo lleno de un olor a caramelo.

Luis Homes Jiménez

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