Microrelatos

Ella. Por Enmanuel

Ella

ELLA

Cogió por el solitario sendero que conducía a la playa, donde espinares y lagartos hacían fiesta con el sol. Torció una rama del añoso cují que antecedía al recodo del pozo y pensó en ella: en su pelo enmarañado, en sus salados labios, en su piel tostada y poblada de minúsculos granos de arena, en sus pequeñísimos pechos coronados por dos grandes pezones (enhiestos y retadores), en aquel humedo y estrecho vientre que siempre celebraba su llegada. Entonces se detuvo y se dió cuenta que no concebía la vida sin ella, sin esa risa a cántaros, sin esa mirada de duende, sin esa brutal energía, que elevaba polvaredas en medio del campo.

Enmanuel

BELLA Y FUGAZ. Guillermo Carrasco

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