Microrelatos

«La Casita amarilla». Enmanuel

La Casita amarilla

  • Antonio… ¿será que cuando uno se muere, sigue vivo pero en otro lugar?

Le dijo Ofelia a su marido, mientras extraviaba la mirada mas allá de los cocoteros de Cheo «el de Tulia». Y continuó…

  • ¿Y que a uno lo reciben todos los familiares que murieron antes, haciéndole una fiesta al llegar?

Antonio miró a Ofelia entre sorprendido y benévolo, acariciando con su mano derecha la desarreglada barba canosa y ensortijada, mientras le decía:

  • ¡Que coño voy a saber yo mujer, si todavía no me he muerto!

Ofelia lo miró de reojo y sintió una repentina tristeza, que atravesó su envejecido cuerpo en un fugaz escalofrío, y pensó:

  • (Yo sé que es así, aunque nadie me crea. He soñado muchas veces que madrecita me dice al oído: «Hijita, hijita, tu papá y yo te estamos esperando en la casita amarilla que hemos hecho en el cielo»).

Enmanuel

ENEL CIELO NO HAY HOSPITAL. Juan Luis Guerra

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