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Alonso Quijano

Alonso Quijano (El Quijote de la Mancha)

LA AVENTURA DE LOS MOLINOS DE VIENTO

«… En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:


Quijote: La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.


Sancho: ¿Qué gigantes?


Quijote: Aquellos que allí ves, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.


Sancho: Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

Quijote: Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Quijote: Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.


Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual, visto por don Quijote, dijo:

Quijote: Pues, aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.

Don Quijote arremete contra los molinos

Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.

Don Quijote se estrella contra los molinos

Sancho: iVálame Dios! ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento y no lo podía ignorar quien
llevase otros tales en la cabeza?


Quijote: Calla, amigo Sancho -respondió don Quijote-; que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo, han de poder poco sus malas artes contra la bondad
de mi espada…

«El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha«
de Miguel de Cervantes Saavedra

Miguel de Cervantes Saavedra

«Vencidos» de León Felipe

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