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«DELIRO». Por Marcelo Moreno Mendoza

DELIRO

Se me pidió relatar la historia de uno de mis pacientes, mi profesión me exige respetar su privacidad, por lo que no puedo dar datos que puedan identificarlo, así que cambiaré ciertas cosas para proteger su privacidad, pero su condición será totalmente cierta.

La historia a continuación, será narrada tal cual me fue dicha por mi paciente, quien será llamado Daniel Acosta, y tiene 23 años de edad. Empecé a tratarlo cuando tenía 22 años, y durante todo este año, me relató el cómo tenía una cita con un psicólogo (ficticio) cada último viernes de mes, me contó que durante esas doce sesiones, él siempre hablaba y le aconsejaba sobre su vida.

Primera Cita:

 “El 26 de enero fue mi primera cita con el Dr. Martínez, me rehusaba desde hace un par de años a ir a una cita con un psicólogo, pero en verdad me agradó esa primera experiencia, por lo que acepté la propuesta de vernos de manera mensual. En esa primera cita, hablé de cómo me sentía con respecto a mi vida personal, le conté lo que me ha costado durante tantos años el poder llevarme con las personas, lo duro que me ha sido el llevar una vida donde no muestro empatía hacia nadie, y no es porque sea una mala persona, realmente no lo soy, pero de verdad que no siento algún tipo de sentimiento hacia el dolor ajeno o cualquier otro tipo de emoción o sentimiento que ellos puedan demostrarme, he tenido en verdad discusiones fuertes con amigos y familiares por esta misma razón.

Yo actualmente estoy trabajando en un local, de comida rápida, por lo que diariamente debo atender alrededor de unas 150 personas en un día normal, y con tantas personas me he encontrado personalidades distintas, una más llevaderas que otras, pero a final de cuentas, me han producido mucho estrés en mis jornadas laborales, por lo que tuve que pedirle a mi gerente que me permitiese tener un día libre en la semana al menos una vez al mes, y aproveché la ocasión para pedir estos días viernes. Mi gerente de verdad es un tipo muy comprensible, no creo conseguir otro como él en ningún otro sitio.

Bueno, continuando con el problema; últimamente mis compañeros de trabajo, se han estado preocupando por mí, me han comentado que parezco un robot, ya que no demuestro ningún tipo de sentimiento, y mi expresión facial siempre está con un semblante de continua decepción, por lo que tuve que empezar a fingir ciertas cosas cuando estuviera cerca de ellos, y aún más cuando estuviera cerca de los clientes, ya que actúo como un empleado multifunción.

¿Mi familia? Bueno, a ellos veo después de salir del trabajo, a las 5:30 pm, ah disculpe, no le había aclarado que cumplo un horario de oficina, obviamente mis compañeros ganan más que yo, ya que ellos cumplen el turno completo, pero como le dije, mi gerente fue comprensivo conmigo desde el primer día, me comentó que fue algo que le pidió la gente de recursos humanos, yo no tuve tanto interés en indagar sobre eso… de nuevo disculpe, me desvié del tema. Bueno, mi familia ha sido bastante unida, desde que tengo uso de razón, nos hemos ayudado entre todos, mi madre es ama de casa, y siempre se ocupó de mi hermana y de mí, mi papá trabajaba siempre, él era nuestro sustento, aun así nunca nos faltó, siempre estuvo con nosotros cuando estábamos creciendo, y aún a día de hoy está para nosotros, es increíble la capacidad que tiene para dividirse y hacer tantas cosas a la vez.

Mi hermana es menor que yo, nos llevamos un año de diferencia, pero ella cambia demasiado de personalidad, hay veces que no la reconozco, tiene tantas facetas, que incluso podría decir que por poco olvido como es ella en verdad, pero yo he de suponer que todo eso es porque ella estudia artes escénica, y le toca interpretar tantos personajes, que a veces no sé si está practicando para una obra nueva, o está siendo ella realmente, es un poco confuso jajajajajaja…

Mi madre es una mujer que siempre se ha preocupado por mí, se ha preocupado demás, diría yo, ella siempre habla conmigo por las noches antes de dormir, y me pregunta sobre cómo pasé el día y todas esas preguntas, y la verdad es que a veces me incomoda un poco porque siempre son las mismas respuestas, realmente quisiera poder contarle un poco más, pero no tengo idea qué podría decirle, básicamente mi vida es algo monótono, las situaciones que le pasan a todo el mundo.

¡Oh vaya!, el tiempo se ha acabado muy pronto, bueno, continuaremos en la próxima sesión, hasta luego, ¡cuídese!”

Dejé que continuara su relato un poco más, quería conocer qué tan avanzada estaba la enfermedad para poder dar un diagnóstico del todo correcto, eran muy visibles los síntomas para diagnosticar a simple vista, pero quería cerciorarme.

Su madre me había colocado al tanto de todo antes de que yo me sumergiera en el mundo de fantasía creado por su hijo, en sus ojos podía notarse la angustia por el joven, y no la podría culpar, nuestra segunda cita, fue algo que era de esperarse, Daniel contradecía todo lo que me había contado la primera vez que nos vimos.

Segunda Cita:

“Cuando tuve mi sexta cita con el Dr. Martínez, el 29 de junio, me hacía unas preguntas bastante raras, me preguntaba por mi trabajo, yo nunca he trabajado, siempre he sido rico de cuna, al igual que he sido hijo único, se lo comenté cuando me preguntó por una supuesta hermana que yo tengo, pero me imagino que se habrá confundido con alguien más, mi nombre es bastante común, así que puedo entenderlo.”

Haré un pequeño paréntesis en esto que me estuvo contando, pude notar que por instantes tenía grandes momentos de lucidez mental, pero que se iban escapando así como llegaban, y cada vez empeoraban sus delirios, por lo que podría entender la preocupación de la madre.

“Supongo que usted debe conocer a  Brad Pitt, el famosísimo actor, bueno, él me enseñó clases de actuación cuando se retiró a los 30 años, pobre, se notaba que era muy buen actor, y bastante apuesto, aunque me da lástima, porque quedaba opacado por mí siempre que nos veían juntos.

Volviendo al tema, el jueves pasado salí a comprar unas hamburguesas con mi novia, y nos salieron totalmente gratis por ser los compradores número un millón, en verdad que me encantan esas promociones, no es la primera vez que me sucede, pero aún no me acostumbro, usted me entiende, también le debe haber pasado varias veces.”

Hubo un momento donde tuve que interrumpirlo para que me continuase contando de esas supuestas “citas” que tuvo con ese psicólogo ficticio, esas sesiones eran la preocupación de su madre, y eran la razón por la que me había buscado.

“Ah sí, el psicólogo que me atendía antes de usted. Me ayudó bastante a superar la muerte de mi abuela, yo era bastante apegado a ella, aunque no vivía con nosotros, siempre la iba a visitar en vacaciones, y les pedía  a mis padres que me dejaran con ella durante todo el tiempo de vacaciones. Ella siempre me consentía con muchas chucherías, murió de vejez, y a día de hoy, aún la extraño bastante, pero ahora la recuerdo con una gran sonrisa, y me produce felicidad saber que está en un lugar mejor, ya logré eliminar el dolor que tenía por dentro.

En el trabajo, mi gerente una vez más fue muy comprensivo conmigo, y me permitió faltar la semana completa en la que estaba de duelo por su pérdida, de verdad que es una gran persona, no creo que exista otro como él en este mundo.”

Me parecía increíble la manera en cómo volvía a rectificar lo que había dicho en la primera cita, por momentos continuaba esa historia, pero luego la cambiaba totalmente, su condición se iba volviendo cada vez más especial, por lo que tuve que pedirle a su madre que me aclarara un poco más sobre su vida, después que yo le contara todo lo que su hijo me decía.

Con lágrimas en los ojos, me comentaba las partes que eran reales y las que eran falsas, con cada palabra que decía, quedaba desconcertado, por lo que me planteé seriamente si debía continuar con el joven, o darle el caso a otro especialista con más experiencia que yo, y creía tener a la persona ideal, quien fue mi mentor desde que decidí estudiar esta hermosa carrera.

Luego de pensarlo toda la semana, tomé la decisión de continuar el caso, así me estaría preparando para futuros casos de tal magnitud.

“Cuando el Dr. Martínez me aconsejó que fuera un poco más comunicativo con mi familia, me pareció bastante raro eso, porque yo siempre les comento sobre mis problemas cuando necesito ayuda, se lo había dicho la primera vez, pero él insiste en decir que me mantengo callado, y lo mismo dice mi madre, creo que están en mi contra, porque incluso mi padre y mi hermana están distantes conmigo, ya casi ni me hablan, y se me está olvidando el sonido de su voz.”

Esa sesión terminó en llanto, me costó un poco mantener mi compostura al momento de hablarle para consolarlo.

Después de tantas sesiones, Daniel por fin me contó el final de su historia, y a decir verdad, quedé maravillado por la grandiosidad de la mente humana y todo el poder que tiene, aunque de la misma forma quedé sumamente entristecido por cada enfermedad que puede presentar.

Les citaré la conversación que tuve con su madre cuando le comenté lo que sucedía en esas supuestas citas psicoterapéuticas que tenía su hijo. A ella le colocaré el nombre de Thiana, para resguardar la identidad por profesionalismo laboral.

– Dr. Cisneros, en verdad estoy sumamente agradecida con usted por lo que ha hecho por mi hijo, y aunque su enfermedad no tiene una cura, espero que usted pueda conseguir unos tips para que pueda ser más llevadera. – me dice ella entre lágrimas.

– Tenga por seguro que haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarla a usted y a su hijo, si hay algo que deba saber que me ayude con el caso, le agradecería que me hablara un poco más.

– Verá, él es hijo único, se supone que sería morocho, pero su hermana, mi otra bebé, nació muerta y nos fue difícil decirle la verdad cada vez que nos pedía tener un hermano o hermana, yo ya no podía salir embarazada, su padre nos abandonó cuando tenía 12 años, no supimos más de él desde que salió un día de casa, supuestamente a trabajar, y nos dijeron que nunca llegó. – me cuenta secándose las lágrimas.

– Y ¿desde cuándo su hijo empezó a tener alucinaciones?

– Comenzó a los 18, cuando me dijo que a veces escuchaba la voz de su papá con una niña pequeña cuando iba por la calle. – responde la señora.

– ¿Qué le decían esas voces?

– Que me abandonara, que se fuera con ellos, eso era todo lo que él me respondía cada vez que le hacía esa pregunta. – noté en la mirada de Thiana que escondía algo más.

En la última cita que tuve con Daniel, quedé bastante sorprendido con lo que me relató, ya no tenía nada que decirme sobre ese tal Dr. Martínez, esta vez me contó algo diferente, algo que me sobresaltó.

Última Cita:

“Cuando tenía 12 años, mi papá se fue a trabajar como de costumbre, y mi mamá me llevaba a la escuela antes de empezar con las labores del hogar. Bueno, ese día cuando estaba en camino, sentí como si me hubieran pasado un cubo de hielo por la espina dorsal, cuando esa noche no vi llegar a papá, me fui a dormir bastante triste, y tuve un sueño donde papá estaba con una niña como de mi edad, aunque su rostro no podía verse muy bien, esto nunca se lo conté a mi mamá, porque tenía mucho miedo de esa pesadilla.

Al año siguiente, en mi cumpleaños, comencé a escuchar voces, pero las ignoraba porque pensé que era alguno de mis vecinos  gritando, cuando tenía 17, esas voces ya eran parte de mí, nunca le comenté a mi madre, hasta que tuve 18 años, y fue porque ya podía valerme de mí mismo, si mi mamá me llegaba a botar de la casa por haberle hablado sobre un tema que me pidió que nunca le comentara, que era sobre mi hermana y mi papá. A mis 16 años, los pensamientos suicidas eran un pan de cada día, por culpa de las mismas voces que escuchaba, me llevaban también a tener alucinaciones, imaginaba que mi papá nunca se había ido, que mi hermana había nacido, y también imaginaba el cómo sería suicidarme con cada objeto que se encontrase al alcance de mi visión.

Ahora, con 22 años, le puedo confesar que abrí los ojos después de haberme cegado por tanto tiempo, y le digo que usted también debería hacer lo mismo, lleva 7 meses hablando con una persona que murió hace un año.”

Sí, de esa manera finalizó nuestra última sesión, bastante fuerte por su parte, pero entendí todo el significado filosófico que hay detrás de lo que dijo, ya él tomaba conciencia cuando empezó a ser medicado, y por eso se sentía muerto por dentro.

El diagnóstico es simple y se podía saber desde el principio, el chico padecía de esquizofrenia, y esto fue todo lo que le relaté a la persona que me pidió conocer sobre el último paciente que tuve, así de famoso fue el caso, después que se enteraron que el  joven se suicidó pasado un mes, de nuestra última cita, fue conocido por todo el mundo, para bien y para mal, por partes iguales.

Si mal no recuerdo, el nombre de la persona que me pidió narrar la historia, se llama Raúl Martínez, él decía ser un escritor, aunque yo siempre lo vi como un psicólogo analizándome.

Marcelo Moreno Mendoza

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