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Los Tres Camellos Magos (Capítulo Final). Por Luis Homes

«Una joven mujer de tez blanca, vestido celeste medio descubierto,  amamantaba a un niño recién nacido…»

Los Tres Camellos Magos (Final) 

Cuando llegue a la posada a hablar con los reyes, estaban discutiendo entre ellos. Yo no entendía la discusión,  pues en ese momento hablaban en un dialecto que yo no conocía. Pero tuve la intuición que discutía sobre como continuar el camino hasta conseguir el niño recién nacido. En ese momento, tome la decisión de querer acompañarlos hasta dar con la creatura prometida. Me había fascinado el dialogo entre camellos y pensé que seria difícil que estos tres reyes llegaran a un acuerdo rápido y seguir el camino a Belén en armonía. De manera que entre en mi casa, arregle una bolsa con lo estrictamente necesario para un viaje de varios días: Agua, carne seca, trozos de pan, avena, semillas de maíz y  miel. 

En la mañana muy temprano yo amanecí en el establo y tenia los camellos preparados. Mariano, Gregorio y Baldomero me recibieron con una mirada cómplice y alegre. Eso me contento muchísimo, porque creo que ellos sabían de mi propósito de acompañarlos. Estuvieron muy dóciles y cariñosos mientras les acomodaba la alforja y con cariño, me pasaban la lengua por la espalda, el hombro y hasta por la cara. Un buen augurio esa manifestación de cariño en horas de la madrugada. Ojala los hombres aprendieran esas manifestación de amor, a primera hora del día, pensé. 

Melchor, Gaspar y Baltasar llegaron al establo con caras de pocos amigos. Gaspar me dio una bolsita con monedas por el alojamiento. Baltasar me dio las gracias por tener los camellos listos y sin mediar palabras, cada uno se monto en su camellos e hicieron a irse caminando lentamente. Pero los camellos se detenían y no querían caminar. Solo pocos pasos. Así estuvieron un buen tiempo hasta que empezaron a discutir entre ellos en el mismo dialecto de la noche anterior. Los camellos permanecían inmóviles como unas estatuas de piedra.  Así me acerque yo a los camellos y les bese a cada uno el rostro y comenzaron a mover la cabeza en señal de aceptación. 

Fue en ese momento cuando les pedí a los Reyes, casi les rogaba  que me permitieran acompañarlos. Al principio no mostraban complacencia, pero al ver el jubilo de los camellos y el movimiento que hacían para partir, todos accedieron, solo diciéndome que había tres camellos y cuatro caminantes. Que yo debía ir a pie. No tuve problemas y accedí. Yo agarre a Gregorio por su cuerda, montados por Gaspar y comenzamos a caminar. Nos siguieron Baldomero, montado por Baltasar y por ultimo Mariano, montado por Baltasar.

Ese viaje fue una delicia y para mi, inolvidable. La madrugada estaba fresca, con olor a flores del campo y en especial a madera de pino. Los pájaros comenzaron a cantar y se armo de pronto una melodía de dioses con el paso y caminar de los camellos. Los reyes comenzaron a cantar unos canticos en su dialecto, y se produjo  armonía una sinfónica con los sonidos de la naturaleza. Yo sentía en mi alma que caminaba por los cielos y a un destino divino. No me cansaba, no tenia sed. No tenia hambre y mis deseos eran caminar, caminar y caminar. En ocasiones los camellos se detenían de pronto y no continuaban la marcha hasta que alguno de los reyes se bajara de su joroba y me permitieran a mi subirme sobre ellos. Que hermosa solidaridad de los camellos para conmigo.!  Así pasamos dos días y dos noches. Solo descansando brevemente para comer una vez al día y dormíamos seis  horas en las noches, porque era un espectáculo la contemplación de la estrellas, especialmente una que dimos por llamar “La Estrella de Belén”, hermosa, radiante, en el este del firmamento y rompiendo con centellas blancas y grises claro, el azul marino y sagrado del cielo.  

Al tercer día salimos y no descansamos. La tarde cayo temprano y la estrella de Belén a iluminar con mayor intensidad el camino. Yo caminaba en primer lugar junto al camello  Mariano y el rey Melchor y de pronto vi que en los ojos  del camello Mariano se dibujaba la figura de un niño recién nacido rodeados de sus padres, una mula y un buey. De pronto me asuste porque yo no veía esa imagen por ninguna parte del camino.  Me detuve y fui a contemplar los ojos de Gregorio y Baldomero. En los de Gregorio, se observaban unos pastores pastoreando sus ovejas y en los de Baldomero, unos ángeles como bajando del cielo.  De todos los camellos salían lagrimas de alegría, ellos aligeraban el paso, poco a poco. Y cuando le quise decir a los reyes magos lo que estaba presenciando, ellos ya estaban cantando himnos y canticos levantando los brazos al cielo. De manera que a mi no me quedo, si no trotar al paso de los camellos, porque algo estaba a punto de suceder. 

Detrás de varios arboles frondosos había un establo en ruinas, casi destruido. La estrella se detuvo allí y comenzó una luz radiante a iluminar el establo. Los camellos se detuvieron de pronto y los reyes se bajaron con premura y corrieron hacia el establo. Yo me detuve sin saber que hacer, pero el rey Baltasar, el mas moreno de ellos, me agarro por el brazo con firmeza y me hizo seguir su carrera. Lo que vimos en ese momento, fue un espectáculo: Una joven mujer de tez blanca, vestido celeste medio descubierto,  amamantaba a un niño recién nacido mientras un joven padre de barba y túnica blanca y marrón, secaba el sudor de la frente materna. Una mula, un buey hacían un cortejo alrededor de ellos, mientras que ángeles diminutos, como pequeños pajarillos, escoltaban a pastores que llegaban al pesebre. 

Hubo un silencio enorme y la estrella ilumino el pesebre como si fuera toda la luz del universo en ese espacio donde estábamos. Los reyes sacaron de sus bolsas, oro, incienso, y mirra. Yo me quede con las manos vacías sin saber que ofrecer a esa familia que vino a iluminar el mundo. Toque mis bolsillos y encontré mi vasija de agua y también la ofrecí. Llame a los camellos y vinieron a paso lento a adorar al niño de Belén. En sus ojos, en medio de sus lagrimas, se reflejaba la hermosa escena del nacimiento del niño Dios. 

FIN 

Luis Homes

6 Comentarios

  • Julyrma

    Hermoso relato que recoge toda la magia de aquel maravilloso momento! Me encantó ver el nacimiento del Niño Dios a través de los ojos de Mariano, Gregorio y Baldomero con ángeles diminutos a su alrededor!
    Gracias por compartirnos estas significativas líneas!

  • Julyrma

    Hermoso relato que recoge toda la magia de aquel maravilloso momento! Me encantó ver el nacimiento del Niño Dios a través de los ojos de Mariano, Gregorio y Baldomero con ángeles diminutos a su alrededor!
    Gracias por compartirnos estas significativas líneas!

  • Luis Homes

    Gracias a todos por sus comentarios y elogios sobre este y otros relatos. Soltar la imaginacion, ejercitarla y ponerla al servicio de los demas, es posiblemente la mayor satisfaccion que tenemos los que intentamos escribir con sensibilidad y sencillez. Uds me animan a seguir. @CarlaLopez, espero tu mama se recupere pronto del COVID. Tengo pendiente una serie «Senora pandemia», para describir en forma literaria los sintomas y secuelas de esta enfermedad. Un abrazo y mis sentimientos de aprecio y estima a todos mis lectores.

  • Carla Lopez

    Disculpe Dr. Homes que no lo hubiera leido antes, tenía a mi mamá enferma de covid, ya está mejor gracias a dios, este cuento esta muy bonito, me gusta

  • Mario Medina

    A veces, la fantasía aporta tanta sensibilidad adicional a un hecho histórico, asumamos el nacimiento de Jesús como tal, que complementa de forma precisa ese trascendental suceso.
    Ante ese univesal hecho, no dudo que los camellos desde sus corazones, sostuvieron ese imaginario diálogo.
    Imaginación de alta factura. Felicitaciones

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