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BALTASAR, su sonrisa y la estrella que lo acompaña. Por Julyrma Jiménez

«Dios nació en Cabure», pues, ¡para mí que Baltasar, el sabio, el mago, nació en Coro!

BALTASAR, su sonrisa y la estrella que lo acompaña

A Baltasar lo conocí en los albores de los años noventa en época decembrina, durante la Feria Popular del Pesebre en Coro, estado Falcón.

Recuerdo que luego de admirar el original pesebre elaborado con vainas de cují por mi colega gerontóloga Rhyris Ledezma, quedé absorta con uno elaborado en plastilina por un niño de unos diez años de edad, ¡Me impresionó gratamente ver cómo el niño representó a través de la plastilina detalladamente varias escenas bíblicas antes, durante y después de la Natividad! Llamó mi atención la representación de la matanza de niños ordenada por Herodes y muy especialmente la cara de la Virgen María, que era la única que no tenía el rostro elaborado, por eso pregunté al niño la razón y este me respondió: «Es que la Virgencita es tan hermosa que no podría hacerle un rostro que se le acerque a su belleza.»

Con las palabras del niño en mi corazón, me dirigí a la Iglesia San Francisco de Asís, allí oré de rodillas unos minutos y al sentarme en el banco de la iglesia alguien me preguntó con voz muy dulce: «¿Quieres leer?». Cuando levanté la mirada y vi su sonrisa y la estrella que lo acompañaba, supe que era Baltasar. Recuerdo que volví otros días, estuve un tiempo cerca y ese brillo de la estrella también me iluminaba.

Ya luego no supe de él hasta un día que me dijeron que iría a Coro un líder espiritual, todos lo llamaban de otra manera, pero cuando el se regresó a bendecirnos a un grupo de jóvenes, imponiendo sus manos sobre nuestras cabezas y vi su sonrisa y la estrella que lo acompañaba, supe que era él.

Le perdí la pista y unos tres años más tarde, mi amiga y maestra Beatriz Rivera, me dijo que me llevaría a conocer a un amigo suyo que tenía un nivel espiritual elevado. Cuando hablé con él tocamos el tema de unas personas que me atacaban en ese momento, entre tantas cosas recuerdo especialmente que talló con su dedo índice su piel negra y de ella se desprendieron unas partículas blancas, a lo que me dijo:»¿Lo ves?, al final, de lo negro sale blanco y de lo blanco sale negro, ¿qué le queda pues al hombre de su arrogancia?.» Cuando sonrió y vi el brillo de la estrella que lo acompañaba, supe que era Baltasar, entonces recordé a mi amado poeta Hugo Fernández Oviol cuando decía que «Dios nació en Cabure», pues, ¡para mí que Baltasar, el sabio, el mago, nació en Coro!.

JULYRMA JIMÉNEZ

POLO CORIANO. Cheche Acosta Fuguet

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