Letras

Mauricio Babilonia (Fin de una pequeña saga)

Mauricio Babilonia y sus mariposas amarillas

Mauricio Babilonia era un humilde trabajador que cautivó con su virilidad y gallardía a Meme, la bien criada hija de Aureliano Segundo y Fernanda Del Carpio. Nace el amor teniendo en su contra los deseos de la matrona. A pesar de la inevitable y muy perceptible, presencia de las mariposas amarillas, que como una nube, revoloteaban sobre la cabeza de Mauricio Babilonia, los amantes se veían a hurtadillas para dar rienda suelta a la pasión que los quemaba en una hoguera atizada con la vehemencia, y la rebeldía.

Gabriel García Márquez

Esas mariposas amarillas anunciaban la llegada de un sentimiento capaz de existir, independientemente, de la imposición de una norma familiar, social y epocal. Anunciaban la llegada del pensamiento moderno.
Pero todavía faltaba mucho para que aquel anuncio se hiciera realidad. Fernanda Del Carpio se enteró del amorío, y preparó un macabro plan. Denunció la presencia de un ladrón, y Mauricio Babilonia cayó al piso con un balazo que le robo la vida aunque no lo mató. Aquella noche, Meme lo esperaba. Ella se bañaba. El levantaría una lámina del techo. Se produciría el encuentro y se amarían sin recato ni pudor.

Meme desnuda esperando a Mauricio Babilonia

Por desgracia, la oscuridad nocturna anuló el brillante amarillo de las mariposas. Se tornaron negras, y en lugar de portar buenas noticias, anunciaron una gran tragedia. Condenado a la inamovilidad por el certero disparo de la ley, el amante se consumió. Y murió de viejo asediado por el aleteo de sus compañeras. Meme fue enviada a un convento donde pasó el resto de su vida sin pronunciar una palabra.
Y así fue como las mariposas de Mauricio Babilonia se tornaron negras para anunciar una tragedia.

(Fuente Castromozo.blogspot)

«Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.» Gabriel García Márquez

Cien años de soledad
Cien años de Macondo

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