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Melquíades

Melquíades es un gitano corpulento de mejillas flácidas, labios marchitos, manos de gorrión y una barba montaraz.

Melquíades, el gitano que representa la muerte, lo oculto y el esoterismo en Cien años de soledad 1
Melquíades, del grabadista colombiano Juan Manuel Lugo

Melquíades usaba un sombrero grande y negro, como las alas extendidas de un cuervo y un chaleco de terciopelo. Además tenía una mirada grave y había dejado de sonreír hace mucho tiempo porque el escorbuto le había arrancado los dientes. Sólo recuperó la risa cuando empezó a utilizar una dentadura postiza. Su perfil psicológico indica la curiosa paradoja de que Melquíades, a pesar de ser gitano, es un hombre honrado. García Márquez lo pinta en la novela como un hombre lúgubre y misterioso, envuelto en un aura triste, quien poseía una inmensa sabiduría asiática, que lo hacía conocer el otro lado de las cosas.

Este gitano es el que trae la cultura y la ciencia a Macondo, donde da a conocer sus nuevos inventos. Se trata de un personaje muy didáctico que explica las cosas. «Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima», dice Melquíades.

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La lupa de Melquíades, del grabadista Juan Manuel Lugo

Asimismo es portador de curiosos objetos, como mapas portugueses e instrumentos de navegación con los que, como Colón, José Arcadio Buendía pudo deducir que la Tierra es redonda. Melquíades también poseía un catalejo y una enorme lupa del tamaño de un tambor, con lo que señalaba que la ciencia había eliminado las distancias. También cuenta con cualidades de pionero, al poseer lo que hoy se puede denominar como fotografía: una máquina y un laboratorio para producir daguerrotipos. A pesar de dominar grandes conocimientos, Melquíades “tenía un peso humano, una condición terrestre que lo mantenía enredado en los minúsculos problemas de la vida cotidiana”.

Relación con los Buendía y la alquimia

Melquíades es amigo de José Arcadio Buendía, el fundador de Macondo. Es el profeta de la historia familiar de los Buendía, ya que posee los pergaminos con todos los hechos que marcan a esta familia. Es un lector del futuro, pues se considera conocedor de las profecías de Nostradamus. Melquíades posee y representa una dimensión mágica. Al patriarca de los Buendía incluso le regala un laboratorio de alquimia.

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Melquíades y sus pergaminos, por Carlos Ferreyra

Este gitano conoce las propiedades de los metales y es probable que incluso sepa los fundamentos de la Piedra Filosofal, ya que en en su laboratorio hay una probeta que imita al Huevo Filosófico. Es curioso que tras su muerte se señale que deben quemar mercurio durante tres días en su cuarto. El mercurio es símbolo de la “movilidad” en la alquimia, y es una representación de su faceta como trotamundos. Además, el mercurio representa a la sabiduría en la analogía con el dios grecorromano Hermes-Mercurio.

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Melquíades dominaba la alquimia (Figura de Hermes Trimegisto)

También es preciso acotar que Melquíades luce como un personaje que está más allá del bien y el mal, aspecto ligado a su conocimiento profundo sobre el espíritu de las cosas. De igual forma representa al “conocimiento” y a la “memoria”, ya que es quien lleva las pócimas para revivir los recuerdos de los habitantes de Macondo luego de la plaga del insomnio colectivo. Los gitanos trotamundos que llegaban a Macondo contaban que la tribu de Melquíades había sido borrada de la faz de la Tierra por haber sobrepasado los límites del conocimiento humano: dominaban, por ejemplo, el lenguaje de la naturaleza.

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Macondo, del artista cubano Ernesto Hernández

Melquíades quizás incluso pudo haber tenido contacto con seres fabulosos. Como ejemplo de ello, lo que le dice a la matriarca Úrsula Iguarán: “Está comprobado que el demonio tiene propiedades sulfúricas”. ¿Pudo haber conocido al mismo Satanás en su incansable búsqueda de conocimiento? Si es así, el lector probablemente se encuentre ante un Fausto del imaginario latinoamericano. Quizás Melquíades hizo un pacto con el Diablo para alcanzar el conocimiento por vías más rápidas o quizás el mismo lo era, ya que la llegada de la cultura representada por este personaje es similar a la llegada del pecado al pueblo de Macondo: la ciencia es la contradicción tradicional a la religión y la alquimia representa el comienzo del método científico. Por lo demás, el nombre de Melquíades recuerda mucho al de Mefistófeles, el demonio creado por Goethe, sin olvidar el halo de misterio con el que permanentemente es descrito.

Melquíades y la muerte

“La muerte lo seguía a todos lados”, pero sabe burlarla insistentemente. Sobrevive a numerosas plagas y catástrofes que habían flagelado a todo el género humano: la pelagia en Persia, el escorbuto de Malasia, la lepra de Alejandría, el beriberi de Japón, la peste bubónica de Madagascar, un terremoto en Sicilia e incluso a un naufragio multitudinario en el Estrecho de Magallanes. El nuevo (y decadente) grupo de gitanos que llega a Macondo proclama falsamente que Melquíades ha sucumbido a las fiebres en los médanos de Singapur y su cuerpo arrojado en el lugar más profundo del mar de Java.

Es probable que los poderes mágicos de Melquíades lo hagan tener la capacidad de volver de la muerte, ya que se señala: “Había estado en la muerte, en efecto, pero había regresado porque no pudo soportar la soledad”. Esto hace del personaje un ser trascendente, aunque es probable que a medida que avanza la obra pierda todo poder mágico: «Fue desprovisto de toda facultad sobrenatural como castigo por su fidelidad a la vida». Antes de morir, dice: «Somos el agua», un elemento símbolo y máximo posibilitador de vida.

Melquíades

A pesar de que Melquíades coquetea varias veces con la muerte, es el primer personaje de Cien años de soledad que muere en Macondo. Perece en la casa de los Buendía, en donde vivió un envejecimiento apresurado y crítico, mientras perdía paulatinamente la vista, la audición, el apetito, y en donde garabatea hasta sus últimos días signos indescifrables en sus pergaminos. Como ya se señaló, a su muerte se quema mercurio en su cuarto, lo que representa el “fin de su camino de perfección”, un paso a la inmortalidad: «La presencia invisible del espíritu de Melquíades quedó en la casa”. Su gran amigo José Arcadio Buendía nunca creyó en su muerte. Su lápida es la primera del mítico pueblo. Es tan potente su grandeza que su epitafio no requiere más presentación que su propio nombre: Melquíades.

(Texto de Daniel Lobos Jería)

Culturacolectiva.com

«La llegada de Melquíades a Macondo».
Video realizado con dibujos de los niños de Aracataca y animados con el apoyo del Laboratorio de Animación del Programa de Cine y Audiovisuales de la Universidad del Magdalena, dirigido por el profesor Mauricio García

2 Comentarios

  • TuMónica L Márquez C

    Que hermoso personaje de García Márquez!
    Hace mucho no recordaba a «Cien años de soledad » …. No sé porque me quedo grabado Melquiades en relación a olores queda veces traen los vientos …