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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie: VI “La Trampa”). Por Luis Enrique Homes

La trampa

VI. La Trampa

Los encuentros posteriores sucedieron siempre de sorpresa. Saliendo del colegio. A la salida del mercado. Luego de las visitas vespertinas a las amigas del colegio. Incluso, después de las clases dominicales de preparación para la confirmación. Allí aparecía el Buick Le Sabre en el momento menos esperado, pero en la seguridad de la sorpresa y la soledad de la calle. “Móntate chiquilla” “Hermosa flor de la mañana” o elogios similares es escuchaban al bajarse el vidrio de la limusina del licenciado. Y ella se montaba jubilosa para recibir ese aire acondicionado en la cara juvenil que contrastaba con el calor de 40 grados a la sombra de las calles de Río Blanco.

¿Que pasaba después? Pues había una historia elaborada. El licenciado siempre tenía que llegar a un sitio solitario como una granja, un negocio, una oficina con el pretexto de buscar alguna cosa que no existía o entrevistarse con alguien que nunca llegaba. Y allí comenzaba el juego de la seducción hasta que se consumían recíprocamente en placer. A bajarse a la estación, Andrea siempre recibía un “regalito” como un perfume costoso, una falda o blusa de última moda, unos chocolates que nunca había probado y hasta un celular de último modelo.

Con el tiempo el coqueteo fue disminuyendo y las cosas iban al grano. Cualquiera de los guardaespaldas llegaba a la casa de Rosa, preguntaba por Andrea y le decía vamos que el Licenciado quiere que vaya a la oficina porque le tiene un trabajo importante. Y ya Andrea estaba preparada, vestida y arreglada para el trabajo que habían acordado: Como Andrea tenía fama de tener excelente caligrafía y ser impecablemente ordenada y el licenciado era abogado, Andrea era la encargada de pasarle actas y documentos importantes de sus clientes y ella recibía una buena paga por su trabajo de asistente administrativo. Esa era la historia oficial, a los efectos de Rosa, su madre y de los vecinos. Y ella, perdida en el mar de la ingenuidad, pensaba es bueno que aprenda a ser independiente. Pero la verdad era que cualquier de los choferes dejaba a Andrea en cualquier sitio donde estuviera el licenciado y allí tenían su rutina amorosa.

Cuando Andrea tenía cerca de cuatro meses de embarazo Rosa se le acercó a la mesa donde estaba desayunando y le dijo: “Mija a usted la caligrafía le va a salir muy costosa en esta vida”. Y Andrea quedó en un profundo silencio, haciendo que no entendía nada. Repentinamente quedó paralizada. Su cuerpo entero pareció recibir toneladas de cemento porque involuntariamente detuvo todos sus movimientos, su respiración, su mirada y se perdió en el mundo de las estatuas, donde todo es inmóvil. Nada se percibe, nada se siente, nada se ve. Su cuerpo sentado, parecía una escultura. Así estuvo mucho tiempo. ¿Cinco horas? ¿Seis horas? Nadie puede decirlo. A la hora del almuerzo Andrea todavía estaba allí, inmóvil y petrificada, hasta que llegó Rosa con el doctor Goitya, le hablaron varias veces en tonos muy diferentes y la muchacha nada que respondía. Hasta que la bañaron con una extraña solución, mezcla de alcohol, té de Jamaica y Vick Vaporub y la joven se despertó bañada en sudor, pero como si no hubiera pasado, escuchado, ni sentido nada.

El doctor le dio un envase plástico para que fuera al baño y se tomara una muestra de orina, con la promesa que no agregaría nada a la muestra. Cuando Andrea se lo trajo, el Doctor se escondió en un rincón de la cocina, revolvió unas cosas en su maletín y al cabo de unos minutos le dijo con firmeza a la joven “Andrea estás embarazada” a lo que Rosa inmediatamente respondió: “Eso le pasa por tanto escribir”.

“Ahora que hago Nicolasa? Estoy nerviosa. Esto es muy raro lo que pasa con mi cuerpo. Es como si tuvieras un globo dentro de la barriga y todos los días sientes como si le echaran un poco mas aire pero también se inflama tu cuerpo. Tus pies, tus tetas. Con apenas cinco meses, a veces siento que fuera a volar. Como será cuando yo tenga 8 o 9 meses. ! Pareceré una rueda. Y ahora como se lo hago saber al Licenciado? Tu me acompañas a decírselo?

Pues mira, tu no tienes que decirle a nadie lo que todo el mundo sabe, dijo Nicolasa con una naturalidad espantosa. Aca los idas y venidas del Licenciado no pueden pasar desapercibidas por ese carro tan grande que tiene. Y mientras tú creías que nadie sabía nada, pues todo el mundo sabía dónde estaban y que estaban haciendo. Y además, tú crees que nadie te ve? Esa pelota que tu dices que tienes, pues todo el mundo te la vio antes que tú. No hagas nada ni digas nada que todo el mundo sabes que estás preñada y bien preñada. Ahórrate palabras y malos ratos y cuídate esa barriga no se te vaya a explotar antes de tiempo.

Luis Enrique Homes

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