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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie): “XIII. La Caída”. Por Luis Enrique Homes

La Caida

XIII. La Caída


“La verdad es que no se que me paso y como me cai de la manera más boba. Yo me levanté asustada al escuchar unos ruidos muy feo a mi lado, como si se fuera un tigre o un león acostado en la cama. Me voltee y vi a Omar que estaba dormido y roncando, pues como eso, como un tigre. Todavía asustada me levante y aun creo medio dormida, salí a bajar la escalera con ganas de buscar cade y allí había como algo derramado, cervezas o algo que quedó de la fiesta y allí rodé hasta abajo. No se cuántas vueltas di hasta llegar al piso de abajo, pero si senti como que la barriga se movía para todos los lados. Me golpeé la cabeza, me duele mucho este brazo porque yo trataba de proteger la barriga y comencé a pegar gritos. Pero Omar estaba dormido y con esos ronquidos, pues ni escuchaba mis gritos. Como pude, agarré el teléfono que había dado un montón de vueltas y llamé a mama. El, . no sé cómo, se apareció allí en la casa con Ignacio y entre los dos me trajeron para acá para el hospital. Yo estaba botando entre las piernas un liquido raro como sangre, aunque no era rojo, rojo, que se diga. Ahí fue cuando mamá dijo que había roto fuente. Y pues, me puse a llorar desesperada”

La caida


Así le comentaba Andrea a Jacinta con voz entrecortada, el accidente en su nueva casa recién estrenada. Estaban en la cama de emergencias, rodeada de botellas de suero y de bombonas de oxígeno. “Y el licenciado dónde está”? alcanzó a preguntar Jacinta “Pues la verdad estaba aun dormido, no se podía levantar, no se si se emborrachó anoche así que menos mal que Ignacio andaba cerca en el carro de su papá y nos trajo. Ahora me dan nervios porque el doctor que me atendió me dice que me van a hacer la cesárea para ver si pueden salvar al niño”. Un nudo se apoderó de la garganta de Andrea, hasta que expulso un grito: “Tengo mieeeddooooo”. Diosito ayúdame !” Las lágrimas comenzaron a salirle como chorros y comenzó a inundarse el piso de la sala de emergencia.
“Mija yo se por todo lo que está pasando, tenga fe y deje de llorar. Mire que si esto se inunda va a ser peor porque no la van a poder sacar ni en lanchas de acá para irse al quirófano. Además, nos vamos a resbalar todas y vamos a ser más las que vamos a estar hospitalizadas. Calmese mija que el Señor Jesús de la Divina Misericordia no la desampara. Póngase esta estampa aca en el pecho y apriete bien que de un momento a otro la vienen a buscar para salvar a la criatura.”
Andrea agarro la estampa, la apretó y dijo para sus adentro: “ayúdame señor que se salve esa criatura y si es varón, llevará tu nombre, Jesús y si es niña, el de la virgencita María. Ángel de mi guarda, dulce compañía, no nos desampares ni de noche ni de dia”. En ese momento llegaron dos enfermeros y le dijeron, vamos tenemos que actuar rápido y se llevaron a Andrea en medio de besos, despedidas y llantos de su amiga Jacinta y de su mamá Rosa.
Andrea alcanzó a decirle a Ignacio, quien estaba en los pasillos temblando de miedo, comiéndose las uñas y caminando de un lado a otro. “ Anda a la casa y avísale al licenciado lo que pasó” y el salió volando como ave que le sueltan de una jaula, a cumplir su misión. Rosa y Jacinta se quedaron allí en el cuarto de emergencia. Nerviosa, Rosa sacó un rosario que comenzó a rezar. Jacinta que nunca había rezado un rosario, solo murmuraba, a veces en voz alta, a veces en voz baja, a veces se callaba, porque no entendía el ritmo de la oración ni el propósito. Solo acompañaba Rosa con palabras tropezadas e inentendibles porque era una catarsis para los nervios. Así siguió murmurando, con altibajos de tonos hasta que Rosa la interrumpió. “Ya puede callarse Jacinta que ya el rosario se terminó hasta rato y lo que usted dice, no se le entiende, no queda más que esperar” . Se arrecostaron a la pared, y se quedaron dormidas. recostadas la pared rosada de la sala de emergencias. Era toda una escena, preámbulo a la tragedia y la esperanza. ”

Luis Enrique Homes

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