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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie): “XLVII– Las instrucciones”. Por Luis Enrique Homes

XLVII. Las instrucciones


En la vans conducida por Leticia iban otros perseguidos que desesperadamente también querían huir de Nicaragua. Era una familia de tres hermanos que habían participado de las protestas contra Daniel Ortega. Uno había estado preso y lo habían torturado indiscriminadamente a los otros dos les habían allanado sus casas y en una de esas visitas violentas, el padre anciano había muerto de un infarto, producto de las constantes visitas de la policía a la casa de sus hijos . Leticia, era parlanchina. Le encantaba conocer las historia de los perseguidos y hasta decía que algún día iba a hacer un libro con esas historias. Además era una baquiana perfecta que orientaba a los viajeros en su ruta por Honduras, Guatemala hasta llegar a México, con itinerario de buses, estaciones, paradas, recomendaciones de hospedaje y hasta comidas.

  • Mire yo soy de Matamoros y le voy a explicar que es lo que esta pasando alli. Hasta hace poco meses la gente se las ingeniaba para pasar a los Estados Unidos y se quedaba allá a la buena de Dios de manera ilegal o hasta que hiciera familia con algún americano. Otros se presentaban a pedir asilo y les fijaban una fecha de corte. No se cuantas cortes tenían, dos o tres y si les daban el asilo, pues lo dejaban pasar ya con un camino abierto para hacer sus papeles y todas esas cosas.
  • Pues eso es lo que queremos nosotros, que nos den asilo – Dijo uno de los hermano perseguido por el régimen de Ortega.
  • Si, pero es que ahora está complicada la cosa. Fíjese que el Presidente Trump ha forzado a la gente que debe permanecer en Matamoros o en otras ciudades de la frontera a que esperen sus cortes allá. Y ahora está el bendito tema de una pandemia que llaman Covid 19.
  • ¿Como de una pandemia? ¿Qué es eso? – Preguntó Andrea sorprendida.
  • Eso es como una gripa que le está dando a la gente allá, pero creo que está ahora en todo el mundo. Pero es una gripa muy fea dicen, que hace que la gente no pueda respirar y pues, los que no resisten el virus se mueren asfixiados. Por acá por estos pueblos no se conoce mucho, pero si ya está enfermando la gente Dicen que es de un virus que lo han llamado Covid 19 y por ese bendito virus la gente no puede pasar a los Estados Unidos a sus cortes y las cortes se han suspendido muchas veces.
  • Ajam y entonces qué pasa con la gente allá? Volvió a preguntar el hombre perseguido.
  • Pues mire, tienen que esperar a que esa pandemia la controlen para que puedan tener sus cortes o sencillamente la gente se desespera y se trata de cruzar el río. Pero eso es muy peligroso porque los vuelven a devolver cuando los agarra la migra o se pueden ahogar cruzando el río.

El enano de temperamento nervioso jugaba con la gorra en sus manos. Se imaginaba dando vueltas en círculo esperando a que pasara la pandemia en una o dos semanas y poder entrar a los Estados Unidos.

  • Lo que yo he escuchado de mis familiares allá es que pues está llegando mucha gente de todos estos países, Nicaragua, Honduras, Salvador, también llegan cubanos y ahora está lleno de venezolanos que salen huyendo de Maduro y están todos varados allá. El pueblo se ha convertido en un campamento cerca del puente. Todo eso está lleno de carpas, la gente duerme allí. Come allí en las carpas. Eso está lleno de familias, mujeres solas, niños, pues es como campamento. Ya se van a dar cuenta.

Andrea comenzó a sumergirse en su misma. Clavó su mirada en el camino, firmamento infinito sin destino. Se encerró en el mundo donde nada existe, nada se oye, nada se siente. Poco a poco se fue convirtiendo nuevamente en una estatua de piedra, sin que el resto del grupo lo percibiera. Solo el enano se dio cuenta de ese proceso de transfiguración, pero decidió dejarla tranquila para no llenarla de angustia. Asilado se vive mejor en medio de las feas realidades.


Leticia siguió hablando de las dificultades de estar en Matamoros y de los peligros de la frontera. parecía una conversación morbosa donde se saboreaba y mezclaba el peligro de una ciudad dominada por los carteles de la droga, la presencia de mafias dedicada al tránsito de indocumentados en la frontera con Estados Unidos y el común de la gente ( taxistas, vendedores ambulantes, farmacias, supermercados, talleres) con apariencia de legalidad, pero que responden a los intereses de la mafia o eran propiedad de ellas. El enano no entendía muy bien ese mundo, pero en un instante de luz le pareció similar al que había vivido en Río Blanco, salvo que en su pueblo, solo había nativa.


El ambiente se hizo tan tenso en la vans y la conversación estaba tan cargada de temas negativos y fatídicos, que el niño Jesús gritó estrepitosamente queriendo decir basta, no aguanto mas. Leticia se asustó y los hermanos voltearon a ver que estaba pasando en los asientos de atrás. Tuvieron la impresión que el niño se había caído dentro de la vans.


Andrea se despertó y volvió en sí y con pasmosa naturalidad dijo véngase acá mi niño, ya tienes hambre. Habían pasado seis horas de viaje ya estaban llegando a la frontera con Honduras. El niño se quedó tranquilo en los brazos de su madre.
Leticia tenía permiso de la policía de Honduras para entrar al pueblo más cercano. Llegó hasta el terminal de pasajeros. Habían unos avisos blancos y azules de Transnica y de Ticabus que controlaban la ruta de los países de Centroamérica. Leticia les indico a todos las opciones de buses que debían tomar para cruzar por Honduras y llegar hasta Guatemala. Todos se bajaron y Andrea, Julian y el niño tomaron inmediatamente el bus. Solo se detuvieron un momento para comprar agua y algo que comer. Los tres hermanos perseguidos comenzaron a dar vueltas en el terminal de pasajeros. No parecían tener prisa en abordar el autobús.


Cuando el reloj daba las cinco de la tarde, el bus arrancó, pero los hermanos aún estaban paseando por el terminal. Andrea pensó en ese momento que estaba saliendo de Nicaragua y se encaminaba rumbo a la libertad.

Luis Enrique Homes

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