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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie):“LV. The New York Times” (Penúltimo Capítulo). Por Luis Enrique Homes.

The New York Times

LV. «The New York Times«

Lo que pasó después de la separación de Andrea y de su hijo, fue parte de una larga entrevista que le hizo una reportera del New York Times a Andrea, muchos meses después de la trágica y dolorosa separación:


Yo recuerdo que cuando estaba tirada en la calle, sentí mucho calor en mi cuerpo y lo que hice fue encogerme y enrollarme como si fuera un caracol. Sentía que me estaba quemando desde una hoguera que salía de mi corazón, con grandes llamaradas y lenguas de fuego que me recorrían de pies a cabezas y me envolvían. También pensaba que eso no era una sensación mía, si no que era una realidad, que el licenciado me había conseguido allí en la calle, me había rociado de gasolina y me había prendido fuego, en revancha por haber mandado a Jesus a los Estados Unidos. Sencillamente estaba cumpliendo su promesa, porque él había prometido que me buscaría hasta el fin del mundo y si no regresaba con él, pues me prendería fuego o me haría ahogar en el río. Asi que yo estaba resignada a que ese dia era el dia de mi muerte. Pero al menos estaba segura que mi hijo Jesus iba a estar segura en Estados Unidos.


También en ese delirio de fuego y de calor, tenía la sensación de que mi madre estaba segura, que si mi abuela Petra estuviera con ella o no, pues la verdad no era tan importante para mi. Si era verdad, pues bendito Dios. Si era imaginación de ella, pues también bendito mi Dios, pues mi madre había conseguido refugio en esa leyenda y le daba tranquilidad y protección. Mi amiga Jacinta ya estaba en los Estados Unidos y ella sería la madre adoptiva de Jesus. Uno lucha por la libertad, pero no sabe si la va a conseguir. Y pues, es lo que los refugiados hacemos toda la vida. La libertad es un camino, no una meta.


Lo que más me afectó fue la muerte de Julian. Y poco a poco en mi delirio de mujer recién quemada y en proceso de recuperación, pude ir reconstruyendo esa parte de su trágica muerte, para entender lo grave de esa persecución del licenciado en contra nuestra.


Julian apareció ahogado en el río Bravo, dos días después de que dejó a Jesús cruzar el puente. Los detalles de lo que pasó, no los conozco y ya me he torturado bastante en tratar de imaginarmelos. Pero lo lógico es que el licenciado, al darse cuenta de que Julian había entregado al niño a las autoridades de Estados Unidos en el Puente, lo haya mandado a buscar, lo hayan torturado, y luego lo hayan botado en el río, como ha pasado con tantas historias por acá de gente perseguida y con destino final el río.


Hay una versión más suave y compasiva de la muerte de Julian. Como yo estuve varios días perdida que nadie sabía de mi, ni donde yo estaba, la gente dice que el penso que yo también había cruzado el rio o que me habia regresado a Rio Blanco y que al sentirse perseguido por el licenciado, el intento cruzar el río para llegar a los Estados Unidos y pues se ahogó. Yo esa versión no la creo mucho. Julian no sabia nadar y con su baja estatura no se habría atrevido a buscar una muerte segura. Además él había hecho un juramento con mi mama y conmigo, y para él ese juramento era el fundamento de su vida. Recuerdo que ese mediodía, luego de una sopa caliente, agarro un cuchillo de la cocina y se hizo una pequeña herida en su dedo gordo y nos juntó sus goticas de sangre en los mismos dedos a mi y a mi mama.


Julian fue también fiel que solo por él, Jesus pudo llegar a los Estados Unidos. Yo no hubiera sido capaz de, por mi propia voluntad, dejar a mi pobre hijo de 4 años de edad solo en el puente. Pero él sí lo entendió. Él sí entendió que mi hijito tenía que cruzar a los Estados Unidos y por eso, ese mediodía de calor y dolor, él me lo desprendió de los brazos, lo cargó como pudo en medio de su propio dolor y llanto y lo llevó hasta el puente. Fue su último gesto de amor y de heroísmo. Y si no hubiera sido por Julian y su acompañamiento desde que salimos de Rios Blanco, todos estuviéramos condenados a muerte, o mejor dicho, pues estaríamos muertos o desaparecidos. El sacerdote de por acá de esta Parroquia donde voy ahora, al saber la historia de Julian, dice que él es un mártir y pues, así lo vio yo. Él dio su vida por nosotros. ¡Dios lo tenga en su santa Gloria !.

Luis Enrique Homes

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