Letras,  Opinión

Un Luthier menos. Por Enmanuel Gerardo Camejo Zavala

Marcos Mundstock

El 22 de abril murió la voz y alma del grupo argentino (bueno, de toda Hispanoamerica y de la Europa hispano parlante) Les Luthiers, Marcos Mundstock.
Marcos Mundstock, cuenta su compañero de grupo Carlos López Puccio (uno de los tres Luthiers mas antiguos, que quedaban antes de la muerte de Marcos): «Lento en sus tiempos, el que llegaba tarde a todo, pero veloz e inmediato en sus respuestas ya se tratara de una discusión, un cruce de chistes o -en especial- de la necesidad de generar inmediatas e ingeniosas reacciones ante un imprevisto durante el espectáculo»,
«Un humorista brillante, creador de magníficos textos en prosa; personajes inolvidables y magistrales letras de canciones», señalaba el único miembro fundador que queda en la formación actual de Les Luthiers, Jorge Maronna.

Mundstock con Carlos López Puccio


Creador (y ficticio cronista) de Johann Sebastian Mastropiero, Mundstock se valía de este personaje, para darle altura a su humor culto, bien llevado, casi de filigrana.
Marcos Mundstock tenía apenas 77 años cuando la muerte, con su torpe y siempre malvenido deshumor, abrió puertas y ventanas, de su ya quebrantada salud, y se lo llevó donde nadie sabe dónde (paradoja de misterio y realidad de todo ser biológico)
Autor de buena parte de los textos del grupo, dueño de un formidable timing para los juegos de palabras, las inflexiones vocales y la actitud corporal, Mundstock fue uno de los pilares del legendario grupo humorístico-musical.

Marcos Mundstock

Excelente crónica de Marcos Mundstock y del grupo Les Luthiers, hace Eduardo Lopez Fabrega:
“Todo empezó en 1965 con Gerardo Masana y con I Musicisti, la agrupación nacida en el Coro de la Facultad de Ingeniería de la UBA; con un festival universitario en Tucumán y la presentación de la Cantata Modatón, la obra que cantaba loas a un laxante y que después se convertiría en “Laxatón” para evitar problemas con el laboratorio que lo producía. Pero eso sería cinco años más tarde, cuando lo que había sido contraseña entre entendidos empezaba a ganar popularidad y registraba sus obras en un estudio de grabación. En 1967 hubo tormentas internas y Masana, Mundstock, Daniel Rabinovich y Jorge Maronna se abrieron para adoptar el nombre definitivo. Les Luthiers ya no era solo un buen chiste entre los coros. Masana diseñaba instrumentos deformes pero afinados, Mundstock era una usina de ideas y el vehículo ideal para repasar nombres como tubófono parafínico cromático, Yerbomatófono d’amore, Contrachitarrone da gamba, Gom-horn. El caño de Marcos, esa extraordinaria voz de locutor, le daba entidad a creaciones alucinadas.
El ingreso de Carlos López Puccio, Ernesto Acher y Carlos Núñez Cortés le dio a Les Luthiers su forma definitiva, que a pesar de la temprana muerte de Masana cobró una fuerza creativa imposible de detener. Les Luthiers Opus Pi, los Recitales del ’72 al ’75 y el fenomenal doblete de Mastropiero que Nunca (1977) y Les Luthiers hacen muchas gracias de nada (1979) hicieron del Teatro Coliseo su hogar (tiempo después la masividad los llevaría a cambiar por el Gran Rex) y amasaron un público que los convirtió en religión. Como unos punks de smoking, los pibes de Ingeniería se hicieron a sí mismos, rompieron con todo molde, fundaron e instalaron algo que no existía. Se convirtieron en una de las ofertas de alta calidad de una ciudad con una cultura admirable que se abría paso desde abajo, sin grandes aparatos de difusión, opción de oro frente a un mainstream adocenado, amante de lo pasatista y lo efímero.
Sin desmerecer absolutamente ninguna de todas sus virtudes, Les Luthiers contó con un as de espadas en la figura de Mundstock. Por sus textos y por ser el relator de ese mundo inédito. Volumen 3, el disco editado en 1973, sigue siendo uno de los perfectos resúmenes de lo que encarnaba Les Luthiers. Porque está la excelencia musical de “Voglio entrare per la finestra”, “Miss Lilly Higgins sings shimmy in Mississippi’s spring” y “La bossa nostra”, pero también porque en la voz de Mundstock suenan ironías tan finas como para encantar al público y pasar inadvertidas para sus destinatarios: la monumental marcha derrotista “Ya el sol asomaba en el poniente” y la “Suite de los Noticieros Cinematográficos”, donde Marcos está en su salsa. En el mismo segmento en el que habla de los altos funcionarios militares de “la hermana república de Feudalia” y menciona en Educación y Cultura al cabo primero Anastasio López, cierra contando que “La ciudadanía toda festejó en un día de sol radiante un nuevo aniversario de la conquista del desierto. Un desfile de tropas de aire, mar y tierra rubrica la celebración con el gallardo paso de la juventud en armas para la defensa de nuestra soberanía. Cierra el desfile un grupo de descendientes de aquellos indios bravíos que poblaban las tierras patagónicas cuando el advenimiento de la civilización y el progreso. Lo escolta un batallón de policía montada, cuatro carros de asalto y gendarmes con perros y pistolas lanzagases”
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Les Luthiers

Lo cierto es que Marcos Mundstock se fué (ya sabremos donde cuando nos toque) y nos dejó un montón de anécdotas, grandes espectáculos en el recuerdo y ¡un Luthier menos!.

A continuación compartiremos cuatro videos del genial Marcos Mundstock:

El primero, una participación, en remoto, (ya estando enfermo) dentro del último Congreso internacional de la Lengua Española, realizado en marzo de 2019 en la ciudad de Cordoba, España.

El segundo, un Monólogo de Marcos Mundstock: «Encuentro en el restaurante»

El tercero, en otro monólogo: «Me engañaste una vez más»

Y finalmente, el backstage de «Las malas compañías» para la «Antología desordenada» de Serrat

Enmanuel Gerardo Camejo Zavala

En el último Congreso internacional de la Lengua Española, realizado en marzo de 2019 en la ciudad de Cordoba, España
«Encuentro en el restaurante»
Interpretando el monólogo «Me engañaste una vez más»
Backstage de «»Las malas compañías»

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