Microrelatos

DELIRIO. Por Enmanuel

Abraham, pater multarem gentium. by Salvador Dalí

Todo empezó a las puertas de una antigua iglesia renacentista, erosionada por los años (casi en ruinas), cuando absorto por su portentosa y decadente belleza, creí escuchar:

  • «¡Oh ira loca!, ¡oh codicia ciega!»

Volteé rapidamente intentanto buscar el origen de esa extraña voz, y fue cuando escuché también:

  • » En medio del camino de la vida, errante me encontré con selva oscura, en que la recta vía era perdida».

Y así supe que era el Dante o Virgilio (si así lo preferís).
Pero, ¿por qué a mí?. ¿Qué extraña disfunción temporal, me llevó a toparme con el poeta?.


Lluvia, mucha lluvia. Las calles atestadas de agua. Oscuridad, mucha oscuridad, apenas un tenue candil que se resiste al aguacero.

  • «… fría greva, de eterna lluvia, habitación maldita, donde ninguna vida se renueva»

Justo allí, donde se hace encrucijada el tiempo y partir o volver son siempre la misma cosa, tropecé con Cerbero:

  • «… animal feroz y gurvio, por sus tres fauces ladra de continuo, y es de los anegados el disturbio.
    De negro hocico y ojo purpurino, de vientre obeso y garras unguladas, muerde a las almas con furor canino…».

La lluvia deja de caer, pero un mar de sombras arropa la noche y la figura del mitológico can parece desvanecerse, dejándome a solas en el profundo abismo de mi alma.

Enmanuel

El Abismo. Ivan Jagdish

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