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Por allí está el Licenciado (Relato de Migrantes en Serie): “XXXII -El Despertar”. Por Luis Enrique Homes

El Despertar

XXXII -EL Despertar


La primera tarea de Andrea fue averiguar sobre el paradero de Jacinta. Le llamó varias veces por teléfono y sentía que ella le cortaba la llamada, en señal de indisposición. Pensó que era una buena señal. O tal vez no. Alguien desconocido tendría el teléfono de su amiga. Pero insistiría. De pronto, recibió un mensaje:
No puedo hablar. Estoy bien. Me salvó Julian. Confía en él. Luego te llamo”.
Andrea suspiró. Era un gran alivio saber que Jacinta estaba a salvo.
Pero pasaron varios días sin saber de ella. Casi por no tener salida al laberinto en que se encontraba, Andrea volvió a la rutina. Omar le pidió insistentemente que volviera a trabajar con ella, que tenía muchos pendientes en la oficina y necesitaba ayuda de confianza. Ella aceptaba a regañadientes para evitar que su volátil amante se molestara y tuvieran otro incidente más grave.
El trabajo de Andrea era rutinario. Contar billetes en efectivo, colocarlos en una máquina contadora de dinero y ordenarlos en la bóveda. A veces 20 mil dólares, a veces 40.000 y hasta un día llegó a ordenar 80 mil dólares. Cuando perdió la cuenta del dinero que había contado y vió que estaba saliendo el mismo dinero con demasiada regularidad del otro lado de la bóveda, decidió enfrentar a Omar, pero tuvo que esperar varios días para conseguir la ocasión perfecta y evitarles molestias por las preguntas sobre la procedencia del dinero.
Andrea había notado que la oficina de Omar tenía más movimiento. Llegaba mucha gente allí, a toda hora. Omar había tenido que contratar dos secretarias para organizar citas con él y a cada una les había asignado unas tareas muy específicas. Con ella fue directo y autoriario como siempre:

  • Tu no tienes que contarle a nadie lo que es tu trabajo y no tienes que preguntarle a ellas lo que hacen. Cada quien hace lo que le corresponda sin estar pendiente de lo que hace la otra.

Terminando la oración con una sonrisa cínica:

  • Calladitas, se ven mas bonitas.


Omar le había comentado que el Jueves estaría trabajando en la oficina y Andrea pensó que era un buen momento para prepararle una buena cena. Le dijo a mamá Rosa que le enseñara a preparar un buen caldo de gallina que ella solo preparaba en ocasiones especiales, así que se dispusieron a hacer eso en la tarde. Cuando ya estaba la sopa casi lista, ella quiso bajar para darle la sorpresa al licenciado. Bajó las escaleras con entusiasmo a la oficina de Omar, cuando se dió cuenta que no había nadie en la parte debajo. Cuando fue a tocar la puerta para entrar, se dió cuenta que él estaba hablando con alguien.

  • Solo tienen que decirle a la gente que deben viajar tranquilos y sin moverse mucho. Mejor dicho, sin moverse para nada. Cuando el camión baje la velocidad o esten pasando por alguna alcabala, pues tienen que ordenarle que hagan completo silencio. Nadie puede hablar. Tampoco pueden moverse como si fueran ganado o animales.


Andrea retrocedió con temor. Se sorprendió de lo que estaba escuchando y quiso salir corriendo antes que alguien abriera la puerta. Pero decidió quedarse. Se dio cuenta que nadie hablaba y respondía a Omar, por lo que entendió que se trataba de una conversación por teléfono. Volvió a acercarse a la puerta y continuó escuchando.

  • Ustedes deben darles unas palabras claves a la mercancía para que ellos sepan cuándo pueden hablar entre ellos o puedan responder a cualquier pregunta que les hagan. O ponerles una canción cuando ellos la escuchen, sepan que pueden hablar o moverse. Mientras tanto, que se callen la jeta. Bien calladitos la jeta. ¿Me entiende Silvano?


Nuevamente interrupción, esperando la respuesta o reacción de otra persona al otro lado del teléfono. Omar volvió a dar las instrucciones.

  • Si, muy bien, así es. Por ejemplo, cuando han descubierto el cargamento de la competencia es porque llegan a las alcabalas y la guardia que no está controlada o es nueva, da golpes con fuerza al camión y uno de los oficiales les pregunta a la mercancía “Epa tienen hambre”? O “Quieren agua”? Y pues los pendejos de adentro gritan “Siiiiiiii” y nada allí mismo se caga la jaula. Nada de eso puede pasar con nosotros Silvano. Así que están advertidos. este negocio no es para pendejos.


Andrea sintió miedo de lo que estaba escuchando. Escucho un ruido dentro de la oficina como el movimiento de una silla giratoria y salió corriendo. Cuando subía las escaleras a la casa, se asomó al patio y vio dos camiones tipo cava estacionados. Entró en pánico y aceleró la marcha a la casa con la intención de comentarle a Rosa la conversación, pero cuando abrió la puerta, vio que su hijo Jesus estaba jugando con el enano Julian tirados los dos en el piso, como si fueran niños de la misma edad .
Esperó un momento para enviarle un mensaje de texto a Omar, invitando a que subiera a cenar. Pero no respondió. Así que le dijo a Julian que si quería quedarse a comer con ellos y dijo sin pensarlo dos veces: “pues si, ya yo salí de trabajar y el Padron me dijo que no me necesitaba. Él tiene otra cosas que hacer y se va a ir con el grandulón cuando termine sus afanes”
Andrea se acercó a Rosa y le dijo al oído.

  • Después que Julian se tome la sopa, nos quedamos a hablar con él.

Luis Enrique Homes

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