Música

Escuchemos al «Cielo». Por Delfos

El Cello

El violonchelo o violoncello (abreviado a menudo el primer término bajo la forma chelo, «Cielo» en español) es un instrumento musical de cuerda frotada, perteneciente a la familia del violín.


Los precursores del violonchelo aparecieron en la primera mitad del siglo XVII en Italia no como descendientes de la viola da gamba (‘viola de pierna’), sino que pertenecen a la familia de los violines, y nacieron de la viola da braccio (‘viola de brazo’), hacia el 1530, apenas unos años después que el violín. Para la fabricación de estos nuevos instrumentos, usaron características de otros, como el rabel, aunque este solo tenía tres cuerdas. Está demostrado, además, que no tuvo nada que ver con la familia de las antiguas violas (como la viola da gamba, por ejemplo), ni en la construcción, ni en la técnica, ni en la interpretación.

Origen del Cello


En la primera época, había más instrumentos similares al violonchelo, como por ejemplo el violón, que se usaba como bajo continuo. Además, había otros como violonzino o basset, que pertenecerían a la misma familia pero se interpretarían de distintas maneras o tendrían otros tamaños o número de cuerdas distinto.

También existía la viola d’amore (viola de amor), por ejemplo, cuyo origen es distinto pero que recuerda al violonchelo en cuanto a su interpretación (con arco) y a su sujeción. Al principio se sostenía sujetándolo con una cuerda a la cintura, o bien sobre el hombro (da spalla), o bien entre las rodillas o en el suelo. Había muchos tipos distintos de violonchelos, desde los tenor, a otros de tamaños mayores, con distintas tesituras y diferentes formas de sujeción.

“El sonido del Cello busca imitar la voz humana estando ubicado en la octava natural de la voz de un tenor, (aunque su rango de tesitura si se explota al máximo es muy amplio, genera graves profundos y agudos aterciopelados), posee un sonido cálido y melancólico, respetable, sublime y divino, digno representante de su nombre y virtud”. (Fonti)


La primera música dedicada específicamente al violonchelo solista fue escrita en Italia alrededor de 1689 (Ricercari e canzoni, de Domenico Gabrielli, y Sonare, de Jacchini). Hay que llegar hasta Beethoven para que este instrumento sea apreciado en su justo mérito en la orquesta

Su tono es rico y sonoro, y sus cuerdas altas tiene una cualidad melódica inconfundible. El cello se adapta perfectamente tanto a la intimidad de un cuarteto de cuerdas como a una orquesta.
(Fuentes: Wikipedia, El Atril, Cello.org)


Pero el Cielo (Cello), solo se conoce cuando se toca o interpreta desde el Alma, o simplemente se escucha en la soledad de una noche estrellada.

Escuchemos, entonces, al «Cielo».
Delfos

Mischa Maisky
Hauser
Camille y Beatrice

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