Opinión

Pendejadas 2da parte. ¡Es mejor ser pendejo y reconocerlo, que saberlo y no aceptarlo!. Por Miguel Alberto Zurita Sánchez

Cuando Michael Fuoco, el autor del artículo original donde se mostraba la noticia del caso de la “invisibilidad de McArthur Wheeler”, encontró la historia tan irreal, que decidió continuar investigando.
Fuoco cuenta cómo charló con diversos agentes de la policía de Pittsburg, que estuvieron involucrados en el arresto de Wheeler. Fue el comandante Ronald Freeman quien le aseguró a Fuoco, lo de los experimentos con la Polaroid, y el sargento Wally Long dio algunos detalles extras — “Aunque Wheeler reportó que el zumo de limón estaba quemándole la cara y los ojos, y que estaba teniendo problemas (para ver) y que tuvo que entrecerrar los ojos, él había probado la teoría, y parecía funcionar”.
Por increíble que parezca, esta noticia es un hecho documentado, y sucedió en realidad. Como ya es sabido, este acontecimiento fue el que inspiró a David Dunning para invitar a Justin Kruger a realizar un estudio, con el auspicio de la universidad de Cornell, el cual fue publicado en 1999 en la revista Personalidad y psicología social, bajo el nombre “Inhabilitado y sin saberlo: Cómo la dificultad para reconocer la incompetencia de uno mismo conduce hacia infladas autoevaluaciones» (Unskilled and Unaware of It: How Difficulties in Recognizing One’s Own Incompetence Lead to Inflated Self-Assessments). Un estudio que se haría bastante famoso en el mundo de la psicología, con los resultados de su investigación pasando a ser conocidos simplemente como “el efecto Dunning-Kruger”.
En resumen, se encontró que entre más incompetente en el área se era, más se tendía a sobreestimar la habilidad general, que se tiene sobre la materia y sobre el desempeño que se hace de la misma. Los menos graciosos se consideraban más graciosos, cuando en realidad se encontraban muy por debajo de la media, lo mismo con los que eran menos eficientes, en cuanto al razonamiento lógico y la gramática.
En el estudio se plantea, que las habilidades que son necesarias para reconocer un escaso o pobre desempeño de cualquier índole, son en primer lugar las mismas habilidades, que se necesitan para poder realizarlo de manera correcta; es decir, uno no podrá reconocer una decisión estúpida, porque todavía no se han adquirido las habilidades necesarias para tomar una decisión correcta.
Ahora bien, también se aclara la existencia de límites, no en todos los campos se considerará un individuo superior a la media. Probablemente cualquiera admitirá que, estudiando una ciencia determinada, no sabe de otra u otras ciencias o cualquiera de sus ramas. De hecho, para que alguien se sobreestime debe tener, dependiendo del estudio, aunque sea cierto grado de conocimiento sobre el tema, o cierto tipo de introducción en éste, para que llegue alguien a considerarse como extremadamente capaz. Aun siendo muy pequeño el grado de conocimiento.
Dunning y Kruger hablan paradójicamente, en el sentido de que, “la manera de hacer que los individuos incompetentes puedan darse cuenta de su propia incompetencia, es haciéndolos competentes”. Desde luego que, adquirir competencia no significa que, necesariamente, la persona debe convertirse en un experto para entender, que no se tiene la habilidad suficiente como para realizar algo, lo que si hay que tener, es el conocimiento suficiente para reconocer que no se tiene el conocimiento suficiente. No obstante, hace falta conocer bien, ese algo para saber cuándo, cómo, dónde y por qué nos hemos equivocado. Dicho de otra manera, hay que tener un poco de humildad.
Hay muchas personas que dicen o jactan de ser buenas escribiendo, pero resultan demasiado repetitivos en sus trabajos, con muy débiles aportes argumentativos, y aun cuando se les muestra dónde está el error, no comprenden el por qué y, de todas formas, continúan pensando, que alguien está en su contra, por ser tan “buenos” escribiendo. O personas que creen, que por haber leído unos cuantos libros, de las quince sagas de Joanna Rowling, están en condiciones para poder construir una novela, aunque, sin lugar a dudas hay que admitirlo, que pueden existir sus excepciones.
Dunning y Kruger, ante esta situación, hacen la siguiente pregunta: “¿Entonces por qué no han aprendido?” La respuesta es, que para que este aprendizaje ocurra, debe existir la recepción de mucha y buena calidad de retroalimentación negativa, acerca de las habilidades y capacidades en la vida cotidiana. Eso además de que, desde niños, se nos enseña, inculca o se nos hace familiar, de alguna manera, la expresión «si no tienes nada bueno que decir, mejor cállate». De igual manera, la ocurrencia de algunas situaciones impide recibir, a la persona, información autocorrectiva del subóptimo desempeño de sus acciones y decisiones, es decir que por alguna causa, motivo, razón o circunstancia la persona no obtiene el feed back de su desempeño, aunque este no haya sido el óptimo.
Al respecto Dunning y Kruger establecen: “Incluso si las personas reciben retroalimentación negativa, necesitan llegar a un adecuado entendimiento sobre por qué ha ocurrido la falla. El asunto con la falla es, que está sujeta más hacia a la ambigüedad atributiva que al éxito, pues para que el éxito ocurra, muchas cosas deben resultar bien: la persona debe ser habilidosa, realizar esfuerzo, y, tal vez, tener un poco de suerte. Para que el fracaso ocurra, la ausencia de cualquiera de estos componentes es suficiente. Debido a esto, incluso si la gente recibe retroalimentación, que indica una falta de habilidad, podrían atribuirlo a otro factor”.

Retroalimentación

¿Por qué es que los pendejos creen no serlo, y en general, por qué no dejan de serlo?


En psicología también existe algo llamado teorías implícitas, a las que se identificán como TI, las cuales son también conocidas como teorías ingenuas o “de sentido común”. Esto hace referencia al hecho de que no son teorías científicas. Pero, en sí, las teorías implícitas son definidas de la siguiente manera:
“Un conjunto de creencias que un individuo posee respecto a cómo son las personas, la naturaleza humana y/o los grupos sociales. Estos conocimientos se organizan de modo más o menos coherente y establecen relaciones entre los diferentes aspectos de la realidad” (Estrada, Oyarzúm, e Yzerbyt, 2007).
“Las teorías implícitas, son conexiones entre unidades de información aprendidas implícitamente, por asociación y a partir de experiencias en grupos sociales reducidos, con el fin de inferir sobre sucesos y planificar el comportamiento. Es muy difícil que cambien…” (Inostrosa y Quijada, 2001).
Estrada y su equipo proponen los siguientes tipos de teorías implícitas:
 Sobre la personalidad
 Sobre la naturaleza humana y
 Sobre la naturaleza de los grupos sociales
En las TI sobre la personalidad, se hacen inferencias sobre la persona a partir de lo que se conoce de ella; es decir, la idea o concepto global que nos formamos de una persona. Ejemplos de ello: Estereotipos, prototipos o prejuicios.
“La existencia de TIP parece responder a nuestra necesidad de ‘conocer’, ‘controlar’ y ‘predecir’ el comportamiento de quienes se encuentran en nuestro ambiente social” (Estrada, Oyarzúm, e Yzerbyt, 2007).
Las TI sobre la naturaleza humana son las ideas generales sobre el humano en sí, y aquí se engloban todas las teorías sobre la bondad y maldad de la humanidad, su maleabilidad, su forma de ser, etc. De igual forma se incluye al locus de control; que hace referencia al grado en que las personas sienten que tienen el control de lo que ocurre en sus vidas, desde un evento rutinario hasta una situación de peligro. Las personas atribuimos el “mando de nuestro destino” o bien a nuestras propias decisiones o capacidades (locus de control interno) o a fuerzas externas, como Dios, la suerte o el karma (locus de control externo). Así, las TI sobre la naturaleza humana también incluyen a la inteligencia, el carácter moral y en general la concepción del mundo. Esto resulta en la teoría implícita entitativista; es decir, centrada en el individuo y su identidad general, y la teoría implícita incrementalista, es decir, abierta a la interpretación en base a las circunstancias, con juicios no de causa-efecto, sino de proceso.
Las TI sobre la naturaleza de los grupos sociales, surge de la base de que el hombre es un ser social por naturaleza, solo por el hecho de ser humano, el individuo siente la necesidad de reunirse o más bien conformar o crear su grupo social, siendo esto lo que dio paso a la existencia de la civilización.
Sin embargo, vivimos en una sociedad bastante despersonalizada e individualista, y, por la ley del menor esfuerzo, en nuestra cotidianidad, preferimos lo fácil a lo complejo, y tendemos a intentar hacer más con menos, por eso tendemos a generalizar, para asimilar con mayor facilidad el entorno y a los demás. Creemos entender al otro y los otros por conocer cosas banales. Jacques Lacan decía, que tan solo el nombre de un individuo se vuelve sinónimo de éste, aunque no sea representativo del mismo; quiere decir, el que alguien se llama de tal manera, no da ningún indicio sobre la identidad y la individualidad del sujeto, y aun así nos predisponemos a que lo sea.
Ejemplos de la mala interpretación, que somos capaces de hacer, sólo por saber el nombre una persona.
¡Ma Auxiliadora, es angelical, ella es una santa! Por el hecho de tener el mismo nombre de La Virgen María, sin embargo ¿Todas las Ma Auxiliadora, son angelicales o santas?
¿Cuál es su nombre señor? Pregunta A
Arquímedes Rivero. Responde B
Pero, yo lo hacía alto, esbelto, bueno mozo, sexi. Comenta A. Lógicamente, creía que era Martín Valiente.
El hábito no hace al monje
Se cree que este refrán tiene su origen en la época en la cual los monjes solían vestir de gala, como San Norberto y San Bernardo, que usaban yelmo y espuelas doradas, y por ello ofrecían, más bien, el aspecto de caballeros que el de eclesiásticos.
El término hábito presenta dos acepciones básicas:
Una es aquella, que lo presenta como una práctica cotidiana, de donde se desprende lo habitual o la palabra habitual.
La otra, nos dice que se trata de un determinado aspecto exterior, más precisamente de la indumentaria, que lucen algunas personas dedicadas a cuestiones religiosas.
El contenido de la prédica nos precisa, que una persona no debe ser juzgada o evaluada por su apariencia, sino por sus hechos, pues hay monjes o sacerdotes que visten los ropajes más adecuados, pero que dejan mucho que desear en su vida diaria. “No se debe juzgar a un libro, por su portada”.
Extendiendo el concepto al uso de la sociedad, tenemos que se aplica a los casos en que, por ejemplo, una persona ostenta un cargo pero que, en verdad, no reúne las cualidades que debería tener para ocupar el mismo.

Despersonalización e individualización social

Pero, volvamos a las TI. Es natural que un pendejo no pueda dejar de ser pendejo, cuando todos nos regimos por el mundo a base de heurísticos; es decir, soluciones y patrones de acción sobre generalizados. Esto es normal, ya que nos ayuda a encontrar a veces soluciones más rápidas y sencillas, y nos evitamos muchos rollos. Estos suelen funcionar en muchos casos, pero recordemos que las habilidades necesarias para reconocer la incompetencia, son las mismas habilidades que se necesitan para desenvolverse eficientemente, donde la incompetencia debe reconocerse. Bien así, terminamos realizando acciones incorrectas, inconexas, ineficaces y estúpidas en base a la toma de decisiones, igual de inútiles, gracias a que vivimos ignorando la ignorancia que tenemos, así como el Señor McArthur Wheeler fue tan pendejo como para hacer lo que hizo.
Ahora bien, las acciones del Señor Wheeler parecen increíbles y quizá únicas, sin embargo la misma revista donde se presentó esa noticia, también menciona el caso de un pendejo, que se presentó en un restaurante de comida rápida para llenar una solicitud de empleo, en donde dio sus datos: nombre correcto, número del seguro social y domicilio. Unos minutos más tarde decidió regresar a robar el lugar.
También están una gran cantidad de casos de pendejos, que se visten de mujer para ir a robar dinero, creyendo que el estúpido disfraz puede funcionar. O el caso del imbécil que inició sesión de Facebook en la computadora de quien estaba robando y después fue arrestado por ello. Peor aún: la mujer que quería bajar rápido de peso y puso en práctica la increíble idea de ingerir una lombriz solitaria para bajar rápido de peso, puesto que OBVIAMENTE, como las solitarias no te dejan engordar.
Nuestra propia incompetencia nos protege de reconocer nuestra propia incompetencia al realizar incompetentes desempeños, y así seguiremos pensando que nos hemos desenvuelto suficientemente bien, igual de bien que los demás, o incluso mejor que la media, es así de simple.
En otras palabras, podremos llegar, cagarla, hacer un ensarte de pendejadas y retirarnos tan alegres y felices, tal y como llegamos, creyendo que la pusimos bien, que la pegamos del techo, que la rompimos, como dicen los argentinos, o nos la comimos. Sin darnos cuenta, que ya hemos impreso socialmente, nuestra firma, huellas y foto en el libro de los pendejos, ante los demás, pues sólo llegamos para joder y ni cuenta nos dimos. Como comentan Estrada, Oyarzúm, e Yzerbyt, todo por la bendita tendencia de “conocer, controlar y predecir”.
Por eso mismo, una persona que, como jefe, se siente superior, le gusta molestar o no ayuda a los demás, generalmente dada su posición superior, puede ser un pendejo, aunque sea muy competente, pues teniendo todas las competencias necesarias, para su cargo y desempeño, no sabe cómo interactuar. El pensará que se ve muy imponente con su pedantería, pero en realidad es un idiota ya que ignora su incompetencia social. Además, sus teorías implícitas le llevan a pensar muy dicotómica y polarizadamente. Es completamente un entitativista, que cree que lo sabe todo por conocer los rasgos más perceptibles de los otros. Sin embargo él no es el único entitativista, porque todos lo somos, ya que al cerebro no le gusta batallar con la información. Esto no quiere decir que podamos ser ambos, entitativistas e incrementalistas, aunque a veces seamos más uno que otro.

Incompetente social

En resumen:


Todos somos pendejos a nuestra manera, sólo que algunos sabemos lidiar con ello, para ser menos pendejos cada día, y otros ni siquiera sabemos lo pendejos que somos. Como dijo Charles Darwin “La ignorancia, más frecuentemente, engendra más confidencia, que conocimiento”.

Mi opinión


En este navegar, los he llevado a recalar a la historia de McArthur Wheeler, el famoso pendejo de la teoría de invisibilidad con el uso de zumo de limón ¿Cómo no hacerlo? si es un clásico de la historia de la pendejez, por lo menos para toda América, pero lo importante no es el hecho en sí, sino a lo que dio origen, como fue “el efecto Dunning-Kruger”, es decir la evaluación y estudio de un sesgo cognitivo, por un lado atribuido a una inhabilidad meta-cognitiva del sujeto de reconocer su propia ineptitud, mientras que por otro lado, los individuos competentes asumen, falsamente, que otros tienen una capacidad o conocimiento equivalente al suyo.
Es posible o bastante probable, que hayamos entrado en aguas completamente desconocidas y profundas, pero también nos dejan mucho más claras las razones por las cuales, por ejemplo, actuamos en una conversación, como supersabelotodo, ante un tema desconocido para nosotros, nos hacemos ideas erradas de la gente, por el simple hecho de ver como se visten y encuadrarles en un prototipo de persona pre establecido. Podemos reconocer además, que toda información tiene una connotación positiva y negativa a la cual se liga un juicio generando las atribuciones disposicionales, dando explicación sobre la causa de un acontecimiento, localizada en la persona que realiza la acción, como el caso de la teoría implícita entitativista y la maleabilidad constante que se desarrolla, sin una partida de aspecto positivo o negativo; si no la integralidad de la información, que no tiene relación con la causa- efecto, sino más bien con el proceso, como la teoría implícita incrementalista.
Con esta información, creo que tenemos menos excusas, para ser más pendejos de lo que somos, pues si ponemos en práctica estas enseñanzas, deberíamos ir deslastrándonos de nuestra pendejez, aguda en muchos casos, e ir dejando de ser menos ignorantes de nuestra ignorancia, por lo tanto menos incompetentes al reconocer nuestras incompetencias.
Evidentemente, que como todo en la vida, hay que acudir a una condición clave, para lograrlo, la cual es: Aceptar la retroalimentación con HUMILDAD, de otra forma no seremos más que unos pendejos nadando en contracorriente en un crecido y caudaloso río.
Es decir que “La aceptación de nuestras incompetencias e ignorancia, con humildad, es la única forma de ser cada vez menos pendejos”.

Frases para reflexionar


“El que se ocupa de otras cosas que no sean mejorar su propio ser, se queda perplejo en la oscuridad y enredado en la ruina. Sus espíritus malignos lo sumergen profundamente en los vicios y hacen que sus malas acciones parezcan hermosas”. Ali ibn Abi Talib
“Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser más, eres un líder”. John Quincy Adams
“El fracaso es simplemente una retroalimentación de que hay algo que bloquea el camino de la aparición y expansión de la mejor versión de ti mismo”. Madre Teresa
“Como nadie es capaz de saberlo todo, no hay más remedio que elegir y aceptar con humildad lo mucho que ignoramos.” Fernando Savater
“Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes”. Charles Dickens

Me despido con una frase de William Shakespeare, quien fue un dramaturgo, poeta y actor inglés. Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon, es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal.

Miguel Alberto Zurita Sánchez. ¡No Más MGF´S! Coro 23 / 05 / 2.020.

«Pendejos» Facundo Cabral

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