Opinión

«¡Un mar de conocimientos! ¿Y cuánta profundidad?» Por: Miguel Alberto Zurita Sánchez

¡Un mar de conocimientos!     ¿Y cuánta profundidad?

En estos días, un muy querido, apreciado y respetado amigo, además a quien considero mi hermano, me hizo la siguiente recomendación, acerca de lo extensos que suelen ser mis escritos, específicamente los que hago para ésta página “trata de ser más conciso, en lo que escribes”, mi respuesta inmediata, fue darle las gracias, por la recomendación y observación, sin embargo me puse a pensar y luego de varias horas decidí mas bien escribir algo, que de razones por las cuales, mis escritos son extensos.

No soy periodista, ni comunicador social, ni aspirante a serlo, sin embargo, al publicar algún escrito, en cualquier elemento de las redes sociales considero que, de alguna manera, me hago un ”comunicador social” lo que me obliga a ser los más respetuoso, serio y responsable posible, por el hecho de que estoy escribiendo para personas, de cualquier nivel o grado de información, que éstas manejen, por otra parte además, estoy aprovechando la oportunidad para buscar la motivación e interés de los lectores a ahondar o profundizar, en cualquier tema que deban desarrollar, en el momento en el cual les corresponda.

Decía, en el anterior párrafo, que no soy periodista ni comunicador social y que sin embargo al publicar algo a través de las redes sociales, me hago uno de ellos (comunicador social) y siendo así, no puedo hacerme partícipe y aprobador de un viejo adagio, usado por profesionales y estudiantes de otras carreras, en mi opinión extremadamente peyorativo, según el cual los periodistas y comunicadores sociales, y los estudiantes de estas carreras, poseen “un mar de conocimientos de un centímetro de profundidad”.  

Esa expresión se refiere, básicamente, a que los comunicadores hablan y escriben de muchos temas, pero no dominan ninguno. Pueden hablar de cualquier tema, pero solo de modo superficial. De allí el «mar de conocimientos» pero con una profundidad de «un centímetro», de manera que, en ese sentido y punto de vista, al ser algo extenso, busco darle cierta profundidad a los temas desarrollados, sirviendo a la vez, al lector, de ampliar o reforzar su léxico y conocimiento.

En otro orden de ideas, pero con el mismo fin, he ido explorando y creando, mi propio estilo de redacción y narración, para ello acudo a la mezcla de la figuras literarias como la metáfora, el símil,  la hipérbole, la metonimia (es una figura literaria en la cual una cosa o idea es designada con el nombre de otra cosa o idea, con la que tiene algún tipo de relación semántica, p.e.: “Me comí dos platos”) , la sinécdoque (figura literaria que se usa para nombrar una cosa, persona o situación con otras palabras diferentes a las habituales, p.e.: “Trabajo para ganarme la vida”), la anáfora (figura literaria, que se emplea para otorgar al texto escrito, una mayor belleza o mayor potencia expresiva, p.e.: “Sube por ese camino, sube y vuelve a subir, hasta conquistar la cima”), etc, a los conceptos, tipos y características del conocimiento hasta el Zeteticismo (es la aproximación crítica, no dogmática, pero con mente abierta y curiosa sobre diversos fenómenos, teorías e hipótesis no ortodoxas dentro de la ciencia).

“Creo que la lectura es opcional, por lo tanto profundizar en ella también es opcional, así como aprender de ella”.

En el mundo de hoy, donde la prisa y la tecnología, entre otros factores, bajo la excusa de ser nuestras necesidades, nos pretendan hacer creer que la vida es práctica y simple y, con ese cuento, poco a poco han ido encaminando a las sociedades hacia lo instantáneo, p.ej.: sopa deshidratada, alimentos comprimidos, velocidad de transmisión de datos, etc, ese comportamiento, ante las necesidades creadas, nos ha transformado en “simples-prácticos”

En ese mundo práctico y simple, se nos introdujo la pereza para pensar, razonar, inventar, innovar, surgieron, en su momento slogans publicitarios como  “Nosotros pensamos por Ud” y, hoy en día, la holgazanería para pensar, ya se ha hecho genética.

Analicemos la siguiente situación, para poner en contexto todo lo antes dicho.

Vayámonos a un paseo a la playa, con intensión de bañarnos.

Una vez que lleguemos y, por supuesto, estemos en condiciones de entrar al mar, por lo general;

Lo primero que hacemos es tocar el agua, con el objeto de sensar si está el agua fría o cálida.

Acto seguido, nos damos cuenta como está el oleaje, si está bajo y suave o alto y fuerte.

Luego vemos si hay corrientes y hacia donde se dirigen.

Invitamos o convencemos a alguien, para no bañarnos solos.

Nos metemos unos, caminando muy lentamente otros lo hacen corriendo y saltando sobre las olas, para luego lanzarse de barriga sobre el agua.

Hasta aquí, todos o casi todos, hacemos lo mismo, pero luego viene la diferencia y esta se transforma en pregunta ¿Hasta dónde llegamos?

Unos hasta el ombligo, otros hasta el pecho, otros hasta los hombros o cuello, otros dando pequeños saltos continuos van un poco más profundo y otros se lanzan a nadar.

¿Te haz hecho alguna vez la pregunta, del por qué todos tenemos un tipo de comportamiento parecido a los mencionados anteriormente?  

La respuesta, todos y cada uno sabemos y conocemos, hasta que profundidad podemos llegar, sin comprometer nuestra integridad física y no dejamos de sentirnos seguros, muy a pesar de que el mar esté tranquilo y sereno y el agua transparente, es decir que provoque e invite a su rico disfrute.

Pasa de forma similar, a cuando nos encontramos delante del mar del conocimiento, cada uno de nosotros llegamos a la profundidad a la cual nos sintamos cómodos y no pongamos en riesgo nuestra tranquilidad o quietud de pensamiento.

¿Cómo ponemos en riesgo nuestra tranquilidad de pensamiento? Al leer y encontrarnos con algo que nos cuestione, que nos remueva interiormente, que nos llame la atención, que nos inquiete o nos haga reflexionar; al encontrar en la lectura algo que nos subyugue o provoque.

Cuando llegamos a ese punto, hay como mínimo dos opciones, quedarnos en el sitio, a esa profundidad cómoda o lanzarnos a nadar hacia mayores profundidades.

Comentaba, más atrás, que he ido creando mi propio  estilo de narración y redacción, gracias al uso de varios recursos, los cuales voy mezclando en la medida de mis necesidades de hacerme claro y, al mismo tiempo, didáctico en mis comunicaciones, por eso encontrarán en mis escritos el uso del conocimiento vulgar mezclado con el científico y a su vez con el zetitecismo o  simplemente el vulgar con el zetitecismo.

Lo que creo importante de todo esto es que,” la escritura creativa, no es un dogma ni está reservada, exclusivamente, para los escritores consagrados, por lo cual de ella me valgo, para comunicarme, interactuar y aprender- ensañando”.

“El verbo leer, como el verbo amar y el verbo soñar, no soporta el modo imperativo”.  Daniel Pennac.

“Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. Jorge Luis Borges.

¡Me despido con un gran maestro de la Literatura Universal!:

«El que lee mucho y anda mucho, amigo Sancho, ve mucho y sabe mucho»

Miguel de Cervantes Saavedra

Miguel Alberto Zurita Sánchez – Coro 17 de Septiembre de 2019.

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