CIEN MIL VISITAS

LOS GRINGOS ESTAN EN LA LUNA. (La teoría del falso viaje a la luna). Por Osiris R. Betancourt Bruges

Osiris R. Betancourt Bruges

Dedicado a mi tía Silvia, a quien su corazón agreste la hacía sensible al conocimiento.

Cuando era niño vi por televisión el viaje del Apolo 11 a la luna. El mundo se detuvo
-literalmente- porque todos se ocuparon de ver en la pantalla el fascinante momento en que el hombre tocaba el suelo lunar.

Recuerdo que luego de ver el despegue salí a la calle y la vi sola, absolutamente sola; luego entre nuevamente a la casa anunciándole a todos que había visto pasar el cohete en el cielo. Esta fantasía infantil no duró mucho, por que mi tía Silvia –mujer que solo tenía estudios elementales pero una inteligencia audaz y admirable- dijo en una oportunidad que ese viaje era una mentira. Este comentario me sembró la duda para siempre. El boom comercial, mediático y cultural que generó este suceso no daba chance a la duda: prensa, juguetes, libros escolares, helados, documentales, conferencias y otros elementos alusivos le confirmaban al mundo que sí fue cierto este viaje; que los Estadounidenses eran capaces de cualquier cosa y que un comentario sobre la veracidad del viaje no era mas que una necedad. Sin embargo hoy existen muchos estudios e investigaciones serias que proponen la teoría de la falsedad de este viaje y consideran esta mentira una burla para la civilización.

«No hay nada oculto que no vaya a ser revelado»
La Biblia, Mateo 10:26.

CUANDO LA LUNA ERA DE QUESO

Luna de Queso

Después que el hombre descubrió y entendió el fenómeno de la gravedad comenzaron sus especulaciones en torno a ella: primero para vencerla, luego para volar y finalmente para salir del planeta. Además, salir del planeta requería un destino, que razonablemente debería ser la otra orilla más cercana: la luna.

Humanos alados y con poderes sobre naturales son las primeras referencias de vuelo que se registran en las literaturas antiguas de todas las culturas; la imaginación humana vio una posibilidad de volar al exponer el concepto de antigravedad. Se propusieron instrumentos y equipos capaces de neutralizar la gravedad y volar, y la luna se acercó más a la realidad humana. Sin embargo no fue con la idea de la antigravedad que el hombre voló; en algún momento se entendió que la manera posible de lograrlo era disparándose como un proyectil (como las flechas, las lanzas o piedras) con un gran impulso inicial. El proyectil de cañón fue el primer elemento tecnológico que hacía factible la idea de llegar a la luna, que podría vencer la gravedad e imaginar tal viaje. Sin embargo para esa época se creía que un humano no resistiría el ser lanzado dentro de un proyectil tal y menos construir uno capaz de hacerlo.

LA CIENCIA FICCIÓN LLEGA A LA LUNA

Viaje a la Luna (1902)

La primera propuesta sobre la posibilidad técnica de un viaje a la luna apareció en la novela de ciencia ficción «Voyage to the Moon», del escritor británico George Tucker (su seudónimo era Joseph Atterley), editado en 1827. Decía de un metal llamado «lunarium», opuesto al plomo, y que tenía la propiedad de ser repelido por la Tierra y atraído por la luna. Su nave imaginaria estaba recubierta de este metal y, gracias a este, así llegaba a la luna. Edgard Allan Poe relató un viaje a la luna utilizando un globo, en su libro «Aventura sin par de un tal Hans Pfaall», publicado en 1835. J. L. Riddell escribió «Orrin Lindsay´s Plan of Aerial Navigation» (1847) en el que describía el uso de un campo antigravitatorio que le permitía llegar en su nave a la Luna. Una idea mas trabajada, aunque no menos fantasiosa, es la de James Hinton, escribió «The History of a Voyage to the Moon, with an Account of the Adventurer´s Subsequent Discoveries» (1864, bajo el seudónimo Chrysostom Trueman), utilizando un concepto similar al de Tucker: usando un mineral llamado “repellante”, extraído de las montañas de Colorado, USA, desarrolla una nave que además se impulsa con propelentes y alcanza la luna.

Pero fue Julio Verne el que se aproximó más a lo factible, describiendo una cápsula espacial que era disparada hacia la luna por un cañón que detonaba 68.000 toneladas de carbón. Lo expuso en la novela titulada «De la Tierra a la Luna» (De la Terre à la Lune Trajet direct en 97 heures), publicada en Francia en el “Journal des débats politiques et littéraires” del 14 de septiembre al 14 de octubre de 1865. Causó gran revuelo en los lectores franceses.

Curiosamente el primer viaje “real” a la luna se hizo de una manera casi idéntica (guardando las distancias) a lo expuesto en esta historia… 105 años después. Pero analicemos esto mas adelante.

Es notable también la novela sobre un viaje a Marte, de Percy Greg, denominada “Across the Zodiac: the Story of a Wrecked Record” (1880), en la que utiliza el concepto antigravitatorio, que lo descubre como una propiedad de un material llamado apergión. Relata el encuentro con una nave llegada del espacio que se estrella, en la que encuentra un manuscrito que describe el secreto de este material. En esta novela se usa por primera vez el término astronauta.

DE LA FANTASÍA A LA SUPUESTA REALIDAD

Cohete V2

El primer intento real de alejarse del planeta se registra en 1940, con el proyecto de James Van Allen, que envió a una altura relativamente alta contadores Geiger, detectores de iones rápidos y de electrones, usando cohetes Aerobee y V2. Estos cohetes requerían de un gasto significativo de energía para elevarse; la técnica fue mejorada usando globos de altura además de unos cohetes pequeños. Los globos elevaban los equipos y luego de ubicarlos fuera de la atmósfera los cohetes eran encendidos por control remoto.

Transcurrió casi un siglo para que se pasara definitivamente de la ficción a la realidad, cuando, el 4 de octubre de 1957, el satélite ruso Sputnik 1 se ubica en órbita terrestre. Consistía en una esfera de aluminio de aproximadamente medio metro de diámetro y 83 kg. de peso, contentivo de dos medidores de temperatura y un medidor de electrones. Un mes después la perra Laika se convirtió en el primer ser vivo terrestre que los rusos consiguen poner en órbita, a bordo del Sputnik 2. Y el 12 de abril de 1961 el ruso Yuri Gagarin es puesto en órbita en el cohete Vostok 1; el vuelo solo duró108 minutos a una altitud de entre los 181 y los 327 kilómetros, convirtiéndose en el primer humano en llegar al espacio exterior.

Mientras, los EE.UU. iniciaba el proyecto Vanguard, el 1 de mayo de 1957, realizando un vuelo de prueba suborbital; luego sufren una seguidilla de fracasos que comienzan el 6 de diciembre de 1957 cuando explota el cohete Vanguard TV3 al ladearse en la lanzadera y caer sin lograr elevarse; fue un hecho estrepitoso trasmitido por la televisión. De once lanzamientos de cohetes Vanguard, solo tres tuvieron éxito.

En la primavera del año 1958 se funda la NASA con el objetivo, a corto plazo, de poner al hombre en la luna.

En el año 1959 comienza el programa ZOND III soviético, que intentaba colocar sondas no tripuladas en la luna. Logra alunizar la sonda LUNIK 2 el 12 de septiembre del mismo año. Es el primer alunizaje logrado.

Para el año 1963, luego de varios eventos realizados por parte de ambos naciones, la carrera espacial cambia de rumbo: el objetivo era colonizar la luna. Ese año la URSS coloca la primera mujer en el espacio, a Valentina Tereshkova.

El primer paseo por el espacio lo realizó Alexei Loenov en marzo de 1965, cuando abandonó la astronave Vosjod 2 usando un traje espacial.

En diciembre de 1965 los EE.UU. ponen en órbita al mismo tiempo las naves Gemini 6 y 7, en órbitas diferentes, con el objeto de encontrarse una con la otra. Estas naves tenían la capacidad de pilotearse solas. Al encuentro y acople en el espacio de estas dos naves se le llamó “La primera cita espacial”. Esta primera experiencia de maniobra automática de las naves se consideró fundamental para el posterior desarrollo de la llamada técnica de alunizaje con tripulación, y resultaba uno de los momentos más vistosos en imágenes de los viajes al espacio televisados.

Unos momentos críticos para la carrera espacial se vivieron en el año 1967. La primera en enero cuando, en un ensayo general en tierra, la nave Apolo se incendió causando la muerte de sus tripulantes. Luego en febrero la primera nave tipo Soyuz soviética lanzada al espacio, se estrelló al aterrizar muriendo su tripulante.

El 26 de octubre de 1968 se lanzó la Soyuz 3 que inauguró el plan orbital entorno a la tierra y el 21 de diciembre partió el Apolo 8 para orbitar en la luna con su tripulación.

La historia continúa con la polémica escena del alunizaje y primera pisada del humano sobre el suelo lunar. Transmitida en vivo al mundo y sepultada en la historia con la famosa, y no menos polémica frase del astronauta N. Armstrong al pisar la luna: “It’s one small step for [a] man, one giant leap for mankind” (Este es un pequeño paso para [un] hombre, un gran salto para la humanidad).

LA POLÍTICA EN LA LUNA

«Elegimos ir a la Luna» JFK

Hablar de un proyecto de viaje a la luna invita a pensar en un desarrollo científico con uso de alta tecnología. Hace imaginar laboratorios, ensayos y experimentos sofisticados; pone en la imaginación diseños de naves futuristas capaces de hacer cosas increíbles; y una inversión humana que supone la presencia del científico: ese personaje con bata blanca, manipulando instrumentos electrónicos, Pizarras, cuadernos y pantallas llenas de datos; un individuo que está normalmente retraído y aislado de todo lo que no sea lograr el objetivo del proyecto; es el corazón del proyecto, y convierte a éste en la razón de ser de su vida. Así debieron ser los personajes que diseñaron el primer viaje a la luna.

Pero un proyecto tan grande requiere del apoyo del Estado para su financiamiento, y de la presencia de otro personaje, no menos típico, que es el político, quien además se roba el “show”.

Kennedy dijo a la prensa en febrero de 1961 que estaba «muy decidido a no poner a un hombre en órbita y el hacerle correr riesgos desproporcionados”. Tal vez en ese momento lo veía como un proyecto científico y tecnológico, por supuesto sin valor político.

Tres meses después, el mismo Kennedy dijo estas palabras pseudo proféticas y lapidarias en su discurso del 25 de mayo de 1961 en el Congreso de los Estados Unidos de Norte América: «Nuestro país debe dedicarse enteramente a esta tarea: de enviar un hombre a la luna y volver a tierra con seguridad, antes de finales de esta década».

Estas opiniones antagónicas de Kennedy develaron su intención final de afectar el panorama político internacional, y poner a su favor el ambiente reinante en el mundo. En esos días se vivían los tiempos de la guerra fría entre EE.UU. y la URSS, las dos potencias mundiales que emergieron luego de la segunda guerra mundial. Fue un enfrentamiento indirecto, de alardes, que apuntaba siempre a hacer creer al mundo y al rival la supremacía propia, con el objeto de impregnarlo de miedo y persuadirlo de una agresión directa. La guerra fría fue un circo general que llego a todos los ámbitos del mundo y utilizó como punta de lanza la capacidad tecnológica y científica. Porque en ese momento histórico no era aceptable en la comunidad internacional otra guerra, ni el armamento nuclear, ni la colonización encubierta que se hacia en los países satélites. En cambio, el espacio exterior era el misterio más grande de la civilización, y un campo ideal para demostrar supremacía; razón por la cual se convirtió en frente de batalla de esta guerra y los políticos se convirtieron en protagonistas del hecho científico y tecnológico más importante de la historia, desplazando a los científicos.

Estados Unidos era históricamente la potencia mas desarrollada en cuanto a tecnología y además presentaba un crecimiento económico sostenido. Pero cuando Kennedy pronunció su discurso al congreso anunciando el envió del hombre a la luna, la Unión Soviética conseguía éxitos en su carrera espacial, como se lee arriba. Además estaba en el tapete de la política internacional el fracaso político y militar de la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba. El ego norteamericano estaba en caída. Estas fueron las razones que forzaron a Kennedy prometer lo imposible.

TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN

¿Llegó el Apolo 11 a la Luna?

Se llama “teoría de la conspiración” a la creencia y a las acusaciones que afirman que los alunizajes realizados en la luna por la NASA nunca ocurrieron o son falsos. La propuesta se sustenta en las supuestas evidencias de falsificación de imágenes que se observan en algunas de las fotografías del hecho, y en el incontrolable deseo que tenia el gobierno norteamericano en ganar la carrera espacial a los soviéticos, llevándolos a falsificar el viaje. A esta falsificación se le conoce también como el “Plan B”.

Las dudas sobre la veracidad del alunizaje aparecieron casi inmediatamente después que se vio por televisión. Se le atribuye el comienzo de estas dudas a unas escenas de la película de James Bond, “Diamonds Are Forever”, de 1971, en las que el actor Sean Connery irrumpe dentro de un estudio donde se estaba simulando y filmando el alunizaje del Apolo 11, insinuando que este fue falso.

Pero estas primeras dudas no tenían todavía una evidencia tangible; además para esos años los medios de comunicación eran muy controlados, lo que hacía más fácil engañar al público. Tampoco existía un medio de difusión masiva de información integral, con imágenes, voces, copias de documentos, como la Internet.

Luego de un tiempo (y por muchos años) de haberse insinuado la farsa, esta idea pasó a ser una curiosidad mas que una teoría en la opinión general. La primera exposición fundamentada con evidencias aparece en el libro titulado “Nunca fuimos a la luna” (1974) de Bill Kaysing. Este autor era un licenciado en literatura inglesa sin formación académica tecnológica, pero que, curiosamente, trabajó en la NASA desarrollando redacciones de informes técnicos.

La idea volvió tomar popularidad con la aparición de la película de ciencia ficción “Capricorn One” (1978), en la que se presenta a la NASA recreando un falso aterrizaje en Marte. Pero la opinión con mas popularidad es la expuesta por Ralph Rene en su libro “NASA Mooned America (La NASA alunó a EE.UU., 1992), que además ha permitido la formulación de dos tesis diferentes, como se explica a continuación:

1) El hombre no fue a la luna. Hipótesis del engaño. Se soporta en un análisis de factibilidad del viaje a la luna, escrito por Bill Kaysing, mientras trabajaba como redactor técnico en las misiones Apolo del año 1956 al 1963, en el Departamento de Publicaciones de Rocketdyne, que era contratado por la NASA. Las conclusiones mostraron que había un 0.0017 % de posibilidades de hacer el viaje con la tecnología disponible para la época. Lo que catalogaba de imposible su éxito. Según sus propias palabras: «Durante este tiempo la NASA realizó un estudio de viabilidad que indicó que sólo tenían un 0,0017 % de posibilidades de situar un hombre en la Luna y de devolverlo luego a Tierra». Después afirma que para el año 1969 era imposible realizar el viaje y conseguir dicho objetivo.

2) El hombre sí llego a la luna. Hipótesis del montaje. Supone que las imágenes y las comunicaciones eran de muy mala calidad, por lo que se decidió grabar una parodia en tierra para ilustrar el viaje. Otra hipótesis sobre esta misma teoría es la denomina hipótesis de la cuarentena; se sustenta en ciertos comentarios emitidos mientras se comunicaban los astronautas con las base de control en tierra, anunciando la vigilancia de OVNIS y en la suposición de que los astronautas encontraron y fotografiaron construcciones alienígenas en la luna y decidieron no mostrarlas a la opinión pública por razones de seguridad; otro argumento utilizado para sustentar esta tesis es la cuarentena a que fueron sometidos los astronautas luego de regresar, supuestamente para evitar el ingreso de organismos extraterrestres al planeta.

Con el desarrollo de la comunicación y la Internet, el público tuvo acceso directo a las evidencias mas contundentes que se disponen: las fotografías del Apolo 11, y los análisis y exposiciones desarrollados por sus defensores, además que se crearon foros internacionales debatiendo el asunto y agregando mas criterios para sustentarla.

La propuesta de la conspiración esta al alcance del mundo entero en Internet, nutriéndose de nuevos datos, ganado adeptos y más argumentos, pero también ganando detractores que, curiosamente, algunos de ellos son instituciones o personeros oficiales de instituciones del Estado norteamericano, pero no la NASA.

LA TECNOLOGIA DE LOS AÑOS SESENTA

LA TECNOLOGIA DE LOS AÑOS SESENTA

Según la opinión de varios científicos y estudiosos de la tecnología – haciendo una retrospectiva- para la década del sesenta no se disponía de un desarrollo tecnológico sofisticado, o por lo menos suficiente, para realizar un viaje a la luna con tripulantes, en las condiciones que se vieron por televisión.

El elemento tecnológico mas importante para realizar un viaje fuera del planeta es el ordenador de datos o computadora. La cantidad y la velocidad con que debe ser procesada la información necesaria para controlar un vuelo espacial no es posible manejarla con lápiz y papel, o con una calculadora. El control de los cohetes, de las condiciones de los habitáculos, los cálculos de trayectorias y demás son imposibles de determinar sin disponer de un instrumento que tenga más capacidad de memoria y que además pensara y actuara más rápido que el cerebro humano. Los ordenadores que existían para la época se colgaban demasiado y solo manejaban 64 kilobytes de memoria. El Módulo de Excursión Lunar del Apolo 11 que alunizó, tenía una computadora con una memoria RAM de 4 kilobytes y un «disco duro» de 74 kilobytes (algo así como la memoria que maneja una lavadora digital casera automática en la actualidad).

Según cálculos atribuidos al astrofísico John Mauldin, que trabajó en la NASA, atribuida también a unos científicos rusos (no identificados), y a Ralph René (uno de los defensores de la teoría conspiradora) se determinó que es necesario un escudo de uno a dos metros de grosor para proteger al astronauta contra las radiaciones de origen solar. La existencia de una tecnología incluida en los trajes capaz de proteger y sustituir un escudo de tal magnitud no existe aún en la actualidad. Por otro lado la nave no tenía paredes de ese grosor.

Estos son quizás los argumentos teóricos de mayor peso que poseen los defensores de la teoría de la conspiración (según el criterio del autor).

LAS PRUEBAS

Nunca fuimos a la Luna

Los alunizajes se han cuestionado en base a postulados científicos y técnicos de carácter teórico, y también analizando evidencias (fotos, videos, las características de las naves, etc.). Este doble frente hace más sustentable la creencia de la conspiración.

El postulado más interesante es el emitido por Bill Kaysing, indicado arriba, por ser considerado un estudio de factibilidad oficial.

Otro postulado – muy curioso- cuestiona el por qué no se envió en el primer viaje un telescopio a la luna, para aprovechar fotografiar las estrellas sin la interferencia de atmósfera. A pesar de los cientos de científicos involucrados, varios astrónomos entre ellos, a nadie se le ocurrió incluir uno, y lograr una observación ideal. Muchos años después se ha enviado a orbitar el telescopio Hubbel, para observar el cosmos sin dicha interferencia atmosférica.

Las evidencias que se obtienen de las imágenes también son bastantes; entre las observaciones más interesantes, por el hecho de no requerir análisis físico de la fotografía, están los trajes espaciales que se ven unidos por “cremalleras” o “cierres”. Sabiendo que eran trajes presurizados, que se suponía protegían de radiación y demás emanaciones solares, resulta simplista pensar que este tipo de unión era apta para un traje de alta tecnología. El agujero hecho con un alfiler sería más que suficiente para dañarlo.

Las fotos y vídeos más ilustrativos y más publicitados de esta odisea lunar son las que muestran la primera pisada del hombre en la luna, que además fue adornada por la famosa frase de Armstrong. Esa imagen es representativa el desarrollo de la civilización y del crecimiento espiritual humano: porque ese pie puesto fuera de nuestro medio natural, a una distancia mucho mas grande de la que podemos entender, nos hace mas que simples animales, y nos hace sentirnos capaces de cualquier cosa y, sobre todo, nos ubica en el cielo habitado por los dioses. Siendo más precisos, ubicó primero a los gringos en tal, luego al resto de la humanidad. Entonces resultaba importante y trascendente para la civilización tecnológica y su historia que se registrara y se publicara esta huella. Si la primera pisada se hubiese hecho sobre una roca inmarcable por la bota del astronauta, la alegoría triunfante no hubiese existido; y la historia no sería tan poética y enternecedora como nos resultan los patitos sin padres, sobrinos del pato Donald. Tenía que marcarse una huella…

La huella dejada por el astronauta se marca con mucha claridad. Con un peso de más de cien kilos (aquí en la tierra) es de suponer que hundir el polvo lunar y dibujar la suela de la bota era predecible, y por tanto la escena fue planificada y registrada detalladamente para la historia. Pero esta suposición se basa en la lógica terrestre; aquí en la tierra el polvo se aglutina gracias a la humedad, es decir, si pisamos polvo dejamos una huella porque la humedad presente en esta mantiene unidas las partículas de polvo; en la luna no existe la humedad, luego las pisadas se desvanecerían después de levantar la bota del suelo, porque el polvo no se mantendría unido.

El módulo lunar con más de 12 toneladas de peso en la luna (luego del gasto de combustible para descender) también debió dejar una huella en el suelo lunar. Pero las imágenes muestran el suelo y el polvo debajo de la tobera del módulo sin rastros de haber sido removido. La propulsión para el descenso debió aplicar una fuerza al suelo lunar igual o mayor a las 12 toneladas del peso del módulo abriéndole un cráter, removiendo todo el polvo y algunas rocas debajo de la tobera y en los alrededores, donde ocurrió la primera pisada… Es curioso además que en las fotos se ve el suelo lleno de polvo y con las huellas de los astronautas, de los equipos y de los vehículos; lo único que no marcó el suelo fue lo que se le aplicó con mayor fuerza: los gases de propulsión de la tobera.

Luego se puede nombrar la lista de detalles que se denuncian en las fotos y videos, como son: la bandera ondeando en el espacio (en el vacío absoluto, sin aire), las sombras no paralelas, las diferencias entre las fotos fijas y las tomas de videos realizadas a un mismo lugar o cosa, la ausencia de estrellas en las imágenes, entre una lista extensa.

LA NASA CONTRA ATACA

NASA

La indiferencia fue la primera posición que mostró la NASA ante las acusaciones.

Según algunos de sus miembros la NASA no ha suministrado suficiente evidencia para demostrar que si se alunizó, porque consideran indigno atender a esta duda. Pero el peso de la opinión pública hizo que en el año 2002 la NASA tomara posición ante las constantes acusaciones; encomendó al ingeniero espacial y periodista James Oberg para que publicara un libro defendiendo la veracidad de los alunizajes, pero a los pocos días desistieron del proyecto pensando que generarían una publicidad negativa, que le daría reconocimiento a la teoría de la conspiración. Sin embargo Oberg anunció que continuaría con el libro de manera independiente, analizando también en él los orígenes socioculturales de las teorías sobre conspiraciones. A la fecha de escrito este ensayo el libro aún no ha sido publicado.

Existen una serie de explicaciones y argumentos (bien desarrollados algunos) que defienden la veracidad del viaje; varios de estos argumentos han sido emitidos por personas allegadas a la NASA, pero no hay ninguno que corresponda a una posición oficial.

LUNA DE VERNE CONTRA LA LUNA DE ARMSTRONG. LA GRAN COINCIDENCIA

NEIL ARMSTRONG/JULIO VERNE

El libro de Verne “De la tierra a la luna” fue una sensación cuando se publicó. Es un relato rico en detalles, lleno de exactitudes en el que se cuenta el viaje de tres hombres hacia la luna y su regreso a la tierra. A pesar que a Verne se le considera un visionario, las coincidencias de su viaje a la luna con la travesía del Apolo 11 son impresionantes. Este hecho ha generado suspicacias tanto en los defensores de la teoría de la conspiración como en los detractractores, luego que las descubren.

La primera coincidencia aparece antes del viaje mismo: en la novela se hacen unos lanzamientos previos de cohetes con un gato y una ardilla. Los soviéticos y norteamericanos usaron chimpancés y perros en sus pruebas. El despegue narrado por Verne parece ser el del Apolo: “Una detonación espantosa, inaudita, sobrehumana, de la que no hay estruendo alguno que pueda dar la más débil idea, ni los estallidos del rayo, ni el estrépito de las erupciones, se produjo instantáneamente. Un haz inmenso de fuego salió de las entrañas de la Tierra, como de un cráter. El suelo se levantó y apenas hubo uno que otro espectador que pudiera entrever un instante el proyectil hendiendo victoriosamente el aire en medio de inflamados vapores…”

Veamos una comparación, neutral por demás, de ambos casos:

1) Proyecto.
APOLO: El objetivo, poner un hombre en la luna y traerlo de vuelta a tierra con vida.
VERNE: Determino que era factible el viaje a la luna y regresar.

2) Viajes de prueba.
APOLO: Colocaron en órbita animales para estudiar reacciones físicas (un chimpancé).
VERNE: Colocaron en órbita animales para estudiar reacciones físicas (un gato y una ardilla).

3) Lugar de lanzamiento.
APOLO: 28° 27” latitud norte; 80° 36” longitud oeste. Se estudiaron 7 sitios para realizar el lanzamiento entre Florida y Texas.
VERNE: 27° 07” latitud norte; 82° 09” longitud oeste. Se estudiaron 12 sitios para realizar el lanzamiento entre Florida y Texas.

4) Especificaciones de la nave que aluniza.
APOLO: Forma de cono. Longitud 3,65 m, peso 5.937 Kg. Paredes de aluminio de 30 cm.
VERNE: Forma de cono. Longitud 3,65 m, peso 5.345 Kg. Paredes de aluminio de 20 cm.

5) Velocidad alcanzada.
APOLO: 38.720 Km / hr.
VERNE: 40.000 Km / hr.

6) Tripulación.
APOLO: Tres astronautas.
VERNE: Tres astronautas.

7) Tiempo de viaje hasta alunizar.
APOLO: 83 horas.
VERNE: 97 horas.

8) Lugar de alunizaje.
APOLO: Mar de la tranquilidad.
VERNE: Mar de la tranquilidad.

9) Retorno a tierra.
APOLO: Amerizaje en el océano Pacifico. 08° 10” latitud norte y 165° 00” longitud oeste.
VERNE: Amerizaje en el océano Pacífico. 20° 07” latitud norte y 118° 39” longitud oeste.

10) Rescate de la tripulación.
APOLO: Con el buque de la Marina de Estados Unidos “Hornet”.
VERNE: Con el buque de la Marina de Estados Unidos “Susquehanna”.

A esta exposición de similitudes le sobra cualquier comentario.

DE VUELTA A LA REALIDAD

Pruebas del viaje de Colón vs Pruebas del viaje del Apolo 11

Cuando Colón se tropezó con América necesito un viaje de retorno cargado con indios, loros, cocos y oro, para que se hiciera –primero- cierta y –luego- valiosa su hazaña; además tuvo que narrar la historia y defenderla ante sus depredadores con los argumentos y las pruebas tangibles, palpables y reales que trajo; y le recargó a todas estas pruebas el ego del descubridor.

Los astronautas tuvieron una señal en vivo que entró, a través de las pantallas de televisión, a las casas y a la realidad de quien lo vio. Además los adultos con su asombro les ratificaban a los niños lo cierto del viaje, y se registro el hecho en todos los textos escolares. La prensa más respetable del mundo (la gringa) cubrió el evento con pomposidad, seguida por los periódicos y revistas de los demás países, cubriendo portadas y primeras planas de una manera sin precedentes. Luego llenaron de conferencias las universidades y los programas televisivos, contando su hazaña (no demostrándola).

De este viaje solo trajeron piedras (que nadie vio) y unas imágenes que hoy son cuestionadas. Pero también se trajeron el ego de ser los primeros; y vertieron en la sociedad la implícita sumisión de la humanidad ante el derroche de tecnología que mostraron al mundo.

Esa parafernalia con ese parapeto tecnológico se convirtió después en cohetes de juguetes, en astronautas de caucho, en películas sobre el espacio exterior y luego en videojuegos que hacían protagonista de un imposible a quien lo jugaba.

Tal vez el oro de esta odisea (comparable con la de Colón) se diluyó en su mentira y en la competencia política por ser los mejores a toda costa, generando la duda.

Salir del mundo y generar esta polémica junto con el espectáculo, intrascendente a las necesidades sociales, parece mas una necedad que un logro, conociendo el sinfín de necesidades que se pueden subsanar investigando el universo interno que tiene el planeta, como la microbiología, la medicina atómica o el mundo celular. Investigaciones que requerirían de una tecnología tan suntuosa como la mostrada en la luna pero que ayudarían a salvar vidas aquí en la tierra y a preservar el medio ambiente. Pero quizás resulta mas vistoso salir del mundo con el estruendo de un cohete y vestido con trajes tecnológicos, que manipular con los dedos un equipo o una máquina, vestido con una bata sentado en un escritorio, mientras se descubre el micromundo.

LOS LOGROS

USA y CHINA en la Luna

Lo tangible de toda esta incertidumbre es que la luna dejó de ser lo que fue después que, supuestamente, se conquistó. Antes de ello pertenecía a nuestro entorno, a nuestras historias, a la noche humana; pero con la zaga del Apolo, la luna pasó a formar parte del “espacio sideral”. Dejamos de asociarla a una noche romántica para mezclarla con la oscuridad del cosmos de los asteroides y las radiaciones. Olvidamos a la luna escrita en las poesías y la convertimos en una inexplicable maraña de cálculos y aproximaciones numéricas.

La luna dejó de ser una fantasía visible, palpable con los ojos, omnipresente en nuestras vidas, para convertirse en el útil de una tecnología de punta, como salida de la ciencia ficción, que no comprendíamos, que estaba absolutamente ajena a nuestras posibilidades y que era propiedad de la sociedad más arrogante del mundo.

El terror romántico que la luna llena traía con sus hombres lobos y sus vampiros se convirtió en la incertidumbre científica por explicar los avistamientos de ovnis. Sencillamente la luna nos abandonó cuando fue conquistada…

La duda sobre la autenticidad del viaje le resta mas valores a la pomposa trascendencia que se le atribuyó en un principio. Las explicaciones científicas y pseudo científicas del hecho contrastan con la manera de entender del hombre común. Porque con solo enterarnos que se duda de que realmente estuvimos en la luna, se nos revuelve nuestra manera de asimilar la ciencia: esa fortaleza donde habitan las verdades sustentadas y demostrables. Por un momento pensamos que al llegar al cielo le estabamos acariciando el talón de Aquiles al propio creador y con un poco mas de esfuerzo nos sentaríamos a su diestra, vivos, con la misma vida que regresaban los astronautas y cosmonautas de ese espacio; y no después de la muerte, como lo pregonan las religiones.

Si se hace una búsqueda somera y rápida, que muestre – sin muchos vericuetos- qué beneficios le trajo a la sociedad la conquista de la luna, no se encuentra nada tangible. La luna y sus viajes siguen allí plantados como un cuadro costoso colgado en la pared; o como las películas de “La guerra de las Galaxia”: impresionantes, nos asombraron y esperamos que hagan otro capitulo actualizado… pero nada más.

Osiris R. Betancourt Bruges

VIEJA LUNA. Tito Rodriguez

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