Opinión

«Un Gran talento, un gran criterio y una gran memoria» Por Gabriel Camejo Zavala (+)

Fué José Ramón Camejo Farbós un abogado de exepcional relieve intelectual. Estudió leyes porque creyó en ellas como resortes precisos y urgentes para los fines de la justicia y la paz. Uno de sus profesores universitarios comentaba que habían en el curso cuatro alumnos destacados: Cabrera Malo, un gran talento, Juan Bautista Bance, un gran criterio, Guzmán Alfaro, una gran memoria y Camejo Farbós, un gran talento, un gran criterio y una gran memoria, es decir, todo.

José Ramón Camejo Farbós (1.868-1.950)

El derecho y la justicia que lo inspira, decía Camejo Farbós, tienen el sentido y el alcance de lo que debe hacerse conforme a la razón, que es un concepto que llega hasta el individuo y lo desborda, y por tal motivo, aceptó la definición según la cual el derecho es la norma que rige sin torcerse hacia ningún lado, la vida de las personas, para hacer posible la coexistencia pacífica de la sociedad.

Fué un abogado motivado por la idea central de que la abogacía constituye una ardua misión confiada en la sociedad como una herramienta indispensable para su defensa. También aseguraba que la abogacía ejercida con hombría de bien, con integridad y rectitud de ánimo, ocupa un dilatado campo donde se afirma el equilibrio armónico que debe existir entre la función del establecimiento institucional y la seguridad de las personas y de los bienes.

Pensaba, con acierto digno de imitación, que el abogado era un guardián y un defensor de las causas que se le confían. Jamás el picapleitos enredador ni el juez prevaricador que trafica con la justicia.

Supo vencer la resistencia, que ofrecía a su valerosa empresa, la hostilidad del medio frente a su decisión de orientar y educar a las jóvenes generaciones. En este sentido, fué un adelantado con la clara noción de que educar no es solo procurar el desarrollo nacional de las aptitudes y tendencias innatas del hombre, sino hallar la manera de estimularlas y adaptarlas, en forma concertada, para vincularlas al grupo social en que ellas se manifiestan.

Cada caso o problema de importancia jurídica lo estudiaba y profundizaba, desde su origen hasta sus últimas consecuencias, por sencillo que pareciera. Insistía en buscar el sentido de la norma y en desentrañar su espíritu y sus fines, empleando los mecanismos de la exégesis (interpretación) para conocer la inteligencia de la ley, atribuyendo a esta el sentido que parece evidente del significado propio de las palabras, según la conexión de ellas entre sí y la intención del legislador.

Su Ciudad Bolivar Natal (1.868)

Con profundidad de pensamiento y verbo exquisito habló de las fórmulas del integracionismo (no satisfechas hasta hoy), de la estrategia bolivariana del Congreso Anfictiónico, de la sociedad de las naciones  que nace del tratado de Versalles, después de la Primera Guerra Mundial, de la independencia política y la integridad territorial de los estados, como exigencias categóricas de la paz mundial.

De las intervenciones públicas del querido maestro José Ramón Camejo Farbós no pudo guardarse versión escrita, hechas como siempre con inteligencia, sobriedad y severo juicio. Nunca fué mezquino con sus conocimientos y virtudes que atesoraba su talento. Su generosa humanidad se prodigaba a manos llenas con el fruto de sus facultades y aptitudes. Creyó en la función sobresaliente de la justicia como elemento esencial de la conducta humana.

El doctor Camejo Farbós, tenía en la esencia del positismo jurídico, el mas acentrado juicio sobre la idea pura del derecho (sin perder el vínculo trascendente del derecho natural de Agustín de Hipona). Y esto me hace pensar que no puede ejercer el derecho, ni como magistrado ni como profesional activo, el que con malas artes persigue nada más que una injustificada retribución, en cuyo logro, para nada intervienen ni la ética ni la ciencia.

Contaba mi padre, Gabriel Vicente Camejo Armas (su hijo), que un día una pareja de esposos en disputa marital, acudió al doctor Camejo Farbós para que intermediara profesionalmente en su divorcio, terminando estos, después que el noble abogado les hablara de que «era mejor sumar que restar», reconciliados y repotenciando su relación. Por ello el doctor Camejo Farbós no cobró honorario alguno, recibiendo en gratitud una gallina.

Jose Ramón Camejo Farbós fué un hombre tallado en la humildad de su honorable pobreza y en la pureza insobornable de su decoro personal. Un hombre que por su condición intelectual y humana resulta insustituible. La muerte de un maestro auténtico constituye siempre la pérdida de un bien invalorable que pertenece a la juventud y al porvenir. Manejaba el idioma con elegancia y tenía el peculiar estilo de jugar al retruécano, invirtiendo correctamente los términos de sus frases y proposiciones. Desde la primaria tuvo el especial esmero de enseñar el uso cabal de las palabras, estudiando a Bello y la Academia en forma comparada, desde los signos incipientes hasta los elementos morfológicos relativos a la sintaxis, prosodia y ortografía. Suya es esta frase: «No se puede dar lo que no se tiene y menos a quien no pide porque no quiere tener»

Gabriel Camejo Zavala (Escrito en 1.998)

2 Comentarios

  • Miguel Alberto Zurita Sánchez

    ¡Sin ofender a nadie!.
    ¡Como tengo la posibilidad de hacer unas preguntas, las voy a hacer, en este caso al Abogado Camejo Farbós! A Usted que desde hace mucho tiempo, comparte con otros ilustres colegas suyos, lugares a los cuales no tengo acceso ni forma de comunicarme, pregunto ¿En qué momento los valores, la moral y la ética, cambiaron y pasaron a ser su antítesis? Si la escuela de leyes, es la misma en esencia,¿Quién cambió a los maestros? o ¿Por qué cambiaron? Si a Usted, Doctor Camejo Farbós, lo enseñaron y Usted enseñó, ¿Cómo pudo haberse roto esa cadena, de buena formación y buena escuela? ¿Desde cuándo empezó a deshumanizarse, el derecho en este país y a razón de qué?
    No digo, que todos son copartícipes y cogeneradores de la miseria , porque no lo son y, por tanto, no los puedo meter a todos, en el mismo saco, sólo espero, que algún día, me ayude a aclarar, para entender el por qué, de tanta miseria, Doctor Camejo Farbós, ese día recibirá, en gratitud, otra gallina..

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